Cuando abandonamos un lugar

 Cuando abandonamos un lugar,
el lugar continúa con sus mismos elementos,
lo habita la misma gente
y sigue su particular rutina.
Aunque nuestros ojos ya no lo miren,
ni nuestros pasos hagan huellas.
Habrá algunos cambios,
niños que se hacen grandes, 
adultos que envejecen, 
alguna ausencia,
nuevos rostros.

Cuando abandonamos un lugar,
ese lugar queda en nuestra memoria
como lo conocimos.
Ignoramos qué fue de él
si crecieron árboles o se convirtió en ruinas.
En nosotros permanecerá eterno,
con sus voces, su paisaje, la gente
que lo transitan, los bancos con viejos
cansados, la ingenuidad de los jóvenes.
Se vestirá con el desengaño de los días,
mucha rendición y algún triunfo 
que el tiempo cubrirá de polvo y olvido.

Cuando abandonamos un lugar,
ese lugar nos abandona,
aunque nos aferremos a un sueño
como al hilo de Ariadna 
para regresar siempre que nos hallemos perdidos
entre las brumas de la nostalgia
y el relato que construyeron los recuerdos.

Cuando abandonamos un lugar,
a otro lugar somos abandonados
hasta ser expulsados del mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario