Lánguido cuerpo atrapado
por el enjambre de sueños
mientras pasan de largo campos amarillos,
árboles y espigas quemadas por el sol.
Un horizonte de un celeste diluido,
casi gris,
tiñe la luz transparente.
Pegadas a su piel van las nubes esponjosas,
algunas solitarias son veleros
a la deriva,
otras, en un abrazo apretado,
construyen elevadas montañas,
trazos de un espejismo en la profundidad
de aquel océano.
Unas líneas recién pintadas en el asfalto
señalan la senda que el caminante no elige.
Queda atrás su paisaje
para no ser ni siquiera olvido.
No habrá un rostro para el recuerdo
sino vacío de un templo nunca profanado,
el mapa inútil de un territorio
perdido su tesoro oculto.
Lánguido cuerpo atrapado
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario