Entre la maleza del cielo

 Entre la maleza del cielo aparece una oronda luna blanca. Las nubes de algodón grisáceo la cubren en sinuoso y erótico baile de un anochecer aún muy claro. Sobre la cama observo unas ramas verdes de un ciruelo preñado aún de pocas ciruelas que juegan al escondite con su vestido todavía mimético. Tendida admirando ese cuadrilátero paisaje de fondo infinito. Las hojas quitan el polvo a una luna que parece inmóvil en su lejanía. Todo parece pausado, como sostenido en el tiempo y sin embargo, giramos a una velocidad alucinante, como una montaña rusa para una hormiga. No soportamos el giro de la rueda metálica del parque, revolviendo nuestros estómagos infantiles llenos de chucherías, de las mañanas de domingo, y mientras esta masa enorme de tierra que arrastra con ella ese pequeño balón, nos devuelve la paz y armonía de un espacio zen, en un viaje de atracción misteriosa de un mundo que mezcla a partes iguales fantasía y poesía.

Es efímera esa luna, este paisaje, esta paz. Retienes el tiempo unos segundos más. Una nube oscura la cubre primero con aire melancólico, después tenebroso, se levanta algo de aire, puede que la marea esté subiendo, la noche tragó la última escurridura de luz. La luna se hace más lejana y pequeña ahora parece un punto de luz artificial, como una farola colgada del cielo negro como una nada sombría y peligrosa, de una calle donde apenas titilan pequeños puntos de luz, como ventanas que proyectan la vida que hay dentro de mundos habitados y desconocidos dejándonos perdidos, asustados, con el miedo de un silencio lleno del ruido que existe en el abandono.

La sombra

 
Camina junto a mí esta sombra,
enganchada a mis pies como un candado.
En ocasiones, gigante, me aniquila
otras, sin embargo, me hago fuerte
y surco los cielos como enérgico viento.
Este fantasma que solo se deja ver
ante mis pasos
lentamente me desgarra y atormenta.
Huyo de su presencia amenazadora
buscando la estancia interior que me ampare.
En su protegida oscuridad creo engañarla,
pero, ay de mí, que advierto despavorida
que sigo esclava de su dominio.
Pues en ausencia de luz,
es toda ella, la que me atrapa.

Busca el ritmo y el goce

 Busca el ritmo y el goce
de cada partícula elemental,
calienta la sangre coagulada
y bebe toda la copa.
Aunque tú y yo sabemos
que esto es una fiesta momentánea.
Pero basta, está próximo el verano.
Despréndete de tus ropas
y pasea desnuda por la oscuridad
de tu alcoba solitaria.

El adiós

Si amanece el día,
ese día último para ti
tendrá un sol ,
aunque densas nubes lo cubran
aunque lo tapen las nubes.
Y rodarán con el viento las hojas,
agrupadas en los recodos
como niños en el recreo.
Temblarán las florecillas silvestres
con el rocío de la mañana,
gentes que irán y vendrán
repitiendo los mismos ecos.


Habrá llantos de recién nacidos
y contigo, otros muertos.
Si amanece el día
y llegas a ver su ocaso,
antes que los ojos se oscurezcan
en el horizonte,
dejarás parte de tu equipaje
al cruzar su fina línea
que limita la vida con la muerte.
Se desprenderán algunas capas
que llevabas ceñidas a la cintura
y serán frunces de otros cuerpos,
darán memoria a la sangre
de aquellos, que aún vivirán
otros amaneceres.

Sereno de luna


La gran ciudad de la luna enciende todas sus luces cuando llega la noche. Por la mañana el sereno apaga las farolas y su brillo languidece. Con su velo caído, abandona el cielo amenazada por un sol brillante que emerge cual rey con su corona dorada. Un ejército de nubes blancas la arrastra como presa innoble y derrotada. Avergonzada, humillada, sale del horizonte por la puerta trasera.

