Sereno de luna


La gran ciudad de la luna enciende todas sus luces cuando llega la noche. Por la mañana el sereno apaga las farolas y su brillo languidece. Con su velo caído, abandona el cielo amenazada por un sol brillante que emerge cual rey con su corona dorada. Un ejército de nubes blancas la arrastra como presa innoble y derrotada. Avergonzada, humillada, sale del horizonte por la puerta trasera.

Creemos que las estaciones se repiten

 Creemos que las estaciones se repiten,
que los años se suceden,
que la vida pasa,
pero somos nosotros los que vamos rodando
por ella, cubriéndonos de polvo,
hierba, guijarros, pétalos de flores
y pequeños insectos que proliferan,
sembrando la piel con sus larvas
y, poco a poco, descomponiéndola.
Fugaz se fue la juventud,
 como un rayo dibuja el firmamento
con su luz intensa y efímera.
Despertad de vuestro letargo
mientras el espíritu bulle
como el agua hirviendo,
sentid el pálpito de la tierra,
contagiaros de su vida.
¡Cuánto gozo al caer la lluvia
que, como venas, recorre los territorios!
Somos parte de ese cuerpo,
siempre cambiante y vivo.
Somos sus extremidades
y. desmembrados de él,
nos faltará algo de nosotros mismos.

Campos de soledad


Es la noche de los cánticos rotos,
a la espera de los ecos endemoniados
de los muros oscuros de esta prisión
¿Puede una extensión más grande
ser el yugo de unas alas cercenadas?
¿Puede, acaso, ser el infinito
la soledad más inmensa?

Me pregunto

 Me pregunto de dónde sale esta apatía
que se hace en mi garganta una bola,
plomo en mis zapatos,
muro en mi ventana.

Tener miedo a la muerte

 Tener miedo a la muerte,
no sólo a su presencia
sino a su osadía,
el descaro de mirarnos a la cara
sin permitirnos la defensa.
No te permite el disimulo
y quedan sin amparo
tus defectos y debilidades
al escrutinio ajeno.
Muestra con obsceno dominio
tus cajones desordenados,
las bragas en el cesto de la ropa sucia,
el polvo en los muebles, acumulado
el óxido y la humedad en las paredes
y, en el cabecero de la cama,
la mancha clandestina,
la vergüenza de quedar al descubierto
lo que con celo guardabas oculto.
Vendrán extraños a hurgar en tus cosas,
percibirán tus olores más íntimos
y, aunque ya no importen tales cuestiones,
cuestionarán tus costumbres
desaprobando con prejuicios
tus pequeñas razones.
Descubrirán tu cuerpo desnudo,
ese que cubres hoy con tanto empeño
y aquello que tus abandonos abriga
la abyecta perfección que la vida reclama.

El aire

El aire revuelve el cabello,
agita las hojas y las olas del mar,
levanta la falda libre de fronteras.
La libertad se asoma.
El aire barre las calles y junta en los rincones
la arena de la playa,
mece en el vacío del cielo
a las ingrávidas gaviotas.
El aire salado limpia mi cara
y con sus suaves dedos
sujeta las dulces alas de la memoria.
El aire recorre la piel bajo las ropas
y un escalofrío despierta algún fantasma.
La vida parecía más vida entonces, piensas,
aunque la historia tatuada en tu cuerpo
tenga la última palabra.
El aire sube montañas y salva puentes
acaricia y juega con las cometas,
germen de las palabras y los suspiros,
niño revoltoso que agita todo lo que toca.
El aire silva entre los resquicios de las ventanas,
cierra puertas y esparce fragancias,
gime y reclama el calor del hogar,
busca el regazo que calme su apetito
y una vez satisfecho duerme,
entre las sábanas de la atmósfera.

Soy reo de una habitación con ventana

 Soy reo de una habitación con ventana
donde quedan constreñidas las ilusiones
a los límites que alcanza la vista.
Salir de aquella cárcel,
su herrumbrosa carcasa
no aguanta nada más que esta tumba.

Soy ancla de un viejo barco
que quedó abandonado en el muelle,
soportando el mismo paisaje,
expuesto al vaivén de las olas con el viento
que sueña ser llevado a la deriva.
El tiempo acabará
devorándome las entrañas,
convertido en comida de peces.

Del pasado, estos recuerdos



Ahí está el cementerio del pasado
con sepulcros llenos de coronas y flores secas.
Todo está muerto,
sólo apuntan al cielo los cipreses.
Cubre las tumbas un polvo de años,
la huella tozuda que resquebraja.
En la piedra con las continuas lluvias
apenas quedan una fecha y un nombre
tatuados sobre la lápida,
la mínima concesión para toda una vida,
un mar que se va secando
y deja pequeñas lagunas
sobre la arena
mantenidas a fuerza de saliva y llanto.
El recuerdo las hace fuente, pozo, cieno.

