Avanza la rutina de horas,
trae cada mañana su sol;
cada noche, sus estrellas
y a ratos, el regalo de su luna.
Vagan a su ritmo, sin presiones
girando en su rueda encienden sin retraso
nuestras miserias.
Más allá de las nubes
y de nuestras cegueras e incertidumbres,
el cosmos compensa su equilibrio,
mientras el caos aquí, abajo en la tierra,
se ciñe a nuestros pasos
como una arrastrada sombra
cada vez más pesada,
más alargada cada tarde.
Traviesas juegan, amparadas
en los clandestinos rincones.
Desde allí, furtivas,
aprovechan el momento
para sorprendernos.
Inocente corro de niñas suicidas,
abrazadas unas a las otras,
distraen con sus cantos
su intención perversa,
tragarnos en su oscuridad.
Vendrán noches,
más noche sobre noche,
más negra, más silenciosa
y en nuestras pupilas
brillarán menos estrellas
que contendrán todo un universo.
Avanza la rutina de horas
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