Cada día es distinto

 Cada día es distinto
y cuánto se parecen sus rutinas.
Abren los ojos a la luz 
y caminan como el sol
por el horizonte
haciendo horas con segundos.
Cada día es un nuevo despertar,
un cielo diferente,
no son las mismas nubes
ni sus viajes tienen la misma trayectoria.
Cada día es un atardecer
que eficazmente se oscurece
y se entrega el cielo a otra noche.
Cada noche se parece
y no son ni parientes
desconocidos que llegan
y marchan sin dejar rastro.

Mira estos ríos que van al mar

 Mira estos ríos que van al mar,
mar de olas y espuma,
espuma de nubes sobre un cielo azul.
Azul púrpura de atardecer,
atardecer y noche de luna.
Luna que brilla sobre tu espejo,
espejo donde el cosmos se mira
mira,
        mira,
                 mira...

Danzo sobre muertos

 Danzo sobre muertos
con mi corazón dolido,
sin faro que alumbre,
horizonte de brumas,
jirones de niebla.
Los defectos del tejido
quedan patentes cuando llega el invierno
y nos deja ateridos en soledad.
La voz de este Señor,
la sonoridad de su verbo
retumba con fuerza.

Ya se acaba,
llegó el domingo y agotaremos
los últimos días del mes.
Haya vida,
paz.

Y este caminante se queda solo

 Y este caminante se queda solo
con su sombra y los lejanos ecos
de las voces primorosas
que, tras otros árboles, siguen su ribera
con el río cerca para beber su agua.

Tú me dices que el rostro que busco en el reflejo

 Tú me dices que el rostro que busco en el reflejo
me engaña. Y me niego a las palabras
que pronuncia tu boca.
Fueron aquellos ecos que enturbiaron el aire
entre las áridas montañas,
allí donde el viento helado dejó desnuda la roca,
mientras sembraba verde ladera
en la otra cara, esa que miras en el espejo.

Oscuro como un cielo cubierto de nubes

 Oscuro como un cielo cubierto de nubes,
Oscuro como es la cromática paleta de los errores,
Oscuro como el árbol en la noche,
Oscura mi sombra, la del perro y el niño,
la de la hormiga y la sombra de la propia sombra.

Calla

 Calla.
Predestinada al desencanto,
la infelicidad, al precipicio,
ni una muestra más de nostalgia
ni emponzoñada tristeza.
Venga, ¿a qué esperas para retirar estos restos
que cuelgan de tu boca suplicante,
llena de falsos propósitos?
De acuerdo, no los lleves al olvido.
Pero anda, despierta, que es la hora
y no vayas a lamentar más tarde
que se fueron los minutos amados
sin amarse
y posponerlo siempre al futuro 
Avanza con tu mochila
cargada de pequeños tesoros,
sigue sin lamento ni remembranzas estúpidas.
¿Acaso no lo tuviste mientras el reloj
daba las horas en punto y en estos cuartos te detienes?
Espabila, aligera el paso, suelta y vuela.
Vuela alto
y lejos.

Abandono tu cuerpo

 Abandono tu cuerpo, 
el ardiente beso de tu aire.
Te deseé tanto y tanto,
a veces, te desprecié.
Pero, siempre volvías a envolverme
con tus brazos y caía rendida a tu lecho.
Todo se acaba
y ahora busco lejos otro amor
al que entregarme en las noches oscuras.
Y, en las claras con luz de luna,
enredada a otro cuerpo,
hacer el amor como la vez primera
y sentir palpitar el corazón 
con la sal de los besos de otros labios.

Cómo duele mirarte sabiendo
que estos momentos son un adiós para siempre.
Y me recreo con más ahínco
en tus contornos y en los detalles
que pasan desapercibidos
por la urgencia del deseo.
Me pregunto, 
cómo pude pensar que alejarnos sería tan fácil.
Tenía firme decisión,
ni duda tuve en marcharme.
Sueño con curar las llagas.
Ahora por mucho que mis ojos abracen
cada trozo de tu cuerpo,
cada rasgo de tu rostro,
tus modos y tu andar cimbreante,
ay, no volveré a tenerte
ni tú a poseerme tan adentro.

