Dios sin criterios ni creencias,
ello y no aquello.
Soy el no yo, el universo mismo,
y dejo al yo en su tumba
donde rezan miedo y dolor.
Dios sin creencias ni criterios
EN nuestros paseos sabemos
EN nuestros paseos sabemos
que estos pasos serán huellas
en otro mañana.
Trazamos día a día un mismo recorrido
y siempre nos sorprende
la belleza de algún detalle.
En esta noche húmeda,
nuestros rostros reciben
un frío que aviva la sangre.
Al abrigo cálido de nuestras prendas
se une el calor de nuestros cuerpos
agarrados el uno al otro.
Hablamos de muchas cosas,
añoramos ya
este presente
que será recuerdo
o quizá olvido.
Intentamos retener en la mirada
la solemnidad de estos contornos,
su imagen fantasmal bajo la bruma.
Son cuerpos que dicen ser inertes,
sin embargo, cuánta memoria dialoga
con estas gotas suspendidas en el aire.
He mirado
He mirado
el trecho marcado de mis palabras
escuchadas por ojos extraños.
Fueron selladas al papel,
trazaron un paisaje de senderos.
Puertas y ventanas abiertas al vacío
eran sus intervalos
allí donde su río dejaba un lecho seco.
Qué mágico encanto convirtió
la voz en estatua,
no de piedra ni mármol,
sino obra líquida
que adquiere múltiples formas
con el corazón que las siente.
No estoy sola pues tú estás
No estoy sola pues tú estás
en la luz que recorre las calles.
Sobre las nubes siembras destellos
con pinceles mojados en oro líquido
nacido de minas ocultas en el infinito
donde la Luz habita.
Y las nubes me enseñan
cómo es nuestra vida, constante fluir.
Las veo seguir su camino
llevadas por brisa a veces,
empujadas por un viento hostil otras.
No es soledad vacía pues el mundo
penetra por cada poro de mi piel.
Oigo los ecos y su armoniosa melodía
son cantos de otro universo oculto
tras el cristal opaco de mis ojos.
Sombras somos, sombras deformes
de un paisaje distinto,
más intensos son sus colores,
indefinidos sus detalles.
Mi mirada imperfecta sigue entre tinieblas
con la guía de un impalpable hálito.
Algo sin forma llena y rodea mi cuerpo
y sin ataduras se desenvuelve por los espacios.
No tiene nombre aunque es nombrada alma
y me impulsa hacia un lugar
que nunca alcanzo.
Soy un tenue fulgor de lo perpetuo,
masa de un reflejo,
mota de polvo suspendida,
luz que atraviesa esta sumergida oscuridad.
Intuyo, sospecho, confío y espero
saberme diminuto instante de luz,
brillo en un inhóspito horizonte.
Me paseo por este valle,
mi oriente y mi oeste de cada día,
mi orto y mi ocaso eterno.
Qué corta queda la palabra
Qué corta queda la palabra,
qué sumisa se muestra a lo inefable.
La palabra se dice, se pregona,
se encierra y deja en el aire su grito,
en la piedra, su huella.
Qué triste está la palabra,
qué ardua lucha su propósito.
La palabra se alza valiente
aun quedando su bravura
en un leve suspiro.
La palabra, qué hermosura en la boca,
en los trazos de sus sonidos.
Pobre palabra que por torpeza enmudece.
Toda ella se esfuerza
para dejar la verdad apenas difuminada,
insinuada luz, filtrado rayo
por el agujero de su cerradura.
Ah, la palabra con pecado concebida,
mácula en un lienzo blanco,
encarnado verbo,
fuego, fulgor, llama, lumbre,
claridad mínima que penetra
por una ventana entornada.
Que las olas me encuentren
Que las olas me encuentren
sin oponer resistencia,
aunque a veces me cubran con rabia
y dejen mi boca ahogada en sal.
Escupiré al mar si no me hunde,
me dejaré mecer, acariciar por el sol.
Frente al frío de la noche,
siempre vienen sus primeros rayos cálidos.
Nada retengo pues, nada es mío,
todo es prestado, suspiros y llantos,
la lágrima y la sonrisa que me limpian.
Dejo pasar estos segundos
con los que el tiempo me engaña.
Se ha ido hoy la luz
Se ha ido hoy la luz,
la artificial,
esa que cuelga del cielo de nuestros techos,
sobre los espejos y las mesas,
alumbran rincones de la casa,
avenidas y callejones oscuros
y activan nuestros electrodomésticos.
Qué voraz es su apetito
que devora hasta las estrellas
y qué torpe es el hábito ante su abandono.
Mi mano acostumbrada
sigue inútil pulsando los interruptores.
Qué triste dependencia,
qué esclavitud.
Acaso el aire, el agua, el alimento y el fuego
que abriga y alumbra no sea suficiente.
Saber modular la voz de los sueños
para dar sentido a la palabra y sus actos
nos consuela y da serenidad al espíritu.
Ser libres no es gritarle al viento,
sino desatar los finos hilos de la rutina,
bañarnos en el universo
que busca el equilibrio a capricho.
