Volví a mi fuente

 Volví a mi fuente
y estaba callada y triste,
las piedras parecían arena
de un desierto.
Encontré moribunda su fértil tierra,
abandonada de sus hermosos ecos
que, bajo la luz tenue 
de las noches estrelladas,
manaban pletóricos
y de sus muros fluía 
la luz radiante de su belleza.

Volví una tarde de estío,
seca hallé su boca,
¡tan callada y triste!
Desengañada mi nostalgia,
brotó silenciosa una lágrima  
del manantial de mi memoria.
De los naranjos caían recién nacidos frutos
como perlas de un verde esmeralda.
Las palomas en sus escondrijos
aguardaban la hora fresca
para beber del agua retenida en su cuenco.
La plaza poco a poco se inundaba
de reconocidos rostros,
pisaban mis pies los mismos adoquines
y me rodeaban los de siempre.

El tiempo se había detenido, 
y, sin embargo, el esplendor de su regalo
entre mis manos languidecía. 
El desencanto, espina de aquella rosa,
se clavó en mi pecho.  
De la yema de su recuerdo el presente brote 
se consumía
y, en lugar de recibir la caricia del rocío,
lo abatió la fría escarcha.
Como gotas sobre el charco
el reflejo de aquel cielo se confundía.

Del preñado fuego quedaban sus rescoldos
luchando por no hacerse cenizas.
Al descender el sol hacia el ocaso
en su horizonte de aguado azul,
dejaba sobre el paisaje
una transparente claridad,
que disolvía las sombras agazapadas 
por los rincones
antes de vencerlo la penumbra.

Regresaban al templo los estorninos 
con sus vuelos frenéticos.
Y, en la nube oscura de la bandada,
estalló un relámpago 
que incendió en mis ojos
fulgurantes destellos.
Tal vez, fue la vespertina hora la culpable,
pisar el paraíso
cuando el mundo está cansado,  
sus miembros lánguidos 
y deslucidos sus colores
antes de caer un atardecer luminoso.

Las velas de mi altar se encendían 
y brotaba en mi corazón 
la alegría de aquel lozano sueño. 
Mi fuente clara volvería a latir en la noche 
y brillaría su melena plateada.
Anhela con beber mi boca 
de su caño fresco.
Espera el mañana, ten calma,
al regreso cantará su dulce melodía
y acogerá tu cuerpo
más viejo, más sabio,
sin miedos ni el alma herida,
devuelta a casa la esperanza.

Pensar en horizonte

 Pensar en horizonte es avistar
desde la lejanía la distancia 
que nos separa del deseo
y la esperanza de su logro
tras su trazada línea.

Pensar en horizonte es búsqueda,
lanzarnos a la aventura,
abandonar el territorio conocido 
y pisar la prometida tierra.

Pensar en horizonte es futuro,
rostro al frente, nunca de soslayo,
pies que no retroceden ni cogen desvío.

Pensar en horizonte es dejar a la espalda 
el pasado y el presente.

Pensar en horizonte es destino,
un devenir sin fin,
una infinita meta.
Es lugar renovado a cada paso,
el número vacío, símbolo, mito.

Pensar en horizonte es unirse al cielo,
hacer capas sobre el yo
con la promesa del otro
y levantar un sólido edificio.

Pensar en horizonte es guía
y es noche,
sostén del sol en su alba y ocaso.

Pensar en horizonte es olvido y recuerdo 
y recorrer nuevos caminos.

Pensar en horizonte es llevar
los ojos ávidos, bien abiertos, y curiosos,
depender de la generosidad del viento
y, al amparo de piratas,
poner en la mirada el espejismo
de la felicidad de la utopía.

Todas las primeras veces

 Todas las primeras veces
pronto se cubren de costumbre,
se deslucen sus colores,
se hace transparente su tejido.
Perdemos el asombro,
los sentidos y sus percepciones,
hechas rutinas y hábitos los actos.
Invocaron al corazón lo sagrado
y corrompido por el uso,
el instante se quema en la hoguera
de los días y sus repeticiones.
¿Será error de lo aprendido
creer que sumamos capas al acto virginal?
Quizá el paso siguiente 
no pisa su propia huella,
es otra marca con un mismo pie
con una disposición diferente,
otra forma, una inclinación capaz
de engañar nuestra mirada 
y confundirnos.

Construyo y derribo

 Construyo y derribo
frágiles edificios.
En reposo dejo la tarea
por borrar las rayas de los minutos.
Se ahogan en agua estos peces 
por nadar en el vacío.

No tener la memoria

 No tener la memoria 
es estar dentro del tiempo eterno,
sin pasado, sin futuro ni presente.
Allí donde no habitan los relojes
ni los calendarios
allí donde las agendas y los diarios
están vacíos.
Allí donde los diccionarios trastocan
el orden del alfabeto 
y las palabras adquieren otro significado.
Allí donde la oración no tiene
más destinatario que el Dios
del silencio o del absurdo.
Allí la nada navega
sueña conquistar la isla
sobre un mar sin rumbo ni horizonte,
perdida cualquier batalla,
no existe ni éxito ni fracaso.

Un desconocido entró a la casa

 Un desconocido entró a la casa
de la mano del anfitrión,
y la doncella consciencia  
lo pone frente a un espejo 
de luna turbia.
La memoria avara por acumular,
se lo apropia y devuelve
sus préstamos precarios.
Tal vez estemos eternamente
en el mismo punto,
y habiten infinitos puntos
en un mismo centro.
Estrenamos una página de un libro
y, con cada hoja,
aparecen las mismas letras
formando nuevas frases
que transitan por sus líneas
y construyen un argumento
cuyo final nunca llegaremos a conocer. 

Las primeras veces

 Las primeras veces, 
la primera mañana de una vida 
con su primera tarde y noche.
Las primeras lágrimas,
el primer grito
la primera emoción sin nombre
y su sentimiento, aún ambiguo,
entre miedo y gozo,
entre riesgo y peligro.
Guardar en el vacío cajón  
el primer bien, el primer mal,
señalado primer punto en el mapa,
la semilla infértil,
la flor ofreciendo su fruto.
La primera caricia, el primer beso,
el primer dolor.
La primera palabra y antes,
el primer sonido forjado en la garganta
y vertido al mundo.

La primera pérdida, el primer consuelo
nada son si no tuve. 
Adivinar si la tristeza
fue un manantial de gotas de lágrimas
que descendía por la mejilla
para ser océano.
Primera vez es el hueso olvidado
del fruto mordido,
lo vimos crecer y ofrecer su jugo.
Desde la semilla a la flor,
desde el resplandeciente brote 
hasta sus mustios pétalos,
¡cuántas primaveras en ese árbol!
Inevitable, como la luna ausente,
llegó la primera mañana,
la primera tarde,
la primera noche de estrenar la muerte.

Todo sea apariencia,
un nacer y un morir a cada instante.

El ayer fue arena dorada

 El ayer fue arena dorada
de ardiente día,
fresca caricia de atardecer,
fría en la noche y cubierta
de sombras.
El mar testigo y memoria
no duerme,
es carcoma en la madera,
óxido en el hierro,
sal que muerde los ojos y escuece.

Dormir, perderse en ese tiempo

 Dormir, perderse en ese tiempo
sin tiempo.
Nuestro soñar es un viaje 
por alterados pasados, presentes y futuros.
Sin la línea recta,
sin la obstinada perseverancia
del tic tac del reloj,
sin calendarios,
sin ahoras ni antes ni después. 
Es habitar una casa extraña
sin formas aprendidas,
decir palabras inexistentes
cargadas de significado.
Un rostro adquiere otro nombre
otros gestos impropios,
pero tener su identidad
aunque su aspecto sea distinto.

Así sentimos, eso nos dice la razón

 Así sentimos, eso nos dice la razón.
Mientras una cronología hace espacio,
el tiempo de la eternidad grita:
¡Os doy un diamante puro
y soñáis con sombras y nubes
piedras con qué pulirlo!

De vuelta al vacío

De vuelta al vacío
donde nada se recuerda
ni nada duele.
De la consciencia liberada
del trajín y sus agobios,
de sus regalos bebió el alma,
esa es nuestra esperanza y fe
para no ir hambriento y sediento
por otro territorio recóndito.
Sospecho que la consciencia,
alimentada de realidad,
no pueda vivir sin la tierra que la nutre
y ahí se quede con sus estratagemas y engaños.
De aquel cuerpo sin sangre, sin aire, sin vida,
de aquella vida, saldrá,
y transformada cambiará su identidad y reflejo.
La inconsciencia, esa pícara que escapaba
siempre de los hechos y la razón,
esa que nos llevaba por un universo caótico,
oscuro, indescifrable,
no tenía más función que mostrarnos
el abismo.
Me pregunto, ¿vendrá esta compañera atada al alma?
Ojalá se quede entre el laberinto de la inocua mente,
dispuesta a volar sin mácula y sin rumbo.
Y sus ojos que de nada se espantan viajen,
como marioneta sin atadura de hilos,
cometa sin peso de sufrimiento,
suelta de la mano de aquella niña.
La cáscara convertida en desperdicio
se deshaga de aquella consciencia,
prestada, adquirida, robada, censurada, oprimida,
envanecida, ignorada y ya hueca
de sus límites perversos,
benévolos, inútiles a veces
y necesarios casi siempre,
sea solo ceniza y polvo.


Fue recibida con los brazos abiertos
en la carne inocente
y ahora se va con la cabeza gacha,
resignada y rendida en la lucha contra el mundo.
Ah, por fin alma liberada
de tragedia y dolor,
de risas y placeres fatuos.
La alegría del alivio del mal,
la tristeza del perdido bien.
El gozo y recompensa de los primeros hallazgos,
el milagro del descubrimiento
en la torpeza el triunfo de la verdad.
Todo se diluye en el aire
y, a cambio, lo incógnito.
La inconsciencia hermana mayor
de la consciencia sabe de ti,
callará su boca más
de lo que contaron tus labios.
Si pusiste a resguardo en su pecho los tesoros
tal vez, por qué no,
vayan contigo a navegar el infinito
hasta alcanzar el paraíso del tiempo eterno,
atravesar estas pétreas sombras
y ser sombras blancas,
sin rostros ni nombres,
siluetas informes felices y etéreas
danzando en el ignoto cosmos.
Ojos que verán sin juzgar,
un diccionario de silencio,
un único palpitar, flotar en el magma de amor
sin espinas en su tallo,
desplegados pétalos,
de una rosa fresca y suave.
La mirada sin juicio,
la palabra sin frontera,
de luz nuestra sustancia
será melodía en el universo.

Este devenir absurdo

 Este devenir absurdo
que pretende llenar de agua 
un cuenco con agujeros.
Mejor sería echarle piedras
y dejar que pase el aire.