Supiste acaso que esa falda con peto
de tela de cuadros y tableada,
que estrenaste para un encuentro de amor.
Sabías acaso por aquel entonces
que acabaría en trozos unidos
en la manta que te cubre cada noche de invierno.
Si a tu oído vinieran volando mariposas,
las mirarías con ternura y encanto
y darías cuenta solo de su belleza.
Si los gorriones que distraían
tu mirada embelesada, te cantaran estos otoños
quedarías embobada con sus trinos de primavera.
Ya viniera el fuerte viento de levante
a trastornar tu cabeza y enredar tus cabellos,
sonreirías frente a las olas,
envuelta con la dulzura de su espuma blanca.
Después de todo, aquellos sentidos
puestos a hervor estaban tan gozosos,
de sus burbujas que en su corazón solo sentía fuego
para aquellas delicias,
perlas estrenadas de un regalo tan soñado
y esperado, aunque tardío,
despertabas a la vida.
Supiste acaso que esa falda con peto
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario