En la distancia caminan cinco sombras,
sombras que saltan y corren,
se juntan, se separan.
Esas cinco sombras se igualan en altura,
bajo la luz crepuscular del ocaso
son siluetas humanas.
Esas sombras juegan, deambulan
en el horizonte de una claridad
malva casi añil como pavesas
de un fuego que se extingue.
Las sombras se doblan
sobre la arena de la playa,
se distancian pero quedan unidas
por un hilo invisible.
Son sombras que definen cuerpos,
cuerpos que se intuyen jóvenes,
aunque no hay piel, ni rostro,
ni tan siquiera el contorno
de claro de sus formas.
Tampoco nos muestran
la consistencia de la carne,
sino el esqueleto sombrío.
Son sombras que llevan luz,
la luz robada a las sombras de la noche.
En la distancia caminan cinco sombras
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