Qué espacio por conocer

 ¿Qué espacio por conocer
deja el paisaje abandonado?
¿Qué arrastró el viento
por los agujeros del frágil tejido
de nuestras pertenencias?
Permanece la muestra de un trozo,
la marca confusa de una huella,
palabras impresas en la memoria
unos recuerdos difusos, 
inventados siempre,
y tanto olvido.

Un vacío que nunca será llenado,
un objeto perdido que nunca tuviste.
Dudas y preguntas huérfanas.
Indagas en la imagen que se va borrando
y entre gruesas cortinas nada vislumbras.
Juegas a imaginar.
En el tren van los pasajeros.
Unos suben otros bajan,
algunos continúan el mismo trayecto
o hacen un cambio de agujas. 
Se sentaron juntos,
intercambiaron frases,
opiniones y banalidades.
Compartieron su comida,
un libro, un hombro donde reposar
la cabeza y dejar volar algún sueño.
Un camino y por ese camino
el amparo de una sombra,
un descanso y un adiós.

Quedaron en el aire 
muchas palabras sueltas:
¿Llegó a su destino aquel peregrino?
Su alimento llenó tu estómago,
su agua calmó tu sed,
pero el hambre volvió
y no estuvo la mano tendida. 
Aquella voz se hizo eco
disuelto en la nada,
expandida onda
sobre la planicie del lago,
hasta perderse
sobre el oscuro horizonte.

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