Somos granos de arena


Somos granos de arena de una isla perdida.
Nos rodea un océano inconmensurable,
su calmo oleaje no nos tranquiliza,
pues sabemos que siempre vuelve la tormenta.
Mar tenebroso por su inmensidad
y saber que nos oculta algún secreto.
La simple brisa nos tabalea,
el suave aleteo de una mariposa nos eleva por el aire
en un vuelo de placer efímero,
y la furia del viento nos arrastra contra las rocas,
colgándonos de los árboles como lágrimas,
mezclados entre basura y hojas secas.
La marea nos atrapa y suelta
con impetuosa caricia y el bálago de su boca
deja en nuestros labios su esencia salada.
Escondemos tesoros y peligros,
traicioneras trampas de esquirlas herrumbrosas
y puntas de cristales que cortan como navajas.
Cuando el amoroso contacto no suavizó sus aristas
ni los domó la fuerza del oleaje o el látigo del viento,
nos convertimos en cómplices de su daño.
Somos granos de arena calentados por un mismo sol
y enfriados por distintas noches.
Somos granos de arena, apiñados unos contra otros,
igual que ramajes en una selva de diminutos guijarros,
frágiles por separado, pero unidos, tan fuertes
que con vendavales hacemos grandiosas dunas,
catedrales para nuestros dioses.

Desde mi dolor

Desde mi dolor te escucho
y con la punta de los dedos cojo el tuyo.
Con sumo cuidado para no dañarlo
lo indago, me salgo, lo observo.
Es un dolor concreto, determinado,
con solución clara y definida.
Mi dolor es profundo, diluido en sangre, extenso.
Olvido el mío y te escucho,
tu dolor tiene una solución definida
el mío, no tiene remedio. 

Después de andar por tu cerebro,

navegar por tu voz,

ver detrás de tus palabras,

se trata la cura aun sabiendo que volverás

a arrancarte la postilla.

Abrirás una y otra vez la herida,

repitiendo los errores.

He traspasado en la ayuda, los límites de la razón,

alcanzado el líquido del espíritu,

su agitación me ha hecho perder el equilibrio,

me tambaleo, cuesta encontrar de nuevo el eje,

el ancla que me sujete al suelo.


Mi agonía es lenta, silenciosa, en continua lucha,
dando palos de ciego.
Es la vida que persevera en levantarme
y yo se lo permito.
Este dolor es un vacío con un agujero negro,
en el que caigo lentamente, tragado por su abismo
desde allí un grito ahogado se apaga como un eco.
La vida persiste, me reclama,
y saco la punta de los dedos.

Soy piedra


Soy una pequeña piedra
lanzada al mar.
No tengo piernas ni brazos,
andar me asusta,
las olas me llevan a capricho
de un lugar a otro.
Unas veces aparezco en la orilla,
otras en el fondo del océano.
He visto risueñas almejas,
conchas hermosas,
corales de vivos colores
que nadan alegres
como peces en el agua.
Mientras yo, triste
y abandonada piedra.
Desde que mis recuerdos
me acompañan,
tuve miedo a todo,
y, aunque nunca dudé
de quién soy,
no pude evitar sus reflejos.
Preferí esconderme
enterrada en la arena,
pasar desapercibida,
sin más brillo que la sal
que cubría mi cuerpo.
Cuando mojada, el sol,
le hacía destellos,
efímeros como un instante
cuando el aire los seca.
Detesto el movimiento
porque este me obliga
a rodar en peregrina búsqueda
sin controlar las direcciones.
Como no tengo pies ni aletas,
cuando avanzo mis andares
son lentos y torpes.
No aceptaron mi diferencia,
aún oigo sus voces,
¡anda, rueda!, desconfiando
de mis deformes contornos,
sembrando en mi ánimo
esta imagen imperfecta.
No logro desprenderme de sus ecos,
que como acero me anclan
resonando sus golpes
sobre mi cóncava materia.
Huyo de la playa
deseando que la marea
me lleve en su regazo.
 

Nacer Morir


Nacer y morir tan sólo un

gemido

   suspiro

    quejido

      grito

       alarido

         eco

           exhalación

             silencio

Para el universo un soplo de su aliento.

Me atrapas


Me enredas entre tus lazos de ladrillos,
has puesto un sofá para seducir mi cuerpo,
una cama en el dormitorio que me recibe
cada noche
y un fuego en la cocina para alimentarme.
Permitiste que te invadieran mis trastos,
dejara las cosas mal recogidas y descuidara
tus entrañas, dejando que el tiempo
dañara tu estructura.
No es que me ofrecieras mucho,
aunque sería una desagradecida
pues menos da una piedra o un cartón
en el rincón de un cajero automático.
Me atrapas entre tus paredes,
ajustamos tanto nuestros cuerpos
que apenas podemos bailar
sin temor a romper algo.
Nos hemos acostumbrado
a pasar los días juntas,
sin hablarnos casi, entretenidas
con la tele o leyendo.
De vez en cuando escuchamos
nuestras voces
como suena la música de fondo.
Me cobijas, aunque soy tu esclava,
tú tienes el espíritu sedentario,
mientras yo quería alzar el vuelo,
tomando asiento en distintos lugares.
No es culpa tuya, lo sé
y mal hago con estos reproches.
Me abres las ventanas y me gritas,
anda, lánzate y vuela
o abre la puerta y márchate
de una vez para  siempre.
Estas bravuconadas las haces
porque me conoces,
porque me tienes bien cogida
por brazos y piernas.
Vamos a echar la llave,
guardaremos silencio
y que nadie nos moleste.