Creemos que las estaciones se repiten

 Creemos que las estaciones se repiten,
que los años se suceden,
que la vida pasa,
pero somos nosotros los que vamos rodando
por ella, cubriéndonos de polvo,
hierba, guijarros, pétalos de flores
y pequeños insectos que proliferan,
sembrando la piel con sus larvas
y, poco a poco, descomponiéndola.
Fugaz se fue la juventud,
 como un rayo dibuja el firmamento
con su luz intensa y efímera.
Despertad de vuestro letargo
mientras el espíritu bulle
como el agua hirviendo,
sentid el pálpito de la tierra,
contagiaros de su vida.
¡Cuánto gozo al caer la lluvia
que, como venas, recorre los territorios!
Somos parte de ese cuerpo,
siempre cambiante y vivo.
Somos sus extremidades
y. desmembrados de él,
nos faltará algo de nosotros mismos.

Campos de soledad


Es la noche de los cánticos rotos,
a la espera de los ecos endemoniados
de los muros oscuros de esta prisión
¿Puede una extensión más grande
ser el yugo de unas alas cercenadas?
¿Puede, acaso, ser el infinito
la soledad más inmensa?

Me pregunto

 Me pregunto de dónde sale esta apatía
que se hace en mi garganta una bola,
plomo en mis zapatos,
muro en mi ventana.

Tener miedo a la muerte

 Tener miedo a la muerte,
no sólo a su presencia
sino a su osadía,
el descaro de mirarnos a la cara
sin permitirnos la defensa.
No te permite el disimulo
y quedan sin amparo
tus defectos y debilidades
al escrutinio ajeno.
Muestra con obsceno dominio
tus cajones desordenados,
las bragas en el cesto de la ropa sucia,
el polvo en los muebles, acumulado
el óxido y la humedad en las paredes
y, en el cabecero de la cama,
la mancha clandestina,
la vergüenza de quedar al descubierto
lo que con celo guardabas oculto.
Vendrán extraños a hurgar en tus cosas,
percibirán tus olores más íntimos
y, aunque ya no importen tales cuestiones,
cuestionarán tus costumbres
desaprobando con prejuicios
tus pequeñas razones.
Descubrirán tu cuerpo desnudo,
ese que cubres hoy con tanto empeño
y aquello que tus abandonos abriga
la abyecta perfección que la vida reclama.

El aire

El aire revuelve el cabello,
agita las hojas y las olas del mar,
levanta la falda libre de fronteras.
La libertad se asoma.
El aire barre las calles y junta en los rincones
la arena de la playa,
mece en el vacío del cielo
a las ingrávidas gaviotas.
El aire salado limpia mi cara
y con sus suaves dedos
sujeta las dulces alas de la memoria.
El aire recorre la piel bajo las ropas
y un escalofrío despierta algún fantasma.
La vida parecía más vida entonces, piensas,
aunque la historia tatuada en tu cuerpo
tenga la última palabra.
El aire sube montañas y salva puentes
acaricia y juega con las cometas,
germen de las palabras y los suspiros,
niño revoltoso que agita todo lo que toca.
El aire silva entre los resquicios de las ventanas,
cierra puertas y esparce fragancias,
gime y reclama el calor del hogar,
busca el regazo que calme su apetito
y una vez satisfecho duerme,
entre las sábanas de la atmósfera.

Soy reo de una habitación con ventana

 Soy reo de una habitación con ventana
donde quedan constreñidas las ilusiones
a los límites que alcanza la vista.
Salir de aquella cárcel,
su herrumbrosa carcasa
no aguanta nada más que esta tumba.

Soy ancla de un viejo barco
que quedó abandonado en el muelle,
soportando el mismo paisaje,
expuesto al vaivén de las olas con el viento
que sueña ser llevado a la deriva.
El tiempo acabará
devorándome las entrañas,
convertido en comida de peces.

