El palomo está solo

El palomo está solo,
ha muerto su paloma.
Apareció su cuerpo en el patio,
frío y duro como el témpano.
La mató la gata o la trajo
ya moribunda,
tal vez, enferma, cayó del tejado
y las garras felinas
acabaron con la poca vida
que le quedaba.

El palomo y la paloma
estaban siempre juntos,
entre tiernos arrumacos de enamorados,
se espulgaban.
Tomaban el sol en las mañanas frías
y buscaban las sombras
los días de intenso calor.
Se amparaban de la lluvia
en el hueco de las altas chimeneas,
allí hicieron su refugio
y el nido para su descendencia.
En los atardeceres,
los cálidos rayos del ocaso
hacían brillar sus alas malvas.

Qué solo está el palomo
sin su paloma.
Qué triste en este día gris
entregado a su soledad,
con el pico entre las plumas
se seca las gotas de agua,
añorando el ajeno cuidado.
Paseaban sobre las tejas
una detrás del otro
con su grácil caminar.
Hacían el amor
tras un preludio de juegos.

Hoy la sigue llamando
con el arrullo desesperado,
otea el horizonte
y la llama,
y la llama,
sin obtener respuesta.
No abandona la morada conyugal,
el palomo sueña aún con su regreso.

Dios mío, dame las palabras mejores

Dios mío, dame las palabras mejores
o el silencio más acertado
cuando me hable de su dolor.
Dejar que la cálida verdad
se muestre libre y fresca doncella,
sin alhajas ni artificios,
su bello rostro sin máscara.

Sea diáfana agua que limpie
el polvo que arrastran las voces
llenas de tiempo y costumbres,
de resabio impuro,
vertido por la boca seca
de una agotada fuente.

Se abra este virginal verbo
para ser oído con el corazón
y no el hueco discurso,
semilla podrida cubierta
por aparente cáscara.


Que brote el claro arroyo
de los sentimientos,
alma con alma desnudas,
ligeras, abiertas entrañas,
miradas una a la otra,
frente a frente,
más allá del falso reflejo
en espejos oxidados

Cabalga la soledad las horas

Cabalga la soledad las horas
por los recónditos senderos
de un jardín privado.
Beben los días de una fuente
con plato de piedra,
pila bautismal de una parida ilusión.
Bendecida agua, borboteo
de blanca luz,
sus gotas de plata
llueven sobre primaverales rosas
de aterciopelados pétalos.

Apoyada la cabeza en la columna
de lo eterno,
descansa perezosa la paciencia.
Reposa su cuerpo lánguido,
derramado sobre la forjada herrumbre
del gastado banco.
Un contenido aire se abre hacia
un cielo azul,
se oyen el aletear y el gorjeo
de pájaros
al ritmo del fluir de la fuente.
Llenan el flexible espacio del alma
los aromas silvestres y domésticos.

Poner un punto de mira

Poner un punto de mira
sobre discretas imágenes,
el oasis de una soledad.
La gente toma café
frente a amplias cristaleras
en cuyo marco se dibuja
un plácido paisaje invernal.
Se siente la calma,
el arrullo de las olas,
el encaje de espuma,
vaporoso bucle,
como volantes de un vestido.
Las gaviotas pasean
rebuscan en las algas,
pensativas algunas, interrogan
al océano.
En sus vuelos a ras,
sujetadas por el aire
se confunde la blancura
de sus cuerpos
con la cresta del oleaje,
ejército bravo que se rinde manso
al llegar a la orilla.
Brillan desde lejos
las nacaradas conchas
y picotean pequeñas aves
restos de comida abandonada.
Un gnomo sale de las dunas
y recorre veloz por la orilla.
En el denso murmullo
de la cafetería,
las voces se mezclan caóticas
con el olor a café y humo,
hay calor de alientos.

Abrir los ojos y cerrar los oídos,
dejarse mecer por un azul
que se une al cielo.
Sentir el rodar de los guijarros
arrastrados del fondo,
entregados a la playa
y devueltos al mar.
La barandilla de las escaleras
sostiene brazos apoyados,
miradas que sueñan o temen
aquel horizonte.
Hay corazones grabados
con el duro metal de una llave,
enamorados que buscan la eternidad
de su amor
frente al misterio de su abismo
y olvidar su precario tiempo.
Gigantescos barcos en la lejanía
parecen de juguete,
llevados por manos infantiles
en una charca.

De vuelta al café,
la mente se sienta entre el bullicio,
se acomoda al griterío
de este agitado puerto.
Regresa el navegante de otros mundos
para entrar en este despertar velado.

