Por qué haces tan difícil

 Por qué haces tan difícil
reconciliar día y noche,
querer y poder,
sentimiento y acto
ser y sus conjugaciones.
Por qué el deseo muere
con tan solo nombrarlo,
el arrepentimiento llega
siempre demasiado tarde
y al presente se le hace
tan duro trago el mañana.

La ola estira sus brazos

 La ola estira sus brazos
para alcanzar la orilla.
Es su borde de espuma
y su melena transparente. 
Llegó lenta y suave,
rendidas sus fuerzas regresó al mar
que la acoge y la aprieta,
la envuelve y la devuelve
en un continuo rodar.
En ella infinitas gotas
de la misma agua,
de la misma sal.
Quizá más brava o más dócil.
Tirabuzones y encajes de blanco hilo,
revolviendo piedras, algas y arena 
calmada, vencida, no descansa,
sigue su vaivén.

Este prisionero se siente libre

 Este prisionero se siente libre,
aunque unos digan,
¡qué martirio estar en esa cárcel!
Y otros, ¿por qué no huye de su condena?
Él no atiende a esas voces,
es feliz siendo náufrago.
En su isla guarda su tesoro
lejos de otras cadenas.
Muchos murmuran, está loco
otros le gritan, ¡será su muerte! 
No entienden la raíz que lo sujeta.
La sombra bajo ese árbol
es más fresca y clara,
los cuervos menos negros
y pequeño el paisaje de fuera
frente al inmenso mundo
entre esas paredes.

Por qué ahora cruzan por este cielo

 ¿Por qué ahora cruzan por este cielo
todas las nubes?
Ha cubierto el sol con su manto
dejando el rastro profundo 
y oscuro del miedo.

Adorado es el estío

 Adorado es el estío 
para los sueños humanos,
deleite de una fruta
que imaginamos jugosa.
Un deseo hecho de memorias,
un cuento para críos
de promesas ingenuas.
Serán los años, quizá,
la sabiduría o la desgana
que encuentra insípida su carne,
blanda con larvas de moscas,
de podridas semillas
envuelta en lustrosa piel.

Esta falsa manzana que Adán
tomó de la serpiente
no satisface a esta Eva.

Luchan estas dos pasiones

 Luchan estas dos pasiones
de la misma diosa,
que desea abandonar el mito,
la leyenda, la orden de los hombres,
la ley de la tierra.
Lucha sin arma el ser que busca
en qué equilibrio poner su balanza,
sobre un plato agua 
sobre el otro, una boca seca.

Sobre la piedra magullada por el tiempo

 Sobre la piedra magullada por el tiempo 
se ha posado un mirlo
y anuncia su presencia 
con su silbido corto y agudo.
La mañana se viste 
con prendas de un sol ardiente
que amenaza con ser más firmes
y lacerantes sus espadas.
Las horas nos atraviesan
con sus pesadas agujas
en una sala de hospital
donde la gente espera con paciencia.

No llamarán por su nombre,
el mirlo con sonoro reclamo
anuncia el turno siguiente. 
Aparece una letra seguida 
de tres números.
Hacia la consulta siete se dirige
el sujeto incógnito.

Volví a mi fuente

 Volví a mi fuente
y estaba callada y triste,
las piedras parecían arena
de un desierto.
Encontré moribunda su fértil tierra,
abandonada de sus hermosos ecos
que, bajo la luz tenue 
de las noches estrelladas,
manaban pletóricos
y de sus muros fluía 
la luz radiante de su belleza.

Volví una tarde de estío,
seca hallé su boca,
¡tan callada y triste!
Desengañada mi nostalgia,
brotó silenciosa una lágrima  
del manantial de mi memoria.
De los naranjos caían recién nacidos frutos
como perlas de un verde esmeralda.
Las palomas en sus escondrijos
aguardaban la hora fresca
para beber del agua retenida en su cuenco.
La plaza poco a poco se inundaba
de reconocidos rostros,
pisaban mis pies los mismos adoquines
y me rodeaban los de siempre.