Del pasado, estos recuerdos



Ahí está el cementerio del pasado
con sepulcros llenos de coronas y flores secas.
Todo está muerto,
sólo apuntan al cielo los cipreses.
Cubre las tumbas un polvo de años,
la huella tozuda que resquebraja.
En la piedra con las continuas lluvias
apenas quedan una fecha y un nombre
tatuados sobre la lápida,
la mínima concesión para toda una vida,
un mar que se va secando
y deja pequeñas lagunas
sobre la arena
mantenidas a fuerza de saliva y llanto.
El recuerdo las hace fuente, pozo, cieno.

Llegaré a casa de noche

Llegaré a casa de noche,
mi padre estará ya acostado,
tiene que levantarse a las seis
y no volverá hasta las ocho.
Sentada en el sofá estará mi madre,
viendo un programa en la tele
de esos donde todos gritan
y destilan veneno unos contra otros.
La saludaré y me contestará sin mirar,
no apartará la atención de la pantalla.
Entonces me preguntará, ¿has comido?
Tienes en el frigo algo de pollo.
No tengo hambre, le contestaré
y me quedaré en silencio a su lado.
Las palabras se ausentan,
los gestos se reprimen,
la verdad encarcelada es todo dolor.
No sé si ella piensa o siente
mientras vive los problemas ajenos.
Callaré y la observaré,
qué mayor y cuánto abandono.
Siento todo su fracaso y soledad,
cómo decirle ahora mi pecado.
Entre los anuncios su interés se despertará
y me dirá, ¿qué tal te ha ido, cariño?
Bien, mamá. Como de costumbre.
Mejor me voy a acostar ya,
he tenido un día muy duro.
Un beso
y toda la oscuridad para llorar.


AEIOU


Cama, sueñas, lavas prendas, duela o no duela, la certeza temas, la realidad cansa. Tragas arenas y piedras que atenta tu coraza. Quema, hiela, tiembla, la verdad amenaza. Camina la hormiga, murmura y calla. Ahora revientas o escapas

Vienen temibles huracanes que en el valle hacen crecer flores silvestres. Amen sus voces los tristes, canten cantares dolientes. Vive, huele la sangre de fauces que escupen pestes. Serpientes, sales, hieles, cristales, mares de muerte.

Senil rey, aprendiz de Caín, arlequín panoli e imbécil, Cid débil, rocín sin pedigrí ni crin. Allí París, violín gris, serrín fértil. Vil carmín de hollín, gin de orín, jardín de jazmín lapislázuli. Batir y digerir epiglotis, artritis y sinapsis. Ay, mi dermis de lis y tarquín. Hoy dormir, fingir sin huir, aquí en mi cenit ni veril ni carril conseguí pi, descubrí la raíz y mil por mil dividí. Análisis de hipótesis y matriz, sustituí sin x la Y. Vencí y perdí. Reí, herí, mentí. Si, existí y al fin, morí.

Hondo peso, vuelo dormido. Alado viento de otoño, os traigo lirios y poso negro. Oscuro hedor de trapos sucios, otro anhelo guardó su reposo. Lánguidos ocasos murió en tus ojos. Oro de sol donó color a tus labios. Oh, amor, no encuentro silencio ni gozo. Enero llegó frío, espero ansioso el olor a yodo del cálido verano.

Tú, ¡gandul!, hindú de tribu en esclavitud, cucú en iglú de bambú. Espíritu azul versus ímpetu de luz. Tutú y canesú, runrún de miaus y guaus con laúd de tul. Latitud y amplitud, lapsus. Su menú haiku, yogur y vermut. Aún tabú, súmmum estatus.

La trampa que la vida

 La trampa que la vida
nos tiende a cada paso
ata nuestros brazos y piernas
y nos deja boqueando como pez
fuera del agua.
¡Que un alma caritativa
nos devuelva al océano!
Una mano que nos recoja de la red
y nos lance a nuestro medio
con el anzuelo en el estómago.