Destruye el tiempo imperfecto

Destruye el tiempo imperfecto,
el divisible y cronometrado,
pues el tiempo es sólo uno,
eterno, sin principio ni fin.
Si creemos que ya no existe
aquello que nos fue dado,
no es cierto, su memoria lo guarda.
Aquello que está por venir
ya estaba en su útero.
El ser entregado a esta vida
lleva un trozo de ese pan
desde el inicio de su viaje,
va cargada su mochila
con lo mismo que llevará de regreso.
Qué maniático deambular
por tiempos y modos,
entre pasados, presentes y futuros.
El tiempo es sólo uno, todo y partes,
un instante único,
un presente sucesivo,
que añora aquello que no ve
pero contiene,
y espera insaciable y desespera
lo que es ya suyo.
Son todas sus medidas
ilusorias,
relojes y calendarios,
absurdas sujeciones.

Tanto miedo da la muerte
que creemos que es el tiempo
el que la trae.
Huimos de ella inventando
distancias,
lloramos el ayer y soñamos el mañana
donde ella todavía no esté.
El tiempo todo lo abarca,
este existir es peregrino
que lleva a la muerte de compañera,
pues ambas caminan en su urna
llevando el mismo paso.

Eres raro, chico

Eres raro, chico.
No, soy taciturno.
Eres un protestón.
No, soy rebelde.
Eres un pasota.
No, soy libre.
Raro, protestón, pasota,
eres un desadaptado.
Taciturno, rebelde, libre,
eres un poeta.

 

Pronto varía este cielo

Pronto varía este cielo,
luce una claridad luminosa
y asoman por el oeste
nubarrones oscuros
que amenazan tormentas.
Fugaz es la luz del día
que la noche apaga
y de vuelta otro amanecer.
Así, imparable, sigue la historia.
Soñar la utopía de una paz,
la calma y el equilibrio.

El camino guarda sorpresas,
el paisaje muestra diversos perfiles.
La vida tiene mal pronóstico,
todos sabemos el fin de esta obra.
Mientras tanto, fluyen corrientes
que suben y bajan,
temperaturas cálidas o gélidas.
Horas tiene el día
marcadas por un ritmo
desacompasado
y, hasta el dormir,
tiene sueño y pesadillas.

Abriga tu cuerpo del frío,
desnúdalo ante el fuego.
Nada permanece,
poco dura el espectáculo.
Sonríe cuando la emoción
te provoque la alegría,
llora cuando el dolor apriete.
Ajusta el fiel de la balanza de la razón
y vive protegido de los barruntos,
pero si llueve,
coge el paraguas
y si sale el sol abre las ventanas
de par en par

¡Esto es la vida, sea bienvenido!

Un oasis entre muros

Un oasis entre muros,
el jardín de un falso palacio,
trinos de gorriones
entre las ramas de un ciruelo
sin hojas.
Un jilguero canta
en una jaula,
libres vuelan gaviotas y palomas.
Sueñan las nubes
con ser espuma de mar.

Mira la niña al cielo,
se le escapó su globo.
Triste queda, sueña
que se lo devuelva el viento.
De la nube de sus ojos
caerá la lluvia de su llanto.

Mientras, el cielo sonríe,
contento de tan linda ave
que sin alas surca
su azul manto.

Quién cuidará nuestros muertos

¿Quién cuidará nuestros muertos
cuando estemos muertos?

¡Qué manía humana
guardar en nichos
cuerpos corruptos!
No está el ser querido allí,
solo carne y sangre congelada,
alimento para insectos,
huesos roídos.
El fuego, destructor y creador
de vida,
siembra semillas sobre la tierra,
túmulo de cadáveres
y cuna para nacidos.
Vinimos para ser reducidos
a polvo.
Entregados al fuego ir al aire,
a la tierra, al mar.
Queremos retener el cuerpo,
no dejar que se escape
su sustancia,
atmósfera pura que lo encierre.

Nos consuela llevarle flores
a una tumba muda,
a la fría lápida con una foto ajada,
corroídas por gusanos,
picoteados por pájaros
sus pétalos secos.
Lustroso mármol comido por el sol,
diluida memoria por el viento.
Como orillas del río
están talladas en la piedra unas fechas,
condensado tiempo hueco
que tanto llenaron los años.
Tal vez escrita haya una oración,
el epitafio póstumo,
la metáfora de un verso.

Olvidamos que es la esencia
lo que permanece
de ese ser intangible
y a la vez más sentido,
retenido en el recuerdo.

Somos para los otros
su memoria
y ellos existen en la nuestra.
Fugaz es nuestra vida
y se resiste al olvido.
Hay vidas cortas
y muy vivos muertos,
hay vidas que estuvieron
abocadas al abandono,
una anónima existencia,
una ignorada muerte.
Hay vidas tan tristes
que ni siquiera
llegaron a ser olvido,

Vidas son todas,
muerte son muchas
polvo de eternidad,
el mundo.

Descanse en paz

Decían que nos parecíamos
aunque nos separaba una década.
Compartíamos la herencia en los rasgos
de la parte paterna,
matizados con detalles
venidos por la otra rama.
Hoy acabó su historia de vida,
puso punto y final a su novela.

Parió hijos con un hombre
que no la respetaba.
Murió el hombre y la dejó
joven y sola.
La vida a estas mujeres
les enseña a cuidar hijos
y después a una madre anciana.
Encontró en su madurez
una ilusión que el tiempo
convirtió en amor fracasado,
deshilachado cierre
de lo que pudo ser
un hermoso vestido.
De nuevo le traía la rutina,
luchar ahora con los nietos.

Apenas tres meses
le concedió la vida de prórroga.
Está bien que sea corto el sufrimiento,
la despedida rápida.
Su agonía, en soledad,
bajo el atento cuidado de extraños,
la mirada ajena,
el afecto y el calor de otra piel,
prójimo unido por el mismo sino.

Sigue tu senda a través del cosmos
donde no existe dolor ni consciencia.

Ser ligero de residuos,
de nuestros miedos,
angustias, dolor,
cansado vivir.
Ser partícula libre
sin las humanas ataduras,

Desde algún lugar
quizá nos mires
¡compadeciéndonos!

Verbalizar el día

Despierto, me aseo, desayuno, salgo,
transito, tropiezo, miro, llego,
alcanzo, encuentro, pierdo, gano,
callo, escucho, respondo, tarareo,
discuto, acepto, asumo, rechazo,
comprendo,
como, bebo, respiro, me canso,
olvido, recuerdo, amo, desprecio,
trago, expulso,
espero, deseo, vivo, sueño,
y soy soñado,
muero.

Acaso saben las flores

¿Acaso saben las flores
la belleza de su jardín?,
¿la rosa que duele su espina,
si muere entre el aroma
de su suspiro?
¿Acaso la vida tiene la palabra
justa,
el cierre perfecto,
la llave sin puerta?
¿Acaso sé si, disuelto mi ser,
será este que ya se desconoce?

 

El amor es metáfora

El amor es metáfora,
ni palabra ni comparación,
ni concepto sustantivo.
El amor es la expresión adjetivada
de los ojos que, más que ver,
miran,
la boca que busca otra boca,
soledades conjuntas.

El amor es nombre ingrato,
cubierto de lodo
como los grandes nombres,
dios, eternidad, paz, verdad.

Ay, el amor que duele
por su ausencia
y goza por el roce íntimo.

Amor con mayúscula
es amor conjugado
siempre en presente,
no el amo de poder
que eso es siervo y señor.

Amorrrrrrrrrrrrrrrrrr,
con resonancia,
abierto al universo,
cuerpo que arde en llamas
que no queman,
fuego que da vida.

Amor desnudo sin florituras,
profundo, sin el vulgar
apasionamiento,
fugaz destello que alumbra
los sentidos despiertos,
y los anula en su punto
álgido.

Nada de amor ciego,
amor que camina a paso
lento y cuidado,
removiendo las brasas,
procurando no se enfríe
aquello que surgió de un sol.

Amor que crece por los espacios
íntimos de tu territorio,
cuerpos encarnados
de una herida virginal.

Amor creado desde el propio amor,
sin modelo ni horma,
arte puro y único de su artesanía.
Todas las cáscaras
que al amor se apegan
no son culpa de su esencia,
sino de las mentiras pegajosas
adheridas del mundo.

Aprender el amor
es nuestra meta,
no el egoísta fin
de conocernos a nosotros mismos.

El amor es tu espejo
mira qué rostro dibuja
y sabrás si eso que tú sientes
es amor o engaño.

Amor en el sexo,
más no, sexo es amor.
Amor limitado, constreñido,
amor de pareja o grupo,
amor infinito al mundo.

El sexo es sólo gusto,
el amor, el alimento.

