No soy aquella niña que ya se fue.
Busco en este cuerpo
la mujer que de ella vino
y que el tiempo trasforma
tejiendo hilos de aire.
Enhebro la aguja con palabras,
procuro hallar salida
en este laberinto,
me protejo de mis miedos
que se rinden o me vencen,
según la batalla.
Sé mi nombre y mis años
aunque ambos de mí no salieron,
así me lo contaron y a ciegas lo creí.
Lo demás es invento de mi memoria
y de hechos puntuales
de una objetividad dudosa.
Mi reflejo se confunde
en un espejo de mil caras.
Dejaré de existir sin saber quién soy,
porque llegar a ser
son palabras mayores
que no caben en mi boca.
Vienen de un Dios extranjero
con el que hablo por señas
y no muestra el plano
de un camino lleno de trampas.
No soy aquella niña que ya se fue
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