Supiste acaso que esa falda con peto
de tela de cuadros y tableada,
que estrenaste para un encuentro de amor.
Sabías acaso por aquel entonces
que acabaría en trozos unidos
en la manta que te cubre cada noche de invierno.
Si a tu oído vinieran volando mariposas,
las mirarías con ternura y encanto
y darías cuenta solo de su belleza.
Si los gorriones que distraían
tu mirada embelesada, te cantaran estos otoños
quedarías embobada con sus trinos de primavera.
Ya viniera el fuerte viento de levante
a trastornar tu cabeza y enredar tus cabellos,
sonreirías frente a las olas,
envuelta con la dulzura de su espuma blanca.
Después de todo, aquellos sentidos
puestos a hervor estaban tan gozosos,
de sus burbujas que en su corazón solo sentía fuego
para aquellas delicias,
perlas estrenadas de un regalo tan soñado
y esperado, aunque tardío,
despertabas a la vida.
Supiste acaso que esa falda con peto
Estos días andan revueltos
Estos días andan revueltos
como adolescentes,
cambian sin motivo su ánimo.
Su rostro se oscurece tan pronto
como reían antes
y muestran con desparpajo
sus sonrisas blancas e ilusas.
Se aíslan y buscan soledad
o se exhiben con arrogancia
y no hay cadenas que los aten.
Hablan con elocuencia
y al instante siguiente
se encierran en un pétreo mutismo.
Ha perdido la cordura este cielo,
habrá que esperar pase
esta etapa de crisis,
donde son volubles los deseos
y no encuentra asiento la costumbre.
Esperemos que la efervescencia
y primavera caprichosa
traiga la madurez en el comportamiento.
Pero no hay verano sin tormenta
ni otoño sin sofocos
y, aunque el invierno hace frío,
también tendrá sus imprevistos naturales
y sus duras consecuencias.
Este horizonte pinta paisajes
que solo son sueños.
Todo es engaño,
caminos tortuosos que ofrecen
a veces el recreo
para el disfrute breve como esta nube,
novia vestida de blanco
que ya arrastra la cola de sombras.
Aunque guardo en el almacén
Aunque guardo en el almacén
algunas de sus armas y escudos,
no me gustan las batallas,
siempre dejan cubierta la tierra
de cadáveres.
Prefiero luchar conmigo misma
y deshacerme de esta propiedad penosa,
cortarle las alas al ego
y sin peso volar.
Este majestuoso cielo
Este majestuoso cielo,
abullonado de nubes,
cúpula del templo de este mundo,
abre lagunas de un claro azul,
espejos brillantes,
encajes primorosos,
sueños floridos.
Los rayos del sol
rompen su apretura,
llenan nuestros ojos de luz
y el corazón de esperanza,
aunque amenacen nubes grises
en el horizonte,
no será perpetúa su penumbra.
Qué pronto se va la tarde de domingo
Qué pronto se va la tarde de domingo.
Fugaz abandona el sol su cenit,
corren las horas por el horizonte.
Nació el día y llegó el ocaso
y la noche se sembró de sombras.
Rápido va la vida,
deja atrás a todos los presentes,
busca la amistad del recién instante
y su mirada puesta en el después.
Qué tarde, sin embargo, llega el sueño
para este durmiente.
Los párpados del deseo acumulan insomnio,
arrastran el pesado cuerpo de la voluntad,
lento, a un ritmo imprevisible
quizá la mano alcance su premio.
Era la casa de muchos recuerdos
Era la casa de muchos recuerdos,
de trastos acumulados,
ofrendas para los caprichosos ojos,
objetos que dejaron de ser útiles
y a otras manos sirven.
Fue hormiga trepadora
Fue hormiga trepadora
y olvido de noche,
ausencia de palabra,
colmillo de lobo.
Nada se entiende,
ni traza razones
el eco que vuela sin alas.
Fue castillo sin torreón
atacado por corsarios,
le engañó la bruma
entre mar y cielo
y encontró su derrota.
Nada se ajusta a la línea recta
por donde la hormiga avanza,
lenta, ciega, sumisa
camina hacia el precipicio
de su inconsciencia.
Hoy es de esos días que miras un cielo
Hoy es de esos días que miras un cielo
olvidado con el trajín de la rutina.
Te asombra y conmueve ese paisaje,
fondo de claro azul
pincelado de nubes blancas,
parecen barcos veleros sobre ese mar.
En tan poco, ¡cuánta belleza!
Camina por la calle, solitario, el ciego
Camina por la calle, solitario, el ciego
bajo un sol penetrante.
Arrastra de lado a lado su bastón
sobre los adoquines
con un rítmico traqueteo.
Un gato color melocotón
descansa sobre el pretil
de una ventana alta,
sigue al ciego
atraída por el compás.
Ella, distraída, los observa.
Y desde otra ventana
se desliza tras el cristal una sombra.
Son ojos que se miran
mientras el ciego avanza.
Viste el rostro de vida
Viste el rostro de vida,
la mirada llena de luz,
de mejilla a mejilla la sonrisa.
Es ese velo traslúcido,
esa capa de color encendido,
el brillo en el semblante
y el negro cielo cubierto de estrellas
de su iris.
Un corazón palpita
al unísono
con otro corazón.
He alzado la mirada y, devuelta
He alzado la mirada y, devuelta
a la sorpresa de este horizonte,
pienso, cuántos momentos perdí.
Y ya se regodea el alma con el mañana,
deposita en su cuerpo débil
la anchura de las promesas.
Para este sueño reincidente
tendrá que venir el viento
con su bruscos despertares,
con su bofetada de heladas rachas,
y sacarme de este empeño
de recuperar aquel onírico paisaje.
Fue verdad, lo supe, creí en su certeza
y los días me llevan por caminos
con la boca abierta para beber la magia
y recitar un trabalenguas de sortilegios.
A pesar de las nubes la noche es clara
A pesar de las nubes la noche es clara, las lleva el viento y a ratos cubren una luna que crece cada día. Al cruzarse por encima su claridad, deja rastros luminosos, bordes de un gris teñido de burdeos. Es noche profunda y sin embargo, parece el inicio de una nueva alba. Perfila la luz clara con maestría este mundo que duerme. Sobre ese fondo misterioso emerge la rotunda presencia de una iglesia, trazado cada detalle con limpias líneas. No hace falta un sol para mostrarla en toda su grandeza. Hacia poniente, donde se hacen nudo las tinieblas, se levanta suave una espadaña, culminada por una rústica y pétrea cruz. Al este, buscando la luz, está la torre del campanario, hermosa silueta con los cuatro arcos de los vanos de sus ventanas tragando todas las sombras. Con su viejos yugos de madera y solo tres campanas silenciosas. Dentro, a resguardo, dormitan las palomas.
En esta noche de clara luna, bañada de gruesas nubes cargadas de lluvia, el insomne, antes de rendirse al sueño, respira su belleza y deja acariciar su rostro por este aire frío. Son como estas nubes claras y oscuras, muchedumbre brumosa que huye hacia otro firmamento, abandonado el espíritu al reposo. Madrugada de este cielo sublime que contiene todos los miedos y todas las promesas, la amenaza de la incertidumbre y el consuelo de la esperanza.
La magia se esfuma en el aire
La magia se esfuma en el aire
si esperas demasiado,
si tras agitar la varita,
no atrapó a tiempo en tus pupilas
el brillo de la ilusión.
La pierde la mirada distraída.
Fácil se quiebra como el cristal,
si golpean su punto más débil.
Desaparece y vuelve la mesa al suelo,
la lámpara al techo y al cielo el círculo
mordido de la luna.
Atada al hilo de los segundos,
guiada por sus agujas,
teje pespuntes sobre un tejido
frágil, tan fino, que parece transparente.
Ocupa los espacios la caótica realidad
con su pulcra y falsa apariencia
de orden y ley.
Ceñida en su ajustado traje
se pasea con aire de arrogancia.