Acaricia el aire las calles

Acaricia el aire las calles,
levanta las plumas
de una pareja de palomas.
Buscan el calor y se refugian
sobre el tejado de una casa,
al amparo de la alta chimenea.
Juntan sus picos,
como dos enamorados.
Mientras la tarde avanza,
decae el sol por el horizonte
su intenso globo rojo,
es ardiente fuego sobre los cristales.

 

Es el perpetuo fluir cósmico



Es el perpetuo fluir cósmico,
la prendida llama que activó
el movimiento sin fin.
Extraña es la aniquilación
del suicida,
pues rompe la inercia
de un principio vital.
Creer que la muerte
frena el giro continuo
es falsa apariencia,
deforma la figura
al ceder el cuerpo
en el engaño
de un eterno reposo.
Destrucción que el ojo ve
en su errada ilusión
de un misterio oculto.
La eternidad engendra
infinitas vidas
en un trasiego imparable.
Dentro de la muerte
el tiempo sin medida
marca su monótono tic tac.

Le gustaba girar la peonza

Le gustaba girar la peonza,
bailarina con tutú de madera,
rotaba armónica sobre un pie
y frenaba en seco.
Mientras daba vueltas,
imbuido por la belleza
de su danza,
sus ojos perdidos en algún sueño
brillaban como los de un niño.
Con movimiento preciso
de pulgar e índice
la ponía a bailar,
artífice de la creación
del cosmos.
Finalizada la obra,
como la muerte del cisne,
caía con la cabeza postrada
sobre el suelo.
Quedan aún sus huellas
en la peonza
resistiéndose al olvido.

Sentir aquella pura esencia

Sentir aquella pura esencia,
único perfil de un remoto rostro,
el que persiste al gesto sin muecas
frente a la balanza del tiempo
que reparte en sus platos
de oscurecido ocre
pesas de arena húmeda
y fuego sublime.

 

Diluida en la brisa del mar

Diluida en la brisa del mar
se perdió la belleza
de esta mentira.
Fueron alimento de gaviotas
las flores secas de los sueños.
Se doró el cuerpo bajo soles
sin prever las quemaduras
del tiempo indolente.
La arena cálida acariciaba
un presente olvidado
y del hoy las olas no extraen
la sensual melodía,
sino el ronco rugir
del salvaje oleaje de los miedos.
Las pisadas sobre la arena mojada,
las borró la espuma de la orilla,
arrasó su lengua el refugio
del recuerdo inocente.
El mar bebió las lágrimas
de la soledad infinita,
hundió el sollozo en sus aguas,
que, llevado por la corriente,
se juntó en salado remolino
con todo el dolor del mundo.

De esta vía parte un tren

De esta vía parte un tren
de juguete
sobre un mundo de maqueta.
Llevará su carga repartida
en distintos vagones
según peso y características,
quizá por simple gusto,
estética y colorido,
incluso, al capricho del azar.
A la señal del jefe de estación
el maquinista emprenderá el viaje
y estas pasajeras con la nariz pegada
a la ventanilla
irán descubriendo nuevos paisajes,
hermosos paisajes,
lejanos paisajes,
asépticos paisajes,
eternos paisajes,
de calendario.

Esa cosa llamada felicidad

Esa cosa llamada felicidad
es hilo frágil,
finos rayos de sol
que hacen galaxia de polvo,
minúsculas partículas
y seres microscópicos,
en la oscuridad.
Felicidad, cantos de sirenas
que atraen al navegante
hacia el abismo del océano.
Papel de seda que se desgarra
al leve roce.

Deshace la gota
la palabra alegría.
Gozo efímero, nube sobre
nuestras cabezas,
densidad falsa que escapa
al ser atrapada.

Bruma dispersa por un ardiente sol
que muestra al amanecer
la fealdad de un mundo,
el dolor constante de la tierra pariendo.

Vida y muerte,
melodías y alaridos
alegría y sollozos,
falso todo, nada
es constante ni verdadero.

¿Quién puede retener ese tesoro?
¿Cuánto tiempo poder disfrutarlo
entre las manos?
Sus brillantes destellos
nos deslumbran
mas sólo es un truco
de magia.
Ese cofre está vacío.

Al fin ligera pluma

Al fin ligera pluma
surcando los espacios
de un bello territorio.
Al fin alejada del sol
calentada al hogar.

Caen los días precipitados
al vacío del ayer,
dejan su rastro de sangre
sobre la acera.
Vendrán los transeúntes
a borrar con sus pisadas
la mancha oscura,
la olvidada huella
de su suicidio.
Sólo el cabizbajo paseante
intuirá el rastro de un pasado,
desviarán sus pies ese recuerdo
con cierto respeto o temor.

