Una derrota detrás de otra,
el azote continuo del viento,
el aire frío del norte
dándole en el rostro cada mañana.
El fuego de un ardiente sol,
el gélido aliento de los relojes,
tiempo que avanza sin compasión.
Cada hoja de un otoño
marca su deriva,
muerde sus pilares,
corroe su estructura.
Las lluvias pudrieron los marcos
de sus ventanas,
una densa niebla empañó
la transparencia de sus cristales.
Cada vez más noches oscuras
sin resplandores de lunas.
La fugaz estrella marchó
al cosmos infinito.
Dejaba la tibia claridad,
el parpadeo de una bombilla
iluminaba su calle.
Cada vez más días sin luz,
cada vez más silencio por las habitaciones.
Bastó el soplo de un suspiro
para derribarlo,
el fino cuchillo de un papel
abrió una herida profunda
y sucumbió a la muerte.
Una derrota detrás de otra
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