La ola estira sus brazos

La ola estira sus brazos
para alcanzar la orilla.
Es su beso de espuma
y transparente su larga melena. 
Vino lenta y suave.
Rendidas sus fuerzas,
regresó al mar que la acoge y la aprieta,
la envuelve y la devuelve
en un continuo rodar.
En ella infinitas gotas
de la misma agua,
de la misma sal.
Quizá más brava o más dócil,
forma tirabuzones
y engarzan con blanco hilo filigranas de encajes.
Trae y lleva piedras, algas y fina arena.
Calmada, vencida,
nunca descansa su vaivén eterno.


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