Es lecho firme de tu río,
aguas que van corriendo.
Tu barca sigue el curso,
desvía torbellinos, cae por pendientes
se mece y pasea por el paisaje
sin pensar en el mar que le espera.
No llevas la carga a la espalda,
la vas guardando por cajones y estanterías
y la barca se desborda, pierde el equilibrio,
sueltas lastres y algunos pasajeros
se marchan.
Y pide a Dios queden sus remeros.
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