Qué puedo hacer si mis ojos

 Qué puedo hacer si mis ojos
no distinguen el mismo brillo
en los colores,
si mis oídos no escuchan los sonidos
con la sutiliza de antes.
Cómo evitar ver este nuevo mundo
con sentidos contrarios.
Quizás los argumentos elaborados
al paso de lo cotidianos días
y sus múltiples aprendizajes
equilibren y pongan en su sitio
estos desajustes,
las disonancias que se encuentran
entre los límites,
los reflejos aletargados,
la sima en las creencias,
la piel que se eriza ante el frío
y su tibieza en el deseo.
Desciende su ímpetu
con la gravedad río abajo,
agarrado cada vez más
a la tierra que lo acoge
con sus brazos abiertos,
ansiosa de nuestros despojos
para hacer fértil la existencia.

El guerrero de acero

 El guerrero de acero
clava su espada sobre la tierra,
abre llagas profundas,
llora esquirlas pétreas,
inclemente alabarda que atraviesa
y rompe su corazón en mil pedazos.
Sobre un charco de minerales
yacen cadáveres de pasadas batallas.
¿Cómo decir entonces
que las piedras no sienten?

¿Qué piensa?


¿Qué piensa ese pequeño gorrión
que pía incesantemente sobre la rama
de aquel árbol otoñal?
Quizá llama a la madre.
¿Qué piensa ese pez
que advierte el anzuelo
golosamente entre las algas?
Quizá tenga hambre.
¿Qué piensa ese perro
tumbado a la sombra
que se rasca compulsivamente?
Quizá cuánta miseria.
¿Qué piensa esa vaca
que pasta sobre la hierba
y espanta las moscas parsimoniosamente?
Quizá que paz tan incómoda.
¿Qué piensa el hombre
que va por un camino de piedras
mirando melancólicamente
al sol abrasador?
Quizá espera un dios que lo salve
y sueña con ser protegido,
no morir de hambre, encontrar un refugio
donde vivir feliz eternamente
y no con miedo, hambre, frío y soledad
royéndole la sangre.
¿Qué piensa el hombre
frente al pájaro y al pez,
frente al fiel amigo
y la víctima para su hambre?
Quizá por qué tanto sufrimiento
para tener que morir.
Quizá por qué nos ama un dios
tan inmisericorde.

Caminaba con zancos

 Caminaba con zancos
apartado del frío suelo.
Desde allí arriba,
todo se veía distinto
más humano, menos cruel.
Podía pisar las charcas
sin temor a salpicar mis zapatos.
El fango era una cierta sensación
viscosa y repulsiva
que no manchaba mis ropas.
Bailaba al ritmo de sus toscos golpes
sobre los adoquines de las calles
celebrando que el tiempo era eterno.

Los años fueron gastándolos,
poco a poco y acortaban
centímetro a centímetro
su distancia.
Un día me encontré tocando la tierra
con mis propios pasos.
Sentí un tremendo escalofrío,
una sacudida de extrañeza.
Me embargó un terror profundo,
ahora sentía clavarse en mis pies
los duros guijarros.
Se hundían en las ciénagas
y al calor del asfalto ardieron,
fueron llenándose
de polvo y barro mis zapatos.

Qué va a ser de estas palabra

 Qué va a ser de estas palabras
cuando se borren del disco duro
y un cataclismo informático las destruya
como si nunca hubiesen existido.

Formarán parte de la basura química
vertedero de cadáveres de nosotros mismos.

No olvido

 
No olvido el cuerpo contraído
por el dolor intenso
y el latir galopante de una vida,
la brutal violencia dando
tan bellos frutos.
No olvido la oscuridad de una sala
y los ajenos gemidos
y mi aullido silencioso.
No olvido la mano misógina
violentando la fuente del río
ni el terror a esa mano
que volvía insistente a la escena de su crimen.
No olvido el miedo y la impaciencia,
del dolor por acudir en pocos segundos,
pero no olvido la alegría
de ser dirigida hacia unos focos
y aunar las fuerzas extenuadas
hasta de tus entrañas arrancar
la causa de tu alegría,
la carne trémula de un ser diminuto.
No olvido que fue una y dos veces repetido
y que en cada caso distinto
fue el mismo dolor y el mismo gozo,
pero menos hostil,
con mayor cuidado y cariño.
Bañada en el dulce elixir químico,
los últimos esfuerzos parecen simulacro
de una lucha,
hasta que alza ese cuerpo resbaladizo
y en mi pecho, piel con piel
unidos al mismo hilo aún
seguimos siendo uno.

