En la oscuridad de la noche
las farolas iluminan el parque
con sus cacharritos quietos y silenciosos.
Nada queda de la algarabía de la tarde.
Ronda un aire de tristeza o melancolía
entre estas sombras.
Descansa de la brutalidad de los niños
que lo maltratan probando
su valentía y su fuerza
contra su desafío de hierro
y sus seductoras artimañas.
Se apaga su colorido,
sus párpados se cierran,
solo los miran estos ojos del cristal
de las ventanas
donde cayó también la noche.
Solo alguna lámpara aún observa
y ciegas están las demás,
tras las cortinas y persianas.
De vez en cuando, se asoma
una luna ya vieja.
Añora jugar con el río
y traviesa se escondía
tras la arboleda de su ribera.
Hoy pasea por este cielo
abrazado de montañas,
lleva su lento y cansado paso ,
atado al tiempo que atrapa el olvido
para crear los sueños al alba.
La tierra suspira y exhala su aliento
de yerba fresca.
Nada, dice el parque, duerme.
Hasta mañana, si así Dios dispone.
Escenas de críos (5)
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