Soy porque recuerdo y porque sueño.
Uno sin el otro no existe,
uno con el otro nos inventa.
Transeúnte
por un paisaje de calendario
Soy porque recuerdo y porque sueño
Va el caminante por la ribera del río
Va el caminante por la ribera del río
iluminado por farolas.
Le acompaña su sombra
ella va por delante,
guiando sus pasos.
Se acerca un tramo ceñido de noche
y su sombra va desapareciendo
mientras se adentra en aquella oscuridad profunda.
El caminante la busca y no la encuentra,
solo y perdido va el caminante
sin rastro de luz,
tragado por todas las sombras.
Pasaron los días
Pasaron los días,
perdían parte de los objetos
y con ellos el espacio que ocupaban.
Vaciaba el aire de su calor,
de la luz que emanaban.
Pasaban las horas devorando
cada día y semana,
las pocas que componían el equipaje
para la ida.
Rodaban por las escaleras los minutos
y los segundos se apretujaban
aún entre las sábanas, sobre el sofá,
dentro de los vasos de agua ,
siempre dispuestos en la mesa
y en las toallas aún colgadas en la percha
del baño.
Cuando llegábamos a casa
después de una ausencia,
al abrir la puerta y entrar de lleno
entre los huecos ,
cuánto abandono encontrábamos,
qué triste se volvía aquel refugio
donde sentíamos antaño su abrazo
entre las moradas paredes
frente a su sublime horizonte.
El corazón ya presentía la oscuridad
del laberinto del olvido
por donde se perderían
a pesar de la obstinación
de sus imágenes:
seguir latiendo al fondo de tus ojos,
sembrando entre esos jirones de niebla
el germen de dolor de su recuerdo
la vida que se perpetua en un cadáver.
Oscuro como un cielo cubierto de nubes
Oscuro como un cielo cubierto de nubes,
oscuro como es la cromática paleta
de los errores,
oscuro como el árbol en la noche.
Oscura mi sombra, la del perro y el amo,
la del viejo y la del niño,
de la hormiga y el gigante
y la sombra de una sombra.
No tengo el tema, tengo la inquietud
No tengo el tema, tengo la inquietud
y las palabras no entienden
su difuminada estructura.
Reduzco, meto en el redil
este confuso rebaño
y hago recuento de negras y blancas.
Distingo la claridad de lo oscuro.
Este reflejo se vuelve turbio
Este reflejo se vuelve turbio,
la voz de un repetido discurso,
palabras con distinto ritmo,
pasa de la melodía tibia
a la sinfonía dramática
con notas desafinadas.
Del nombre queda solo su sonido
irreconocible la sustancia que lo habita,
el envoltorio vacío con la forma
de lo que contuvo.
Y sin embargo, los ojos apenas recuerdan
la epifanía de su brillo,
se obstina la memoria
con lo que nunca se olvida,
eco hueco del sólido verbo.
La ausencia del cuerpo por su sombra,
la angustia del corazón,
la huidiza imagen
borran la huella de los sueños
y van los pies uno tras otro
llevados por el camino.
Sostiene entre las manos
la nada abandonada por los días,
los contornos difuminados
como deshilachado humo,
cenizas sueltas del tronco
que ardió en un fuego.
Volver donde fuimos infelices
Volver donde fuimos infelices,
a la plaza desierta,
a la fuente dulce,
al deseado invierno ,
a las largas noches,
a la impertinencia de las horas,
a la silueta de los muros,
a la magia de su templo,
a la belleza santificada
y a las profanas deidades.
Volver donde fue el sueño
y su desvelo
porque esto es la vida,
volver siempre donde fuimos infelices
y a ratos dichosos.
En sus entrañas tejen mañanas
En sus entrañas tejen mañanas,
guardan memoria y buscan
entre los olvidos del presente
sus ayeres para el ocaso.
Este árbol con su tronco
doblegado por el viento
creció con agua y sol,
bañado de días, mojado por recuerdos,
acompañado por su sombra.
Ni en las madrugadas descansa su tormento
Ni en las madrugadas descansa su tormento.
Su marea es un hilo tenso
que solo en la noche
se afloja
y queda suspendida la esperanza
unos segundos
para caer herida de muerte
al precipicio.
En perpetuo desvelo está el alma,
navega frágil sobre este embravecido océano.
Breve fueron los instantes
de silencio etéreo
y vuelve la espesa tormenta
con su rugir de truenos.
Al alba se sueltan los locos
a su infierno cotidiano,
salen de sus lechos
los fantasmas insomnes
y dibujan frente al espejo
la máscara
del personaje
para salir a escena.
Eres secreto para mis ojos
Eres secreto para mis ojos
y mi entender.
Me llegan palabras sueltas
de tu entelequia.
Difícil de hacer cifra, la perfecta fórmula.
Y sin embargo, algo de sus sonidos
acarician mi alma,
la calman en sus delirios,
me abrazan en los miedos
y encuentro la pausa que separa,
la vocal que completa,
la grafía que crea y une,
la silueta armoniosa
sobre el lienzo blanco,
el papel vacío
con ansias de la llave que abra
la tapa de ese cofre cerrado
y surja ante nuestra mirada
el resplandor de sus riquezas.
Igual que el ánimo
Igual que el ánimo,
la tierra enflaquece,
se le pone el rostro apagado,
triste y árida la sonrisa,
la mirada melancólica
la voz enmudecida,
la palabra agrietada,
la boca seca,
las manos abiertas y vacías.
Y el alma anhelante,
clama al cielo
bondad y compasión.
Y a ratos improvisa
un milagro.
Entre ese bosquecillo de pinos
Entre ese bosquecillo de pinos
cantan los pájaros que no escucho.
Hacen nidos en sus copas
y en sus ramas se esconden y cobijan.
Hace frío en esta mañana
y los álamos están desnudos,
se agrupan sobre la ribera del río
donde mueren sus ramas.
La tierra desierta de humana vida
bulle de seres insignificantes
en su trajín de rutinas y lucha
por el alimento.
A trozos, un grupo de casas de piedra
y tejados de barro cocido
se hace uno con el paisaje.
Siempre hay una torre con su campanario
marcando los hábitos
de sus habitantes
y su respiración.
Hoy vuelvo a encender el radiador
Hoy vuelvo a encender el radiador
después de un largo verano.
Expande el polvo acumulado
de aquel hogar perdido para siempre.
Aspiro sus partículas como cenizas
de un amado cuerpo.
Aquello despreciado es hoy un dulce
recuerdo del ayer.
Los restos de la nave hundida
guardan aún más intensa su imagen
flotando en mi corazón.
Es la magia etérea de las cosas.
Surcaron los cotidianos mares,
clandestino barco cargado de tesoros,
de algunos desengaños,
y un dolor sin olvido.