Si miras esta esquina del muro
que brilla con el sol,
detrás se oculta la sombra.
Es el mismo muro
levantado con duras piedras,
no te engañen los ojos
su apariencia arenosa.
Sin embargo, qué frágiles
se vuelven sus cimientos
cuando las nubes aparecen
y le perforan cristales de sal.
La bruma escondida detrás de las lomas
asciende hacia el cielo
trunca la claridad de la luna.
Traen mal augurio aquellas tinieblas.
Entró por sus grietas un aire helado,
penetró hasta los abismos del foso
y dejó su alma prisionera.
Apenas un cambio imperceptible
y el paisaje se transformó
en un lugar tenebroso.
El sostén de sus cuatro columnas
resistió el viento y la tormenta
pero ahora el muro se derrumba
con la punta de un dedo.
Esa fortaleza se estremece,
la oscuridad la ciñe,
secuestra al sol su brillo
cedido como préstamo.
Una nube cae como un cabello desordenado,
abren viejas heridas
y trepan hacia ellas
un hambriento escuadrón de miedos.
Si miras esta esquina del muro
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