Nadie cuenta con mapa
para recorrer ese dédalo.
A veces nos viene bien
desviar el eje de la balanza.
Aligeremos los pies de la tierra
y que la carga sea leve.
Si hago un lazo se suelta
Si hago un lazo se suelta,
si hago un nudo se deshace.
Qué hacer con estos pájaros
para que queden en mi jardín
con sus alegres trinos,
y, después de sus peregrinos vuelos,
pernocten de vez en cuando en casa.
Aconseja el jardinero
Aconseja el jardinero
retirar las hojas mustias,
arrancar el cáliz marchito,
dejar el pedúnculo limpio
para mejorar la floración.
Tal como brota la rosa,
así la dejo que siga su curso
y sea el tiempo quien seque sus pétalos.
Ha llegado la noche por sorpresa
Ha llegado la noche por sorpresa.
¡Qué pronto trae este otoño su negrura!
Y, sin deseo, el cuerpo exige su rutina.
No le concede a la voluntad
la más mínima muestra de pereza,
porque sabe que hasta en la nada
hay que rebuscar un resto de ilusión.
Adónde se fueron los vencejos
¿Adónde se fueron los vencejos
que anidaron en las grietas de las tejas,
en la torre del campanario,
en los altos cipreses de la plaza?
***
Este valle oculto
de oscuras sombras
lo recorren ríos
de aguas gélidas
que bajan de las montañas.
***
Muere de hastío la mariposa,
será polvo de plata.
Muere rendida la mariposa,
rotas tiene las alas.
***
No voy hacia dentro,
ni estoy afuera.
Fluyo ligera, vaporosa,
hacia arriba.
***
Por qué voy siempre
de la calma a la lucha,
de la inquietud al sosiego,
sin poder detenerme
en este fluir continuo.
Hay cosas que son hermosas
Hay cosas que son hermosas
solo si la ves de cerca,
unidas piel y carne.
Otras sin embargo,
lo son en la distancia
y si te arrimas, nos decepcionan.
Las de cerca nunca engañan,
confirman o desmienten su belleza,
si te guía la claridad y discernimiento.
La mirada confundida dibujó un paisaje
en su horizonte,
un valle desde una cima.
Los pasos le llevaron hacia él
y aquel cuadro uniforme
se transformó en piezas sueltas de un puzle
que perdían la figura armoniosa
y la mezcla de colores se diluía
como pintura en el agua.
Quedaron desfigurados sus contornos,
las curvadas líneas eran aristas puntiagudas.
Aparecieron espacios horribles,
ocultos a la mirada remota
que no apreciaron los límites
ni las diferencias en la lejanía.
Entre sus huecos se acumulaban desechos,
oscuridad y abandono.
Tal vez el Dios,
desde el inconmensurable infinito,
quedara satisfecho con su creación
precisamente por estar tan distante.
Si agudizara el ojo,
si bajara de su alto trono,
quizá reconociera que su obra
no fue tan buena ni perfecta,
ni era tan intenso el azul de su cielo,
ni su bola de cristal tan brillante y luminosa.
Estaría bien que retomara el pincel,
se fijara muy de cerca en los detalles,
limpiara con trazos bellos
los rincones sucios,
la pintura cubierta de polvo,
los defectos que, afinando la vista,
sobresalen del cuadro
que Él admiraba desde la lontananza de su reino.
Con su lento paso
Con su lento paso,
ella marca mi ritmo, tiempo y modo,
impone su medida,
me lleva por desvíos.
Decide ante mi desesperación las pausas,
perfila en el horizonte,
señales de humo engañosas
y no promete nunca nada.
Se empeña en alentarme a continuar,
quiere que establezcamos una promesa tácita,
nube que quizá el viento se lleve.
Tiene sus trucos para dirigirme
por un camino tortuoso,
tirar de calendarios con el anzuelo
del mes siguiente.
Es compañera de los segundos,
amante de años,
ignora los relojes y no atiende a cronologías.
Se expresa siempre tranquila, libre.
Su mirada es transparente,
son nuestros ojos obstinados.
Tiene el ánimo incorregible de la fe ciega.
Es melodía del viento
no sujeta a pentagramas.
Sus notas se dispersan como hojas
caídas de un árbol que olvida el tiempo
y niega el apoyo de la mano
que pronto dirija a la meta.
Es su hábitat el lago del estoicismo,
el río de la fortaleza, el inmenso océano
de la resignación.
Borrar el deseo de tu vocabulario,
soñar por soñar, establecer con ella
una sosegada conversación, escucharla,
practicar sus calmados modales,
imitar su andar sin apego.
La paciencia parece ser amiga
y no se inmuta ni le duele el corazón
si ante las circunstancias
tiene que traicionarme.
La paciencia se ríe en nuestra cara,
nada le preocupa ni le angustia,
impone sus maneras.
Y acabo por aceptar sus condiciones,
una se rinde siempre ante su tajante decisión.
La eternidad le pertenece.