También es poesía

La voz del poeta recorriendo ese aire de levante y ella errante sobre el caminito de tierra, todo un desierto para su frágil cuerpo invertebrable. Bordeando piedrecillas llenas de polvo, haciendo eses en un lecho seco, avanza como un trenecito de juguete, sin humo, lento pero constante danza en una vía sin guía, trazando un dibujo sobre un mapa, para mis ojos, impalpable. La noche tiene su brisa llena de palabras, rítmicas, certeras a veces, musicales siempre o casi siempre y ella ajena o, quizás no, avanza concienzuda, bailando tal vez con el lenguaje de los hombres. Deslizándose hasta ocultarse en un recodo, tras un baúl enorme. Tus oídos siguieron atentos a la poesía del instante. Es ella más poesía, quién sabe. Es ella esa cochinilla de fango y cochambre, la que llena de emoción mi mirada en esta noche, creando poesía entre ráfagas de brisa marina que rodea y toca las cosas, imprime su sal en la sangre y agita el pensamiento olvidando otras razones, más allá de la simple belleza que te atrapa en lo real que lo hace ensoñable.

Yo

 Yo, que siempre viví
en el laberinto de los espejos deformes,
¿cómo pretendes perderte
en el estanque de mi mirada?
Yo, que no encuentro
continente para este contenido,
yo, que no pude ser perfecta,
¿cómo quieres que me reconozca
en la imagen que me devuelven tus ojos?

Debo admitir que me doy por vencida
en esta batalla de equívocos,
la indecisa ambivalencia
de reconocerse y ser reconocido.


Calla, ¿para qué tantas voces necias?

 Calla, ¿para qué tantas voces necias?
¿Acaso crees que se alimenta de ellas la vida?
Son solo los fracasos que necesitan argumentos,
deja que el silencio hable su última palabra,
ese que recorre el paisaje posándose como mariposa
sobre el prado inundado de pétalos de emociones
dando sentido a la única verdad que su eco repite.

Cuando llegue la muerte con su olor rancio

 Cuando llegue la muerte con su olor rancio,
qué importará entonces la pose adecuada,
el gesto fotogénico, los buenos modales.
Y sobrarán las palabras, no rumiarás lo mal hecho
ni cuestionarás tu conducta,
el qué dirán cuando salgas de la habitación.
Poco significarán las dudas y miedos ,
cederán su puesto a los siguientes en la fila,
todas las preocupaciones,
los deseos y los sueños,
como nubes en el cielo caerán
sobre las cabezas ajenas,
contagiados de un caos infinito.
El hombre no hallará descanso
tan sólo en la muerte,
el vivir es el pulso arrítmico
entre calma y sobresaltos,
buscando la imposible armonía
de una feliz canción.
No habrá formulismos ni tendrás
que quedar bien con nadie,
solo el protocolo controlando
los pormenores de tu sepelio
que les tocará a otros,
recompensa que tiene el sabor amargo
de la muerte que no tiene
oídos ni siente su corazón.

