Bajo esta luz dorada
que antecede al crepúsculo
la hierba se incendia
de un verde intenso
los edificios adquieren presencia
entre fulgor de destellos
y opaca sombra.
Deslumbran como espejos los cristales
bajo el impacto de infinitos rayos,
iluminan una esquina,
rayan con brillo lo oscuro,
resaltan la mínima porción de un todo.
Alguien camina por la acera.
El efecto durará unos minutos
porque el sol avanza hacia su lecho,
va ya medio dormido y abandonará el día
al regalo de una noche estrellada.
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