Cuando los años prestan la libertad

 Cuando los años prestan la libertad
que da la confianza de la sabia experiencia,
una verdad se impone a rajatabla:
nuestra vulnerable esencia, el frágil cuerpo
que lo sustenta y la vida con sus caprichos.
Lo peor es que has perdido agudeza en los sentidos.
Tal vez por ello todo parezca tan distinto y apagado,
pero hay motivos suficientes para que la mañana
luzca menos fresca y luminosa.

Borrarme

 
Una vez que me convierto en identidad
quiero borrarme,
ser un objeto sin clasificación,
anónimo moverme entre la gente,
ir libre como por lugares nuevos,
que mis facciones no sean reconocidas,
sean mis señas como luna nueva,
no importe mi nombre ni a qué me dedico,
si llueve en el cielo soleado de los otros
no esté obligado a llevar el paraguas
de una sonrisa.
Pocos días me concede este anonimato,
este libertinaje sin obligaciones ni deberes.
Pronto me cuelgan de una percha
según modelo que garantiza y fija los méritos
y llegan las etiquetas
que marcan en rojo mi precio.

Corre el aire salado mientras camino

 Corre el aire salado mientras camino
sobre la arena llena de piedras,
cristales rotos, conchas, trozos de madera, latas oxidadas,
basura variopinta,
desde juguetes rotos a tapones, envoltorios,
detritus que el mar abandona.
Danza el océano con olas atrapadas
en la cárcel de esta orilla
y su fiero rugir se deja acariciar
como mansa bestia domesticada.
Parece un cubo inmenso
lleno de agua mecido por el brazo
de un gigante que esconde su cabeza
entre estas nubes blancas.

En mi habitación


En mi habitación sin ventana,
sus contornos contienen mi todo.
Cada día escarbé con uñas la pared
hasta que  abrí un agujero por donde entró la luz,  
y mi ojo descubría al otro lado
un limitado paisaje lleno de promesas.
Sigo picando el cemento sin tregua ni descanso.
Se cubre el suelo de la caliza caída,
poco a poco el hueco se hace más grande.
Horado el muro, la oscuridad cede espacio
a los gruesos rayos del sol
que se acomodan por los rincones,  
merodean y juegan con mi silueta
trazando destellos de oro.
Las estrellas y la luna, como luciérnagas,
me acompañan en la noche
y amanecen dormidas sobre mi almohada.
Quizá un día consiga hacer un gran boquete
por donde entre mi cuerpo al nuevo territorio.
Espero que lo de ahí afuera no me defraude.
Pero dudo si quedarme para siempre dentro
porque ya tengo una habitación con ventana
y toda la vida al alcance de mi mano.
y a mi alcance toda la vida.

Dejamos al descubierto nuestro pecho

 Dejamos al descubierto nuestro pecho
al perverso vapor de la tristeza
que como nube nos rodea
y destruye la ilusión.

Gracias


Gracias por aliviar el cansancio
de mis torpes pies,
de enseñarme el olor a tierra,
los bellos colores y cantos de los pájaros,
dejarme ser la madre cuidadora
cuando de sus nidos se cayeron.
Gracias porque de tu mano
me llevaste al descanso sobre la duna
fresca bajo la sombra de un pino
y recoger de las flores las incautas alúas,
cautivas en latas agujereadas para ser
anzuelos de otras inocentes víctimas.
Gracias por el caballito de tus rodillas
en las mañanas de domingo
y tus bromas que hasta cierto punto
me incomodaban pero te definían.
Gracias por enseñarme las cosas
que guardabas para otro sexo,
por darme a conocer las delicias del campo,
el contacto con las plantas y animales,
hundir las manos en la tierra
que es como entrar en el útero del mundo.
Gracias por todo esto y por lo que no recuerdo
y por este tesoro olvido lo malo.
Gracias por las risas y tu cantar
frente al espejo cuando te afeitabas,
por las historias tremebundas
en las noches de tormenta,
las inventadas y reales,
que llenaban de fantasía mi cabeza,
leyendas que abrían la mágica puerta
donde se ocultaba un pasado,
la belleza del héroe, las tragedias
de aquellos que pasaron por la vida fugazmente.
Tú me las repetías, como una letanía,
para tratar de retener lo que el tiempo
con la soberbia diluye o aniquila.
Hoy vuelves a nuestros presentes
agarrado a los dedos de la memoria,
convertido en astro que ya recorre
el sendero cósmico.
 

Piso


Piso cardos y espinos
y acarician mi rostro pétalos de flores.
Mis pies caminan por piedras y fango
y mis ojos miran más allá de las nubes.

Esto y aquello


No quiero esto y sí aquello,
pero esto se obstina y aquello huye.
Esto es cansino, se repite con el mismo
discurso, siempre,
mientras aquello se insinúa, me seduce,
y al final se pierde entre palabras vacías.
Esto no me deja, pero no me quiere,
y aquello, ah aquello, cuánto promete
y cuánto miente, pero lo deseo.
Esto es cercano, pura rutina acostumbrada,
aquello es huidizo, un sueño inalcanzable.