Hay cosas que son hermosas

 Hay cosas que son hermosas
solo si la ves de cerca,
unidas piel y carne.
Otras sin embargo,
lo son en la distancia
y si te arrimas, nos decepcionan.
Las de cerca nunca engañan,
confirman o desmienten su belleza,
si te guía la claridad y discernimiento.

La mirada confundida dibujó un paisaje
en su horizonte,
un valle desde una cima.
Los pasos le llevaron hacia él 
y aquel cuadro uniforme 
se transformó en piezas sueltas de un puzle 
que perdían la figura armoniosa
y la mezcla de colores se diluía
como pintura en el agua. 
Quedaron desfigurados sus contornos,
las curvadas líneas eran aristas puntiagudas.
Aparecieron espacios horribles,
ocultos a la mirada remota 
que no apreciaron los límites
ni las diferencias en la lejanía.
Entre sus huecos se acumulaban desechos,
oscuridad y abandono.

Tal vez el Dios,
desde el inconmensurable infinito,
quedara satisfecho con su creación
precisamente por estar tan distante.
Si agudizara el ojo,
si bajara de su alto trono,
quizá reconociera que su obra
no fue tan buena ni perfecta,
ni era tan intenso el azul de su cielo,
ni su bola de cristal tan brillante y luminosa.

Estaría bien que retomara el pincel,
se fijara muy de cerca en los detalles,
limpiara con trazos bellos
los rincones sucios, 
la pintura cubierta de polvo,
los defectos que, afinando la vista,
sobresalen del cuadro
que Él admiraba desde la lontananza de su reino.

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