Eros

Eros, dios de los placeres,
agitado frenesí en primavera,
ardiente fuego encendido
de un sol de verano,
sosegado otoño vendrá
y llegará el olvido en invierno.
Quizá traiga el aire, a veces,
reminiscencia del aroma
de una lejana primavera.
Sólo soñar de un ayer,
desvarío senil,
el ocaso de una juventud
que traerán las tinieblas
tras ese horizonte.

Vive, Eros, en el corazón que late,
en la carne que se corrompe,
en el espíritu que vuela
sobre un bello prado verde.
Pero el alma calla
su ausencia, no añora
el fértil alimento
ni reclama el néctar de unos labios,
sólo olvida y, acaso, sueña.

No hay comentarios:

Publicar un comentario