Puede Dios proteger este cuerpo

 ¿Puede Dios proteger este cuerpo
herido de sus depredadores?
Los cuervos acechan a la víctima
en manada, 
la rodean a la espera del festín. 
Dios la defiende.
Los cuervos tienen hambre,
reclaman su derecho.
Dios los creó para comer carroña
y ahora se la quita teniéndola delante.
Dios, con su omnipotencia,
les impide el manjar prometido
a estos desgraciados,
que solo procuran responder 
al instinto forjado por su creador.
Dios permanece inmóvil
ante la víctima,
les prohíbe su regalo.
Su postura es firme,
su mirada penetrante  
con una determinación ineludible
les impone este castigo 
por seguir su propia ley.
Basta su presencia amenazante
para que prevalezca la obediencia
antes que el impulso.
Los cuervos rezaron a Dios 
por el alimento,
necesitaban saciar su hambre 
y Dios responde a su oración
con esta crueldad,
tener la ofrenda y no poder probarla. 
¿Por qué protege Dios a este ser moribundo?
¿Por qué desprecia la obra de su propia naturaleza?

Marchaos, les dice sin alzar la voz.
Basta su silencio y la orden es irrefutable.
Dios asiste a la víctima
que ya se ha rendido.
Dios castiga y salva según su lógica.
Después, dejará pudrir la cáscara.
Fue con un hijo benevolente,
con otro tirano.
Libre del sufrimiento,
vuela el alma indemne,
continúen los vivos su trágico destino.

Preguntemos a Dios:
¿qué bien con mal se paga?
¿Qué mal con bien se premia?
¿Por qué amarra el dolor a la carne
y aprisiona en ella al alma, 
obligada al martirio de existir
entre miserables vísceras
hasta concederle la muerte?

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