La verdadera belleza


Que lo bello del mar no es su sinuosa superficie,
ni el sol que sostiene en su horizonte
ni, aunque lo parezca,
tampoco el reflejo de la luna
con su rubor purpurina
sobre su piel morena, musa en la noche
que dibuja un río de plata
donde navegan los sueños de enamorados.
Recuerda, pequeña doncella,
lo verdaderamente hermoso del mar
es su incógnito fondo,
lo que ocultan sus profundidades abisales,
secreto de los más extraños prodigios
que engendran soledades y monstruos
y el arrullo melódico de un suave oleaje.
Duerme su grandeza bajo su confiada calma
e indómitas pasiones naufragan en la tormenta
ahuyentando quimeras. En un eterno amanecer
la marea baja trae caricias de espuma
sobre la arena mojada.
En todo esto, querida niña,
y no en las grandezas que cuentan los mitos,
radica su verdadera belleza.

Ya no rezo, sólo a veces.

Ya no rezo, sólo a veces.
Cuando el dolor es tan intenso
que clamo a un dios desposeído
de toda bondad.
Soy árbol prestado a la lluvia,
agitado por el viento,
soportando el inclemente sol
que hace sombra para su sombra.
No deseo 
y ninguna ilusión habita mi horizonte.
Soy tierra seca sin oasis
y el silencio es abrasador.
Ahuyento hacia el abismo
el miedo atroz a lo inevitable.
Me agarro a una fe provisional,
soy cobarde e imploro.
Cuando la angustia se hace insoportable,
grito al cielo de los dioses
alguna mágica señal.
El viento aúlla llamando
a la manada de demonios
y cruzo las calles temiendo sus esquinas
por donde puedan aparecer
los espectros de la decepción.
Detesto mi persistente ahínco
que no se rinde del todo a negar.
Suplico un faro que me guíe
con el sortilegio de la palabra.

Aquella sala, como cuerpo frío

 Aquella sala, como cuerpo frío,
cobijaba las almas deshechas.
Cirujanos abren heridas
en lugar de cerrarlas.
Almas heladas como témpanos de hielo,
icebergs derretidos
ante el fuego del infierno de sus demonios,
cuerpos enteros que contienen
almas despedazadas.
En sus miradas huecas,
cuánta amargura retienen.
No es vacío
lo que aparentan tras su opaco velo,
sino un colmado de dolor
que se rebosa y los ahoga
como náufragos sentenciados a su destierro.
Cuántos monstruos obstinados
en apuñalar su etérea materia
caminan y hablan con expresión cansada.

Qué lenguaje se oculta
tras esas palabras que nadie entiende,
ni siquiera ellos, que sufren
su envite enérgico.
Y viene el curandero
con su hálito de veneno consolador
envuelto en fina capa de polvo blanco.
Todo un océano,
no de sobria calma, sino de ebriedad
y aturdimiento, incapaz de mecer su cama,
que siguen agitándola engendros ávidos
de fácil presa.
Pasean por sus laberínticos túneles
de horrores y desamparo,
agitando los brazos en danzas macabras ,
sortilegios en rituales maléficos
que torturan su sueño.
No se trata de fantasmas
que entre nosotros deambulen,
son cuerpos que sangran y vierten
sus ríos salados de manantiales secos
en el páramo de nuestra indiferencia.
Venid, almas heridas, venid a llorar juntas,
que el mundo escuche vuestro eco triste.

Levantar los brazos y alcanzar el sol sin quemarse

 Levantar los brazos y alcanzar el sol sin quemarse,
así se inicia el nuevo día.
Rocío fresco y trasparente lo baña
y habla de amores sin entenderlo.
El recién olvidado, el que respira y el siempre soñado,
no es sabio ni poeta simple aprendiz de melodías.
Como hablar de lo que apenas es recuerdo,
añora, tal vez, acordes rítmicos,
baladas inocentes y tragedias inventadas.
De vez en cuando la venus oculta su desnudez
entre bambalinas de seda y deja intuir
un olor a primavera, a lluvia recién caída.
Por el aire surca el deseo
embriagado por sus encantos,
pero el tiempo a aquel fuego vuelve brasa .
Los años vendrán a trastocar todos los órdenes,
cubrirá las cumbres con atardeceres dorados,
mirará desde la ventana la vida
y se recreará del paisaje, ausente.