Advierte el día por su modo de entrar

 Advierte el día por su modo de entrar,
su vulnerable ánimo.
Algún sueño le habrá perturbado,
viene con el ceño fruncido
y confundida la conciencia.
Fue abrir la ventana y entrar
su semblante oscuro
sembrando de grises la mañana.
Sus ojos derramaban lágrimas
lánguidas y silenciosas,
no era escandaloso sollozo
sino un hilillo de voz 
que rondaba por los espacios
cual rumor de arroyo tímido. 
Sus finas gotas caían
de las pestañas de las nubes 
hasta los pies del suelo
mojando al recién nacido mundo.
Y sin razón aparente
salió de su boca una fuerte carcajada
que lanzó muy lejos los malos humos
y llenó de radiante luz el corazón del cielo.

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