Un oasis entre muros

Un oasis entre muros,
el jardín de un falso palacio,
trinos de gorriones
entre las ramas de un ciruelo
sin hojas.
Un jilguero canta
en una jaula,
libres vuelan gaviotas y palomas.
Sueñan las nubes
con ser espuma de mar.

Mira la niña al cielo,
se le escapó su globo.
Triste queda, sueña
que se lo devuelva el viento.
De la nube de sus ojos
caerá la lluvia de su llanto.

Mientras, el cielo sonríe,
contento de tan linda ave
que sin alas surca
su azul manto.

Quién cuidará nuestros muertos

¿Quién cuidará nuestros muertos
cuando estemos muertos?

¡Qué manía humana
guardar en nichos
cuerpos corruptos!
No está el ser querido allí,
solo carne y sangre congelada,
alimento para insectos,
huesos roídos.
El fuego, destructor y creador
de vida,
siembra semillas sobre la tierra,
túmulo de cadáveres
y cuna para nacidos.
Vinimos para ser reducidos
a polvo.
Entregados al fuego ir al aire,
a la tierra, al mar.
Queremos retener el cuerpo,
no dejar que se escape
su sustancia,
atmósfera pura que lo encierre.

Nos consuela llevarle flores
a una tumba muda,
a la fría lápida con una foto ajada,
corroídas por gusanos,
picoteados por pájaros
sus pétalos secos.
Lustroso mármol comido por el sol,
diluida memoria por el viento.
Como orillas del río
están talladas en la piedra unas fechas,
condensado tiempo hueco
que tanto llenaron los años.
Tal vez escrita haya una oración,
el epitafio póstumo,
la metáfora de un verso.

Olvidamos que es la esencia
lo que permanece
de ese ser intangible
y a la vez más sentido,
retenido en el recuerdo.

Somos para los otros
su memoria
y ellos existen en la nuestra.
Fugaz es nuestra vida
y se resiste al olvido.
Hay vidas cortas
y muy vivos muertos,
hay vidas que estuvieron
abocadas al abandono,
una anónima existencia,
una ignorada muerte.
Hay vidas tan tristes
que ni siquiera
llegaron a ser olvido,

Vidas son todas,
muerte son muchas
polvo de eternidad,
el mundo.

Descanse en paz

Decían que nos parecíamos
aunque nos separaba una década.
Compartíamos la herencia en los rasgos
de la parte paterna,
matizados con detalles
venidos por la otra rama.
Hoy acabó su historia de vida,
puso punto y final a su novela.

Parió hijos con un hombre
que no la respetaba.
Murió el hombre y la dejó
joven y sola.
La vida a estas mujeres
les enseña a cuidar hijos
y después a una madre anciana.
Encontró en su madurez
una ilusión que el tiempo
convirtió en amor fracasado,
deshilachado cierre
de lo que pudo ser
un hermoso vestido.
De nuevo le traía la rutina,
luchar ahora con los nietos.

Apenas tres meses
le concedió la vida de prórroga.
Está bien que sea corto el sufrimiento,
la despedida rápida.
Su agonía, en soledad,
bajo el atento cuidado de extraños,
la mirada ajena,
el afecto y el calor de otra piel,
prójimo unido por el mismo sino.

Sigue tu senda a través del cosmos
donde no existe dolor ni consciencia.

Ser ligero de residuos,
de nuestros miedos,
angustias, dolor,
cansado vivir.
Ser partícula libre
sin las humanas ataduras,

Desde algún lugar
quizá nos mires
¡compadeciéndonos!

Verbalizar el día

Despierto, me aseo, desayuno, salgo,
transito, tropiezo, miro, llego,
alcanzo, encuentro, pierdo, gano,
callo, escucho, respondo, tarareo,
discuto, acepto, asumo, rechazo,
comprendo,
como, bebo, respiro, me canso,
olvido, recuerdo, amo, desprecio,
trago, expulso,
espero, deseo, vivo, sueño,
y soy soñado,
muero.

Acaso saben las flores

¿Acaso saben las flores
la belleza de su jardín?,
¿la rosa que duele su espina,
si muere entre el aroma
de su suspiro?
¿Acaso la vida tiene la palabra
justa,
el cierre perfecto,
la llave sin puerta?
¿Acaso sé si, disuelto mi ser,
será este que ya se desconoce?

 

El amor es metáfora

El amor es metáfora,
ni palabra ni comparación,
ni concepto sustantivo.
El amor es la expresión adjetivada
de los ojos que, más que ver,
miran,
la boca que busca otra boca,
soledades conjuntas.

El amor es nombre ingrato,
cubierto de lodo
como los grandes nombres,
dios, eternidad, paz, verdad.

Ay, el amor que duele
por su ausencia
y goza por el roce íntimo.

Amor con mayúscula
es amor conjugado
siempre en presente,
no el amo de poder
que eso es siervo y señor.

Amorrrrrrrrrrrrrrrrrr,
con resonancia,
abierto al universo,
cuerpo que arde en llamas
que no queman,
fuego que da vida.

Amor desnudo sin florituras,
profundo, sin el vulgar
apasionamiento,
fugaz destello que alumbra
los sentidos despiertos,
y los anula en su punto
álgido.

Nada de amor ciego,
amor que camina a paso
lento y cuidado,
removiendo las brasas,
procurando no se enfríe
aquello que surgió de un sol.

Amor que crece por los espacios
íntimos de tu territorio,
cuerpos encarnados
de una herida virginal.

Amor creado desde el propio amor,
sin modelo ni horma,
arte puro y único de su artesanía.
Todas las cáscaras
que al amor se apegan
no son culpa de su esencia,
sino de las mentiras pegajosas
adheridas del mundo.

Aprender el amor
es nuestra meta,
no el egoísta fin
de conocernos a nosotros mismos.

El amor es tu espejo
mira qué rostro dibuja
y sabrás si eso que tú sientes
es amor o engaño.

Amor en el sexo,
más no, sexo es amor.
Amor limitado, constreñido,
amor de pareja o grupo,
amor infinito al mundo.

El sexo es sólo gusto,
el amor, el alimento.

Acaricia el aire las calles

Acaricia el aire las calles,
levanta las plumas
de una pareja de palomas.
Buscan el calor y se refugian
sobre el tejado de una casa,
al amparo de la alta chimenea.
Juntan sus picos,
como dos enamorados.
Mientras la tarde avanza,
decae el sol por el horizonte
su intenso globo rojo,
es ardiente fuego sobre los cristales.

 

Es el perpetuo fluir cósmico



Es el perpetuo fluir cósmico,
la prendida llama que activó
el movimiento sin fin.
Extraña es la aniquilación
del suicida,
pues rompe la inercia
de un principio vital.
Creer que la muerte
frena el giro continuo
es falsa apariencia,
deforma la figura
al ceder el cuerpo
en el engaño
de un eterno reposo.
Destrucción que el ojo ve
en su errada ilusión
de un misterio oculto.
La eternidad engendra
infinitas vidas
en un trasiego imparable.
Dentro de la muerte
el tiempo sin medida
marca su monótono tic tac.

Le gustaba girar la peonza

Le gustaba girar la peonza,
bailarina con tutú de madera,
rotaba armónica sobre un pie
y frenaba en seco.
Mientras daba vueltas,
imbuido por la belleza
de su danza,
sus ojos perdidos en algún sueño
brillaban como los de un niño.
Con movimiento preciso
de pulgar e índice
la ponía a bailar,
artífice de la creación
del cosmos.
Finalizada la obra,
como la muerte del cisne,
caía con la cabeza postrada
sobre el suelo.
Quedan aún sus huellas
en la peonza
resistiéndose al olvido.

Sentir aquella pura esencia

Sentir aquella pura esencia,
único perfil de un remoto rostro,
el que persiste al gesto sin muecas
frente a la balanza del tiempo
que reparte en sus platos
de oscurecido ocre
pesas de arena húmeda
y fuego sublime.

 

Diluida en la brisa del mar

Diluida en la brisa del mar
se perdió la belleza
de esta mentira.
Fueron alimento de gaviotas
las flores secas de los sueños.
Se doró el cuerpo bajo soles
sin prever las quemaduras
del tiempo indolente.
La arena cálida acariciaba
un presente olvidado
y del hoy las olas no extraen
la sensual melodía,
sino el ronco rugir
del salvaje oleaje de los miedos.
Las pisadas sobre la arena mojada,
las borró la espuma de la orilla,
arrasó su lengua el refugio
del recuerdo inocente.
El mar bebió las lágrimas
de la soledad infinita,
hundió el sollozo en sus aguas,
que, llevado por la corriente,
se juntó en salado remolino
con todo el dolor del mundo.

De esta vía parte un tren

De esta vía parte un tren
de juguete
sobre un mundo de maqueta.
Llevará su carga repartida
en distintos vagones
según peso y características,
quizá por simple gusto,
estética y colorido,
incluso, al capricho del azar.
A la señal del jefe de estación
el maquinista emprenderá el viaje
y estas pasajeras con la nariz pegada
a la ventanilla
irán descubriendo nuevos paisajes,
hermosos paisajes,
lejanos paisajes,
asépticos paisajes,
eternos paisajes,
de calendario.

Esa cosa llamada felicidad

Esa cosa llamada felicidad
es hilo frágil,
finos rayos de sol
que hacen galaxia de polvo,
minúsculas partículas
y seres microscópicos,
en la oscuridad.
Felicidad, cantos de sirenas
que atraen al navegante
hacia el abismo del océano.
Papel de seda que se desgarra
al leve roce.

Deshace la gota
la palabra alegría.
Gozo efímero, nube sobre
nuestras cabezas,
densidad falsa que escapa
al ser atrapada.

Bruma dispersa por un ardiente sol
que muestra al amanecer
la fealdad de un mundo,
el dolor constante de la tierra pariendo.

Vida y muerte,
melodías y alaridos
alegría y sollozos,
falso todo, nada
es constante ni verdadero.

¿Quién puede retener ese tesoro?
¿Cuánto tiempo poder disfrutarlo
entre las manos?
Sus brillantes destellos
nos deslumbran
mas sólo es un truco
de magia.
Ese cofre está vacío.