¿Qué senda eligió el suspiro
en el laberinto de las neuronas?
¿Lo llevaba la sangre y lo escupió
por la boca el corazón en su sístole y diástole?
¿Es el vómito lanzado por los pulmones
al tratar de desprender de sus redes el veneno?
¿Qué senderos recónditos del alma
llevaba el aire de la angustia,
el miedo y la queja,
la tristeza, el cansancio y la apatía,
la rendición y el consuelo
la desesperación en el dolor?
¿Qué indómito torrente
arrastra el anhelo hacia el mar
del gozo y la calma?
Entre todas las palabras,
atraviesa las entrañas
la exhalación del ¡Ay!
exhortando la gracia de Dios.
Qué senda eligió el suspiro
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