Atrapar la idea y, en el trayecto


Atrapar la idea y, en el trayecto
por el pensamiento, esta se difumina
como vagones de tren
en la distancia.
El tenue hilo que nos unía
a nuestra consciencia
se quiebra
en el paisaje de las palabras.
Es la nube de humo
cuya definida forma
se deshace, abre sus contornos,
entran intrusos y huye el retenido,
¡No habrá piernas que lo alcance!

Se convirtió la masa densa
en diluido vapor en el aire.
De las pinceladas desvanecidas
de un viejo cuadro,
aquellas que el pintor dibujó
con intensos y frescos colores,
el breve transcurrir del tiempo
borró algunos trazos
y cambió sombra por luz.
La mano que restaura
siempre es impostora.

Igual que de los sueños
al despertar se guardan los detalles,
que pronto el cajón de la vigilia
desordena,
escriben sobre los espacios
en blanco
voces reconocidas, repetidos ecos.
Los tramos desfigurados
por la olvidadiza memoria
inventan otro rostro.
Los objetos, que en los estantes
se organizaban con
clara taxonomía,
rotos y esparcidos sus trozos,
los sustituimos por falsificaciones
buscando la armonía y el encuadre
conforme a la costumbre.

La pantalla nítida y transparente
de la mente lúcida
que traslucía el fondo de un juicio
discernido
se convierte en personajes
mediocres
que representan la gran obra.
Así la vida se crea
más allá de los límites naturales
con inconsistente raciocinio
y una solapada cordura.
Soplamos esos restos de cenizas
para darle aliento de realidad
y calentarnos al lado
de ese débil fuego,
relatándonos nuestras mentiras.

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