No se cansa el padre
de columpiarla,
de subirla a la tirolina,
de esperarla al final del tobogán,
de balancearla sobre el tronco de cuerda,
de darle vueltas en la rueda giratoria.
No se cansa el padre
y la niña ríe
y parlotea con la voz tierna
de las palabras recién estrenadas.
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