De nuevo regresa esa negra nube
que se aferraba al horizonte.
De repente, suelta con ira
su tormenta.
Ha salido de su aguacero
todo el polvo recogido de siglos.
Rompe cristales y caen sus esquirlas
contra la tierra seca.
Abre abismos de charcos
y esparce la pringue de su ponzoña.
No hay donde guarecerse
de estos truenos y relámpagos.
Encienden la protegida sombra
y salen espantados los monstruos ocultos.
Brota con furia la indomable malayerba,
alimentada con el maná de su lodo.
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