En este cielo turbio

 En este cielo turbio
se transparenta la claridad del sol.
El día nos cobija
en su calidez vespertina
y los pájaros revolotean
aún sobre los tejados.
Suena una entrañable melodía,
cae el peso de los minutos
sobre este incierto devenir
que a cada paso se presenta
con su particular rostro.
Dejémosle ahora su amable sonrisa,
ya veremos qué nos entrega
antes del ocaso
y entren las tinieblas de la noche.
Como valientes guerreros,
miremos de frente
sin miedo al espectáculo
que se desarrolla en el campo de batalla,
pero no olvidemos que somos
atentos espectadores,
además de marionetas
sobre ese escenario.

Amiga impaciente

 Amiga impaciente,
deja pasar los días,
¿no ves que tienen sus horas
y acelerar el paso
no hará llegar antes
a ningún destino?

Amiga impaciente,
ya sé que adviertes
una senda trazada por la costumbre,
mi torpeza para desviarla,
la pereza de mi impulso.

Ay, amiga impaciente,
me metes prisa y a la vez me frenas.
Demasiado me conoces,
no abuses de la confianza
y ten paciencia.
El tiempo hablará y quizá
acabe dándote la razón
o tú callando la boca.

Amiga impaciente,
¿no aprendes con los años?
Será el hábito de andar conmigo
y las fallas de mi mapa.
Caigo en ellas más de lo deseado,
tropiezo con los adoquines
que sobresalen del camino recto.

Amiga impaciente,
¿qué decirte después de todo?
Acepto este presente continuo,
la urgencia que me impones
y mi lucha contra tus miedos.

Son nuestros labios

Son nuestros labios
hojas de una ventana abierta
por la que salen,
desenfrenadas algunas,
otras en sinuoso vuelo,
bandadas de palabras,
trinos, chillidos y clamores,
revoloteo de alas que llenan
de luces y sombras el paisaje.

Las creemos de nuestra propiedad,
pero fueron préstamos del tiempo.

Así es la vida

Así es la vida,
difícil marea que nos lleva
como perdido naufrago
a cualquier orilla.
Los años te ofrecen una balsa
en la que relajar los pesados brazos.
 

Cuando el hombre muere

Cuando el hombre muere,
todas las palabras que acumuló
en su maleta,
oídas, pronunciadas, calladas,
y las olvidadas incluso,
construyeron su alma,
vistieron su espíritu con cuerpo humano.
Su alada materia vibra en el aire
y sus partículas son ondas que garabatean
el cielo, ocultándose tras las nubes
a la espera de que la lluvia
riegue nuestros pensamientos.
 

Querer atrapar ese instante

 Querer atrapar ese instante
es como cortar una flor
y pretender que permanezca
fresca para siempre.
Querer que el instante perdure
es ignorar que éste vino
a través de muchos otros instantes,
y por quedarte con esa flor,
pierdas las que vendrán
con nuevas primaveras.

Manos que crearon caricias

 Manos que crearon caricias
de mi memoria,
objetos insignificantes,
graciosos y bellos.
Ante mi mirada se dibujan
un paisaje de flores silvestres,
perdido entre montañas
con ecos de sueños.
Solo el cielo y sus habitantes,
las nubes y soles son sus testigos.
Vierte el rocío sus lágrimas
que esparce aromas en el aire.
La helada nieve lo cubre
en el desolado invierno
y derrite su tristeza
la blancura de su manto.
Existir que el mundo ignora
y deja su alegría presa
en las tinieblas de su valle.
Como permanecen las cosas
que la noche oculta,
así las palabras siguen vivas
en este silencio de sordos.

Retrasar lo inevitable



Sólo unos minutos más,
reservar mi cuerpo de la vida,
unos segundos abandonada
a este sueño inconsciente.
Ahí afuera la vida continúa
y yo con ella, mecida
en este espejismo de protegido abrazo,
bajo esta segura burbuja.
Aún me protejo ingenua,
como si pudiera apartar de mí este cáliz.
No quiero, me resisto,
protestan mis huesos y músculos,
juegan a retrasar el inevitable arranque
de esta maquinaria cansada.
Va cediendo mi resistencia
ante los bombos y platillos,
el estridente vocerío de la rutina.
La vida se impacienta,
me convence, murmura a mi oído.
¿Vas a dejarte morir antes que la muerte llegue?
Ya tendrás tiempo
para un eterno dormir.
Piedra que cubre la ola
sin lamer su sal,
¿procuras que nada te afecte,
nada te entristezca ni dañe?

Me visto sin espejo,
cojo simplemente del armario
el traje del día.
Y ella me dice:
alimento esperanzas
que despedazo sin compasión,
promesas que incumplo a capricho.
Sentencio imperturbable,
despreciando lamentos y súplicas
a dioses a los que adorar o blasfemar.
Tiendo a tus pies una alfombra
tejida por frágiles y densas hebras,
unas se rompen bajo el leve peso
y otras sostienen elevadas cargas.
Muestro siempre mi rostro,
en mis manos pongo lo que hay
y lo que tengo así entrego.

Pero tengo miedo de cómo
venga la vida vestida hoy.
Por eso, como un niño inocente,
me escondo inútilmente bajo las sábanas.


El tiempo juega con la memoria

 El tiempo juega con la memoria
al escondite.
Los recuerdos surgen de la nebulosa
de los pasos hoy ausentes
que siembran un camino de huellas.
Unas las borró la leve brisa,
otras hicieron profundos surcos
sobre la arena de la playa
como sombra que nos sigue
con su alargada silueta
girada hacia el horizonte.
A algunos les cogemos tanto cariño,
que nos visitan de vez en cuando
como parientes que vuelven a la casa familiar.

Nuestros días avanzan
y daba comienzo el viaje
con una pequeña maleta
que, después de pasar
por muchas estaciones,
acabará desordenada y vieja.
Nuestros días avanzan
bañados en algo tan íntimo
como el aire que nos envuelve
y penetra.
Aquel que llenó nuestra boca
ya no es, pero exhala el aliento
de su evocación.
Mientras tanto asumimos  
el guion que representamos,
bajo la máscara hay un rostro
que cuesta reconocer
por el maquillaje que nos disfraza.
La vida se escribe a ciegas
sobre espacios en blanco,
con signos que no obedecen
a líneas ni cuadrículas.

Harían falta muchas vidas

 Harían falta muchas vidas
para entender la vida.
No podremos establecer nunca
conclusiones completas
si vamos siempre vestidos
con prendas de andar por casa.
¿Qué traje llevará en la tierra
el hombre último,
aquel que, trazado su relato,
extraiga la verdadera sabiduría?

Dejar de desear

 Dejar de desear,
ser cometa sin hilo
llevada por el cielo,
enredada en una nube
que se haga dulce lluvia;
hormiga solitaria que camina
por un ancho tronco
donde está todo su paraíso.

Me gusta mirar

Me gusta mirar
y no ser vista,
oír sin ser oída,
tocar y no sentir
la incómoda mano
sobre mi hombro.
Saborear los distintos aromas,
alejarme de la podredumbre.
Me gusta sentir
tu mirada
cuando mis ojos
están cerrados.