Las cosas con nombre propio

 Las cosas con nombre propio,
aunque ausentes, permanecen.
Crecieron sus apellidos,
cuadras las cuentas y fijas el orden
con un número exacto 
de beneficios y haberes.
Quedan siempre letras olvidadas,
perdidos soldados en el castillo
levantado en la loma de la memoria.
Pasan eso que llaman días,
que venían cargados de segundos, 
minutos, horas estiradas.
Agujas que giran y arrastran 
sus pasos con acumulados retrasos,
sin embargo, ganan en pausas
y el callado ruido de su tic tac inoportuno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario