Llevo una sombra sobre mi cabeza
y no sé si será nube de lluvia
o penumbra fresca de estío.
Arrastra la suela de mi zapato
una hoja seca
y no sé si será anuncio de invierno
o promesa de frutos.
Transeúnte
por un paisaje de calendario
Llevo una sombra sobre mi cabeza
En este mar dejé mis huellas
En este mar dejé mis huellas
que las olas borraron.
En su manto de arena,
dejé marcada mi figura
que los vientos cubrieron.
Hoy viene a mí su eco ronco,
su cuba de agua tan profunda,
tan inmensa que mi corazón
se sobrecoge.
Hay un miedo arcaico
que circula por nuestras venas
y riega las entrañas
de amenazantes rumores de abismo y muerte.
Ha llegado el ocaso,
rojo fuego,
la esfera del sol aparenta
hundirse en el océano
que apaga sus llamas. La noche
ha caído entre una neblina,
púrpura, desdibujada,
y brillan luces a lo lejos,
donde claman su llegada otras vidas.
Oscuro, hipnótico, con voz malvada,
nos deja caricias
a esta orilla su dócil espuma.
Que no te engañen los ojos,
no te confunda su nana,
te rodea, y te besa,
te susurra y te calma
y un día, como brutal
bestia salvaje, te traga.
Ha rodado la piedra cuesta abajo
Ha rodado la piedra cuesta abajo,
tropieza por el camino con otras.
Lleva caída su inercia,
su voz y su correr desesperado.
Aún no sabe qué le pondrá freno,
qué piedra aún mayor,
qué matorral o qué agujero la tragará
hacia una caída más honda.
Igual la hierba frágil y delicada
de una llanura imprevista,
la acoja en su blanda espesura,
donde quede a resguardo
para ser suelo de una margarita
solitaria y soñadora.
Volverán el viento y las lluvias
Volverán el viento y las lluvias
y un horizonte sembrado de sombras.
No tiene miedo el viajero
que avanza por la senda ya marcada.
Son buenas las lluvias
y el aire que arrastra polvo y hojas secas.
Dejarán los campos relucientes
con brillo de esmeralda
y la luna será blanco farol
que alumbre las tinieblas
El sol, callado, bajó la mirada
y viene a besar la piedra sumiso,
soltando chispas de fuego esas duras brasas.
Sigue el caminante la trazada senda.
Le acompañan soy y lluvia,
como noche y día van las horas.
Desconciertos de la esperanza
Desconciertos de la esperanza
y el desgarro de la impaciencia.
Crédulas bebemos del manantial
del pensamiento por donde navegan
erráticas las fluidas palabras.
En la carencia de ser
la perfecta herramienta
del control y las certezas.
Qué lento pasan estos días
Qué lento pasan estos días
sobre el impasible, impávido tiempo.
Me observa desde su territorio
de eternidades y sonríe con descaro.
Me mira con ternura,
como quién se recrea
en la inocencia del niño en su juego.
Mientras señalo en el calendario
su ritual de meses,
uniendo sueños con retales,
descosiendo dobladillos,
alargando el vestido de la esperanza,
con desgarro de impaciencia,
creyendo ese falso amigo
de nuestros pensamientos,
quisiera tener en sus fluidas palabras
la perfecta herramienta
y una voz.
Hay seguro un mejor jardín lleno de rosas
Hay seguro un mejor jardín lleno de rosas
y son más jugosos los frutos de los árboles
que germinan en la tierra de la palabra.
Con toda certeza son más dulces
los besos en la boca
que los nombra y más fuego
en el cuerpo que la brasa
de su sombra.
Cuánto más gozoso sentir al corazón latiendo
que ponerlo en las manos
y tejerlo con hermosas hebras.
Dentro del silencio cómo retumban
sus acompasadas notas.
Te atrapa su eco en la soledad del alma.
Olvidando la carne, alcanzar la gloria.
Este pajarillo quiere volar a favor del viento
Este pajarillo quiere volar a favor del viento,
ignorando el caprichoso aire
que tiene loca a la veleta.
La culpa de sus indecisiones
que lo llevan confundido,
perdida su cordura,
que el pajarillo ya no sabe
si toma rumbo al sur o al norte.
Hoy, bajo la tormenta,
Hoy, bajo la tormenta,
camino con el paso firme,
dejando desnuda la espalda,
sin temor a las lanzas del recuerdo,
con el reloj del tiempo puesto en marcha,
con el tictac del tiempo en marcha.
Cuando cierre mi puerta con llave
Cuando cierre mi puerta con llave dejaré atrás mi templo. El recreo de mi mirada eran sus tejados y su campanario. Cruzaban frente a mi ventana bandadas de vencejos y se distraían en las horas vespertinas palomas y mirlos. Dejaré sus plazas rodeadas de piedra y muros de iglesias y palacios, el batir de campanas y de trazados pasos guiados por sus calles y lugares simbólicos. Cuando saque la última pertenencia y deje aquellos espacios a los que ya nunca volveré, quedaré tras la puerta abandonando mi refugio.
Y recordaré su aire y sus voces, la muerte del santo, el insigne arquitecto que diseño en el plano este paisaje de mis sueños. Y dejaré brotando mi fuente, murmurando mis palabras y las de tantos y manará dulce su caño de día y, aunque sea de noche, brotando, siempre brotando en mi memoria y sus gotas como lluvia sobre su cuenco de agua con barquitos de hojas secas y de insectos y las palomas bajaban a aliviar su sed. Y su melena azotada por el viento.
Cuando cargue el último tiesto y mi cuerpo tome rumbo al norte, recordaré su gente y su acento. Y los bancos y las fiestas y las llamas de San Antón y el bullicio y el silencio. Y de vez en cuando bajo la lluvia de un próximo invierno, lloraré por su pérdida y soñaré entre valles y montañas con retener lo imposible, el tiempo.
Él seducía con miradas
Él seducía con miradas,
con mentiras saladas y palabras dulces.
Ella no lo buscó,
jugaba como una niña.
Se volvió objeto prohibido
y fue en celo para ser su presa,
necesidad de ser devorada,
engañada porque engañarse quería.
Perder un sueño en insomnio
de deseo y culpa.
Decirte adiós
Decirte adiós,
esta noche,
a este cielo
por donde avanza una luna
mordida por la boca del sol.
Decirte adiós
al perfil que cada día
me acompañaba…