Qué mejor idea
que un parque rodeado de ojos.
Protegidos del mal,
acunados por las alas de los ángeles,
que jueguen tranquilos
estos seres frágiles.
Que nadie los toque
con sucias manos,
que nadie los mire
con inyectada sangre.
No le roce el aliento
del demonio que emponzoña
la carne virgen.
Que solo los acaricien
los besos del aire
y los abrigue el amor y sus cuidados.
Que se arranquen los monstruos
de sus sueños inocentes.
No hay suficientes vigías
ni brazos que los amparen,
cuando el mal los acecha,
Ciegos quedan los ojos
de estos cristales transparentes.
Antes se rompan en mil pedazos
y les atraviesen las entrañas
sus afiladas esquirlas,
reviente su cráneo
con tan solo pensarles.
Qué mejor idea
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