Murmuran los árboles de esta ribera,
sus altos álamos, castaños y abedules,
el tejo suelta sus frutos rojos
y esparce su veneno por el camino.
Huele a hierba recién cortada
y el río lleva su rumor pausado.
Entra una racha de viento,
agita la melena de las ramas
y caen gruesas gotas.
Se aligeran los pasos
en busca de refugio
ante la amenaza de tormenta.
El sol en el poniente foráneo
brilla contra el cristal del cielo.
Qué tarde más hermosa,
qué sendero de arena
por donde ruedan hojas verdes
y copos de semillas.
Entre el denso ramaje cantan
los pájaros invisibles,
en la frondosa maleza el agua
se retuerce y sigue su trayectoria
sin importarle mi asombro.
Quizá por sabio se ríe
de la torpeza de nuestra lucha
contra el inevitable destino.
Murmuran los árboles de esta ribera
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