Llegaré a casa de noche

Llegaré a casa de noche,
mi padre estará ya acostado,
tiene que levantarse a las seis
y no volverá hasta las ocho.
Sentada en el sofá estará mi madre,
viendo un programa en la tele
de esos donde todos gritan
y destilan veneno unos contra otros.
La saludaré y me contestará sin mirar,
no apartará la atención de la pantalla.
Entonces me preguntará, ¿has comido?
Tienes en el frigo algo de pollo.
No tengo hambre, le contestaré
y me quedaré en silencio a su lado.
Las palabras se ausentan,
los gestos se reprimen,
la verdad encarcelada es todo dolor.
No sé si ella piensa o siente
mientras vive los problemas ajenos.
Callaré y la observaré,
qué mayor y cuánto abandono.
Siento todo su fracaso y soledad,
cómo decirle ahora mi pecado.
Entre los anuncios su interés se despertará
y me dirá, ¿qué tal te ha ido, cariño?
Bien, mamá. Como de costumbre.
Mejor me voy a acostar ya,
he tenido un día muy duro.
Un beso
y toda la oscuridad para llorar.


AEIOU


Cama, sueñas, lavas prendas, duela o no duela, la certeza temas, la realidad cansa. Tragas arenas y piedras que atenta tu coraza. Quema, hiela, tiembla, la verdad amenaza. Camina la hormiga, murmura y calla. Ahora revientas o escapas

Vienen temibles huracanes que en el valle hacen crecer flores silvestres. Amen sus voces los tristes, canten cantares dolientes. Vive, huele la sangre de fauces que escupen pestes. Serpientes, sales, hieles, cristales, mares de muerte.

Senil rey, aprendiz de Caín, arlequín panoli e imbécil, Cid débil, rocín sin pedigrí ni crin. Allí París, violín gris, serrín fértil. Vil carmín de hollín, gin de orín, jardín de jazmín lapislázuli. Batir y digerir epiglotis, artritis y sinapsis. Ay, mi dermis de lis y tarquín. Hoy dormir, fingir sin huir, aquí en mi cenit ni veril ni carril conseguí pi, descubrí la raíz y mil por mil dividí. Análisis de hipótesis y matriz, sustituí sin x la Y. Vencí y perdí. Reí, herí, mentí. Si, existí y al fin, morí.

Hondo peso, vuelo dormido. Alado viento de otoño, os traigo lirios y poso negro. Oscuro hedor de trapos sucios, otro anhelo guardó su reposo. Lánguidos ocasos murió en tus ojos. Oro de sol donó color a tus labios. Oh, amor, no encuentro silencio ni gozo. Enero llegó frío, espero ansioso el olor a yodo del cálido verano.

Tú, ¡gandul!, hindú de tribu en esclavitud, cucú en iglú de bambú. Espíritu azul versus ímpetu de luz. Tutú y canesú, runrún de miaus y guaus con laúd de tul. Latitud y amplitud, lapsus. Su menú haiku, yogur y vermut. Aún tabú, súmmum estatus.

La trampa que la vida

 La trampa que la vida
nos tiende a cada paso
ata nuestros brazos y piernas
y nos deja boqueando como pez
fuera del agua.
¡Que un alma caritativa
nos devuelva al océano!
Una mano que nos recoja de la red
y nos lance a nuestro medio
con el anzuelo en el estómago.

Qué puedo hacer si mis ojos

 Qué puedo hacer si mis ojos
no distinguen el mismo brillo
en los colores,
si mis oídos no escuchan los sonidos
con la sutiliza de antes.
Cómo evitar ver este nuevo mundo
con sentidos contrarios.
Quizás los argumentos elaborados
al paso de lo cotidianos días
y sus múltiples aprendizajes
equilibren y pongan en su sitio
estos desajustes,
las disonancias que se encuentran
entre los límites,
los reflejos aletargados,
la sima en las creencias,
la piel que se eriza ante el frío
y su tibieza en el deseo.
Desciende su ímpetu
con la gravedad río abajo,
agarrado cada vez más
a la tierra que lo acoge
con sus brazos abiertos,
ansiosa de nuestros despojos
para hacer fértil la existencia.

El guerrero de acero

 El guerrero de acero
clava su espada sobre la tierra,
abre llagas profundas,
llora esquirlas pétreas,
inclemente alabarda que atraviesa
y rompe su corazón en mil pedazos.
Sobre un charco de minerales
yacen cadáveres de pasadas batallas.
¿Cómo decir entonces
que las piedras no sienten?