Un desconocido entró a la casa
de la mano del anfitrión,
y la doncella consciencia
lo pone frente a un espejo
de luna turbia.
La memoria avara por acumular,
se lo apropia y devuelve
sus préstamos precarios.
Tal vez estemos eternamente
en el mismo punto,
y habiten infinitos puntos
en un mismo centro.
Estrenamos una página de un libro
y, con cada hoja,
aparecen las mismas letras
formando nuevas frases
que transitan por sus líneas
y construyen un argumento
cuyo final nunca llegaremos a conocer.
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