No soy aquella niña que ya se fue.
Busco en este cuerpo
la mujer que de ella vino
y que el tiempo trasforma
tejiendo hilos de aire.
Enhebro la aguja con palabras,
procuro hallar salida
en este laberinto,
me protejo de mis miedos
que se rinden o me vencen,
según la batalla.
Sé mi nombre y mis años
aunque ambos de mí no salieron,
así me lo contaron y a ciegas lo creí.
Lo demás es invento de mi memoria
y de hechos puntuales
de una objetividad dudosa.
Mi reflejo se confunde
en un espejo de mil caras.
Dejaré de existir sin saber quién soy,
porque llegar a ser
son palabras mayores
que no caben en mi boca.
Vienen de un Dios extranjero
con el que hablo por señas
y no muestra el plano
de un camino lleno de trampas.
Transeúnte
por un paisaje de calendario
No soy aquella niña que ya se fue
Acostumbrados al punto y seguido
Acostumbrados al punto y seguido,
al mismo paisaje al abrir la ventana-
Una hora trae otra hora,
un mañana de la mano del hoy,
una semana tras semana dejó un mes,
sus estaciones y prometidas fiestas.
Un año y otro que al anterior nos recuerda.
Creemos que se parecen
como dos gotas de agua
y entremedio la vida pasa en su caudal,
tan distinta cada segundo.
Sobre las líneas del rostro
Sobre las líneas del rostro
las células de este edificio hacen reforma.
Destruyen tabiques, levantan cimientos,
cargan vigas de peso con pertenencias acumuladas.
Bajo la piel la carne macera
Bajo la piel la carne macera
su decadencia
y el tiempo cronológico envejece.
Fresca nuestra conciencia de identidad
se conserva
igual de ingenua que nuestras mentiras.
El mismo afán por llegar a ser
lo que ya somos.
Sentimos que la luz es más líquida
Sentimos que la luz es más líquida
y frágil la llama.
Sin embargo, si la razón nos asiste,
¿no es cierto que es más brillante su claridad?
Los días parecen punta de lápiz
Los días parecen punta de lápiz,
que escribe letras, construye párrafos,
dibuja, juega, hace garabatos.
La mina se gasta y afilas la madera
y otra punta aparece.
El lápiz se hace cada vez más pequeño,
aunque aún escribe,
y cuesta sacarle punta en tan corto margen.
El lápiz huele bien, a recuerdos,
es funcional y generoso,
ofrece el perfil de sus trazos.
El día acaba, nuestra mirada
puesta sobre el papel
mientras la cabeza divaga
entre varias posibilidades.
La mano se detiene
los pensamientos fluctúan
traen restos del ayer,
lo inmediato del presente,
sueños y miedos,
promesas y pesadillas
y la hoja del día se rellena,
deja huecos entre dibujos
y palabras.
Vacías líneas de silencios,
en sus orillas una calma resignada
y algún olvido entre fragmentos sueltos.
Arrepentimientos que no borran la goma
dejan la sombra de su mancha.
Distraídos aburrimientos siembran
figuras aleatorias
y queda siempre una enlazada duda
al pasar la página.
Por qué haces tan difícil
Por qué haces tan difícil
reconciliar día y noche,
querer y poder,
sentimiento y acto
ser y sus conjugaciones.
Por qué el deseo muere
con tan solo nombrarlo,
el arrepentimiento llega
siempre demasiado tarde
y al presente se le hace
tan duro trago el mañana.
La ola estira sus brazos
La ola estira sus brazos
para alcanzar la orilla.
Es su borde de espuma
y su melena transparente.
Llegó lenta y suave,
rendidas sus fuerzas regresó al mar
que la acoge y la aprieta,
la envuelve y la devuelve
en un continuo rodar.
En ella infinitas gotas
de la misma agua,
de la misma sal.
Quizá más brava o más dócil.
Tirabuzones y encajes de blanco hilo,
revolviendo piedras, algas y arena
calmada, vencida, no descansa,
sigue su vaivén.
Este prisionero se siente libre
Este prisionero se siente libre,
aunque unos digan,
¡qué martirio estar en esa cárcel!
Y otros, ¿por qué no huye de su condena?
Él no atiende a esas voces,
es feliz siendo náufrago.
En su isla guarda su tesoro
lejos de otras cadenas.
Muchos murmuran, está loco
otros le gritan, ¡será su muerte!
No entienden la raíz que lo sujeta.
La sombra bajo ese árbol
es más fresca y clara,
los cuervos menos negros
y pequeño el paisaje de fuera
frente al inmenso mundo
entre esas paredes.
Por qué ahora cruzan por este cielo
¿Por qué ahora cruzan por este cielo
todas las nubes?
Ha cubierto el sol con su manto
dejando el rastro profundo
y oscuro del miedo.
Adorado es el estío
Adorado es el estío
para los sueños humanos,
deleite de una fruta
que imaginamos jugosa.
Un deseo hecho de memorias,
un cuento para críos
de promesas ingenuas.
Serán los años, quizá,
la sabiduría o la desgana
que encuentra insípida su carne,
blanda con larvas de moscas,
de podridas semillas
envuelta en lustrosa piel.
Esta falsa manzana que Adán
tomó de la serpiente
no satisface a esta Eva.
Luchan estas dos pasiones
Luchan estas dos pasiones
de la misma diosa,
que desea abandonar el mito,
la leyenda, la orden de los hombres,
la ley de la tierra.
Lucha sin arma el ser que busca
en qué equilibrio poner su balanza,
sobre un plato agua
sobre el otro, una boca seca.
Sobre la piedra magullada por el tiempo
Sobre la piedra magullada por el tiempo
se ha posado un mirlo
y anuncia su presencia
con su silbido corto y agudo.
La mañana se viste
con prendas de un sol ardiente
que amenaza con ser más firmes
y lacerantes sus espadas.
Las horas nos atraviesan
con sus pesadas agujas
en una sala de hospital
donde la gente espera con paciencia.
No llamarán por su nombre,
el mirlo con sonoro reclamo
anuncia el turno siguiente.
Aparece una letra seguida
de tres números.
Hacia la consulta siete se dirige
el sujeto incógnito.