Se ha oscurecido el mar

 Se ha oscurecido el mar.
Parece una plancha de asfalto,
frío, duro y brillante 
como luna de espejo
donde se reflejan los rostros
de los cuerpos ahogados.
Engañados por su transparencia,
no advirtieron el abismo del azogue.
Guarda una calma extraña
su mansa superficie,
en su oculto fondo 
se retuercen las olas prisioneras 
de contrarias corrientes.
Se ha vuelto amargo su sabor,
escupe a la orilla la sal 
convertida en granos de café, 
untado de acíbar su lecho,
y sus lenguas son ásperas.

Los amables cuadrados y círculos,
las formas de infinitos puntos,
líneas y curvas,
ondulaciones y espirales,
el zig zag de los caminos,
no tienen sentido sobre las aguas
de este océano transformado en estanque,
un recogido lago entre montañas,
tan áridas y grises como su frío líquido.
Y su profundidad fúnebre
está llena de cieno.

El cuerpo tiembla con tan solo
mirar su horizonte 
y saber que debe atravesarlo
olvidando los monstruos
que amenazan en su seno.
Los tentáculos de las algas
serán trampas que atarán
sus pies y sus manos. 
La boca abierta intentará buscar 
un soplo de aliento,
mientras su veneno se adhiere a la piel.
Encontrará miles de obstáculos
para dejarlo morir,
luchando.

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