Las primeras veces,
la primera mañana de una vida
con su primera tarde y noche.
Las primeras lágrimas,
el primer grito
la primera emoción sin nombre
y su sentimiento, aún ambiguo,
entre miedo y gozo,
entre riesgo y peligro.
Guardar en el vacío cajón
el primer bien, el primer mal,
señalado primer punto en el mapa,
la semilla infértil,
la flor ofreciendo su fruto.
La primera caricia, el primer beso,
el primer dolor.
La primera palabra y antes,
el primer sonido forjado en la garganta
y vertido al mundo.
La primera pérdida, el primer consuelo
nada son si no tuve.
Adivinar si la tristeza
fue un manantial de gotas de lágrimas
que descendía por la mejilla
para ser océano.
Primera vez es el hueso olvidado
del fruto mordido,
lo vimos crecer y ofrecer su jugo.
Desde la semilla a la flor,
desde el resplandeciente brote
hasta sus mustios pétalos,
¡cuántas primaveras en ese árbol!
Inevitable, como la luna ausente,
llegó la primera mañana,
la primera tarde,
la primera noche de estrenar la muerte.
Todo sea apariencia,
un nacer y un morir a cada instante.
Las primeras veces
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