El tiempo se había detenido, 
y, sin embargo, el esplendor de su regalo
entre mis manos languidecía. 
El desencanto, espina de aquella rosa,
se clavó en mi pecho.  
De la yema de su recuerdo el presente brote 
se consumía
y, en lugar de recibir la caricia del rocío,
lo abatió la fría escarcha.
Como gotas sobre el charco
el reflejo de aquel cielo se confundía.

Del preñado fuego quedaban sus rescoldos
luchando por no hacerse cenizas.
Al descender el sol hacia el ocaso
en su horizonte de aguado azul,
dejaba sobre el paisaje
una transparente claridad,
que disolvía las sombras agazapadas 
por los rincones
antes de vencerlo la penumbra.

Regresaban al templo los estorninos 
con sus vuelos frenéticos.
Y, en la nube oscura de la bandada,
estalló un relámpago 
que incendió en mis ojos
fulgurantes destellos.
Tal vez, fue la vespertina hora la culpable,
pisar el paraíso
cuando el mundo está cansado,  
sus miembros lánguidos 
y deslucidos sus colores
antes de caer un atardecer luminoso.

Las velas de mi altar se encendían 
y brotaba en mi corazón 
la alegría de aquel lozano sueño. 
Mi fuente clara volvería a latir en la noche 
y brillaría su melena plateada.
Anhela con beber mi boca 
de su caño fresco.
Espera el mañana, ten calma,
al regreso cantará su dulce melodía
y acogerá tu cuerpo
más viejo, más sabio,
sin miedos ni el alma herida,
devuelta a casa la esperanza.

Pensar en horizonte

 Pensar en horizonte es avistar
desde la lejanía la distancia 
que nos separa del deseo
y la esperanza de su logro
tras su trazada línea.

Pensar en horizonte es búsqueda,
lanzarnos a la aventura,
abandonar el territorio conocido 
y pisar la prometida tierra.

Pensar en horizonte es futuro,
rostro al frente, nunca de soslayo,
pies que no retroceden ni cogen desvío.

Pensar en horizonte es dejar a la espalda 
el pasado y el presente.

Pensar en horizonte es destino,
un devenir sin fin,
una infinita meta.
Es lugar renovado a cada paso,
el número vacío, símbolo, mito.

Pensar en horizonte es unirse al cielo,
hacer capas sobre el yo
con la promesa del otro
y levantar un sólido edificio.

Pensar en horizonte es guía
y es noche,
sostén del sol en su alba y ocaso.

Pensar en horizonte es olvido y recuerdo 
y recorrer nuevos caminos.

Pensar en horizonte es llevar
los ojos ávidos, bien abiertos, y curiosos,
depender de la generosidad del viento
y, al amparo de piratas,
poner en la mirada el espejismo
de la felicidad de la utopía.

Todas las primeras veces

 Todas las primeras veces
pronto se cubren de costumbre,
se deslucen sus colores,
se hace transparente su tejido.
Perdemos el asombro,
los sentidos y sus percepciones,
hechas rutinas y hábitos los actos.
Invocaron al corazón lo sagrado
y corrompido por el uso,
el instante se quema en la hoguera
de los días y sus repeticiones.
¿Será error de lo aprendido
creer que sumamos capas al acto virginal?
Quizá el paso siguiente 
no pisa su propia huella,
es otra marca con un mismo pie
con una disposición diferente,
otra forma, una inclinación capaz
de engañar nuestra mirada 
y confundirnos.

Construyo y derribo

 Construyo y derribo
frágiles edificios.
En reposo dejo la tarea
por borrar las rayas de los minutos.
Se ahogan en agua estos peces 
por nadar en el vacío.

No tener la memoria

 No tener la memoria 
es estar dentro del tiempo eterno,
sin pasado, sin futuro ni presente.
Allí donde no habitan los relojes
ni los calendarios
allí donde las agendas y los diarios
están vacíos.
Allí donde los diccionarios trastocan
el orden del alfabeto 
y las palabras adquieren otro significado.
Allí donde la oración no tiene
más destinatario que el Dios
del silencio o del absurdo.
Allí la nada navega
sueña conquistar la isla
sobre un mar sin rumbo ni horizonte,
perdida cualquier batalla,
no existe ni éxito ni fracaso.