Aquellos, desmemoriados,
los ojos ocupados en el horizonte,
caminarán las renovadas calles
con el presente de un mismo sol
el único testigo de la tragedia.
Otros, ociosos, mirarán
con deseo los bellos escaparates,
soñarán que la vida es etérea materia,
olvidarán la corporalidad que muere.

Reivindico la dignidad


sobre la camilla,

no ser cuerpo objetivado,

dividida materia formada

de piel, huesos y vísceras

cabeza, tronco y extremidades.

No acepto el cuidado

sin aprecio al pudor,

ni admito el lenguaje obtuso,

la charla sobre ti

sin esperar respuesta.

No soy un oyente ausente,

dejad vuestros chascarrillos

para la hora del café.

No actuéis como si yo

no estuviera presente.

 

No soporto los ruidos infernales

de los múltiples aparatos,

el aséptico instrumental sádico.

El íntimo sístole y diástole

de mi corazón asustado.

El miedo, la vergüenza,

el cuerpo expuesto

a miradas de extraños.

 

Eres un diagnóstico,

un cúmulo de síntomas,

una piltrafa

bajo un potente foco,

desnudo, helado,

tapado a medias por una sábana,

sin poder cubrirte hasta la cabeza

con una manta.

y gritarles a todos: ¡fuera!

Este que yace bajo vuestras

manos

soy yo, una persona,

un ser que piensa y siente

una identidad compleja.

 

La vergüenza, el miedo

la vulnerabilidad

frente a unos ojos que escudriñan

tus más íntimos recovecos,

frágil, desvalido.

El dolor te hace bestia.

 

Devolvedme la salud

sin convertirme en indefenso ser

a expensas del frío metal

de monstruosos artefactos,

lejos de los seres queridos,

rodeado de gente

que va y viene.

Una palabra amable,

una pregunta personal.

No soy un infante, un ser débil.

ni un sujeto de estudio,

no soy, ¡estoy! enfermo.

 

Me llamo tal,

tengo tantos años,

vivo en tal calle de un lugar

en el mapa,

este es mi número de teléfono,

no bebo ni fumo.

Pero soy mucho más que todo eso,

tengo lleno el cajón de la memoria

una vida de sufrimientos y gozo

como cualquiera.

 

Agradezco vuestra cura,

vuestra labor encomiable,

pero yo no soy un historial médico,

soy un ser humano.

El cúmulo de la narrativa

de una existencia

cubre mi cuerpo desnudo.

 

Le dijo el agua al pozo

Si tú me enseñaste a esto

¿de qué te extrañas ahora?

––le dijo el agua al pozo.

Luces un blanco brocal

y descansa en tu asiento

un cubo viejo de zinc,

amigo que nos junta

de vez en cuando.

Tú te recreas en la vida

yo me ahogo en tu fondo.

Aquí hundida me tienes

mientras tú al cielo te asomas.

Espero las lluvias de abril

después de este frío invierno.

 

¿Cómo te va por ahí arriba?

¿Cuéntame, hay viento, sol,

es de día o noche cerrada?

¿Hay dulces y blancas nubes

sobre un cielo añil

o amenaza tormenta el horizonte?

¿Están sobre el ébano las esquirlas

de las estrellas de plata?

¿Has visto coquetear a la luna,

enseñar poco a poco

su curvo perfil

tras el biombo de las tinieblas

hasta completa mostrarse

en su redonda desnudez?

 

Desde aquí nada veo,

todo es oscuridad.

Alguna vez su blancura

me inundó,

¡fue tan fugaz su brillo!

Hasta mi eco me cansa

y callo y lloro en silencio.

 

Ve, y diles a los pájaros

que entonen sus trinos

en tu encalada valla

o vengan a arrullarse las palomas

sobre tu diadema de hierro,

y paseando sus sombras graciosas

reflejadas en mi piel

me despierten de este morir.

 

Ansiosa deseo oír el riel de tu polea,

sentir en la espera agónica

el roce de tu grueso cordel

que me dejará trémula.

Qué gran soledad

hay en tus entrañas

mientras te lavas la carita

con mis llantos.

 

Ay, mi carcelero,

echa el cubo

y hablemos un ratito siquiera,

que si me he vuelto

amarga o salada,

no será mi culpa,

ni de mis lágrimas

sino por la falta de tu cuidado.