Al capricho de la vida me voy,
ganas llevo en la carne,
aunque el corazón vaya herido,
de cerrar las llagas con besos de otro amante.

Poco a poco desmonto el puzle de una casa

 Poco a poco desmonto el puzle de una casa.
A trozos la vestí con sueños y alegría.
Esparcía el agradable aroma del hogar
y, a pinceladas únicas
para el corazón que la habitaba,
daba color y armonía,
que fuese reflejo de esperanzas.
No puedo evitar los espacios
que fueron escenarios de dolor y lágrimas,
a los que la fe y la confianza devolvieron
la calma después de la intensa lucha.
A ratos se descompone la materia densa,
esta firme roca que nos sostuvo,
se hace arenisca,
para ser trasladada en cajas, en bolsas,
en el alma.
Y en otro lugar extraño levantar
de nuevo nuestro castillo sin murallas,
ni fosos, abiertos los ojos al mundo
para llenar la alforja de vida
mientras sigamos vivos.

Qué triste está la fuente

 Qué triste está la fuente,
qué débil su rumor.
Caen lánguidas sus lágrimas,
se enjugan en el pañuelo del cuenco de agua.
Qué triste mi fuente,
qué melancólico su canto.
No saltan ya sus gotas alegres,
ni brota alto su chorro.
Qué callada su melodía,
qué desolado su semblante 
en este agónico adiós.
Ya siento en mis ojos su ausencia,
y en su mirada está mi reflejo.
Llora ocultada por la noche la fuente,
y mis ojos se contagian su tristeza.
Llora la fuente, reflejo de mis lágrimas.
Lloramos la fuente y yo.

Quizá el tiempo que retiene las eternidades 
nos devuelva a otro presente en el futuro.

Lunes, martes y miércoles

 Lunes, martes y miércoles.
A la una a las dos y a las tres,
mirando atrás con el pañuelo al aire.
Adiós en el alma te llevo,
que mi memoria no me falle.
Ya te añoro en los huecos vacíos
de este que fue mi continente.
Apretando va mi corazón,
exprime la miel del recuerdo
y vierte por su corteza
el amargo ámbar del dolor.

Lunes, martes y miércoles.
A la una a las dos y a las tres.

No tiene nada que ver

 No tiene nada que ver
la piedra con la hierba.
No tiene comparación su hermosura,
ni su rostro, ni su donaire
con aquella desabrida y fría-
Pero esta me abandonó 
Y la otra, quién sabe, 
Quizá me quiera.

De este cuerpo conocí tus brazos

 De este cuerpo conocí tus brazos,
el corazón, parte de tu cabeza,
tu melena ondulante,
la sombra de tus venas, la melodiosa voz.
Conocí tu ojo derecho,
ah, la sonrisa en tus labios
y la lágrima en tu ojo cerrado.
Conocí una pierna,
el principio de tu espalda,
los cinco dedos de una mano
y dejé tras mis párpados tus talones,
tu sexo, la saliva de tu boca,
las piernas largas trepando muros,
rondando oscuros callejones.
El aire que tragaron tus pulmones,
ellos me prestaron algún trino,
el soplo regalándome el vuelo de alguna hoja.
Conocí una parte de tu todo
y de mi rostro nada reconociste,
porque yo, clandestina tras una ventana,
te observé con tu traje de domingo y fiesta,
con la túnica blanca de la luna llena,
nunca a la luz plena del día cegadora,
nunca por completo,
nunca en ti fondo ni en tu esencia.
Y a pesar de ser escaso mi conocimiento,
te conocí lo suficiente para jamás olvidarte,
para no olvidar jamás tu piel y su aroma.