Dios es el instante,
el no tiempo,
que con insistente tozudez
dividimos en pasado
y futuro.
La eternidad es el instante
prolongado, sucesivo,
pero entero y simple,
el instante es la infinitud.
En cada ahora sin horas sumadas
en un frágil reloj,
hay uno sin fisuras.
Dios es el instante
Digamos del recuerdo
Digamos del recuerdo:
hechos ocurridos en un pretérito
imperfecto o perfectivo.
Digamos del recuerdo:
escenas que la mente consciente humana
mantiene a lo largo de un tiempo
determinado.
Digamos del recuerdo:
traer al presente, revivir
lo ya caduco o fenecido.
Digamos del recuerdo:
asunto sostenido por un discurso
verbal o no verbal,
en base a unas partículas combinadas
de realidad con imágenes,
atribuidas por el sujeto
con objetiva lógica ,
a través del mundo
sensible y conceptuado
con un poso de acervo atávico.
Digamos del recuerdo:
mezcla de una verdad relativa
con adherencias interpretables
de un ser particular y único
que sensorial e intelectualmente
capta sensaciones visuales,
auditivas, olfativas, táctiles,
asocia un sabor la boca,
al masticar el alimento
o escupe por rechazo
y hasta salive, por un pensar.
Digamos del recuerdo:
situación evocada junto
a un contexto físico
temporal, de frío o calor,
circunstancial y preposicional
así como complementada
la acción de modo directo
o indirecto,
con cierto orden y sentido.
Digamos pues del recuerdo:
que es algo que ya no existe
pero sigue existiendo,
quizá, con mayor fuerza aún
que el mismo instante
en el que fue parido.
Tan crecido que supera
en altura a su progenitor.
Digamos del recuerdo:
fantasma, monstruo, dócil
corderillo o cruel depredador
que se gesta en cálido útero
y engendra su propia mentira.
Pequeño psicópata
que se morderá a sí mismo,
comerá su propia carne,
cada día más fuerte,
dañino y destructor.
Digamos del recuerdo:
que, por exceso de gula
o falta de apetito,
quedó reducido a la fantasía
o al olvido.
Desperté y caían copos
Desperté y caían copos
de blanca nieve,
fríos cristales de infinitas formas.
Sobre mi mano cayó
su frágil cuerpo,
duró unos instantes
y se hizo agua.
Desperté del sueño
y aún soñaban mis ojos.
A pesar de saber que ese momento
(1)
A pesar de saber que ese momento
nos espera en algún lugar
en una hora precisa,
el segundo paralizado,
de un tiempo ya sin medida,
sin promesas de un horario.
Tu reloj roto, inútil
para contar otros mañanas,
dejará su ritmo y sus rutinas
siempre de improviso.
En la urna de tu pecho,
quedará el semblante grotesco
de una cáscara hueca,
sin aliento ni el fruto de la vida
en la boca.
(2)
Aunque te hayas ido de este mundo,
abandone tu cuerpo sus deberes
y placeres,
a pesar del adiós definitivo,
dejas en la memoria del teléfono
un perfil
a la espera de algún mensaje
con los restos guardados en la bodega
de ese barco varado.
No habrá más imágenes
en ese recuadro,
ni sonará el aviso de un whatsapp.
Fijas quedaron en su pantalla
los últimos mensajes,
tal vez, resistirá inmutable su huella
hasta que se borre el paso
de otros pies que aún caminan.
Ay, su sabor a fresa,
Ay, su sabor a fresa,
hielo dulce de la infancia,
lamido con la inocente avidez.
Era sorbido con la promesa del siguiente.
Ay, la tierna adolescencia,
abrazada a las inseguridades,
rodeada de una soledad fría,
que buscaba el calor ajeno.
Ay, juventud siempre tarde
en sus logros,
siempre escurridiza y tentadora,
estancia con tantas ventanas abiertas
por donde escaparán las ilusiones.
Vendrán los deseos a deshoras
a beberse tu aliento
y dejar la fuente seca.
Busco entre el lienzo sin formas
Busco entre el lienzo sin formas
el barniz que cubre un paisaje prometido.
Recuerdo el hostil brillo metálico
del instrumental,
la camilla con sábana blanca,
impoluta,
el cuerpo frágil, casi licuada materia.
Las pocas palabras,
alas de una esperanza latente
y el ancla pesada de los miedos.
Dejo ese velero naufragar
en este oscuro océano.
La mirada imagina el abismo
que flota en este frío habitáculo
donde se ahogan los sollozos
y la conciencia navega al mundo
de lo etéreo,
entre las brumas de un tiempo parado,
eterno, sin contornos,
el precario presente,
mano de lactante,
agarrada a la maternal mano
de la vida.
Agotado todo el aire
Agotado todo el aire
en la palabra,
quedó el vacío para el aliento.
El desahogo del suspiro
se entregó el secreto al susurro
y entró a bocanadas el silencio
desgarrado por el grito.
Si de esta noche salieran caracoles
Si de esta noche salieran caracoles
de nácar por tus ojeras,
si tu espalda en ese rincón se apoyara
como un pilar
y a tus brazos en cruz sellaran clavos
a esta locura,
yo diría: hay vida.
Si la blancura de plata
que un ángel esculpió sobre las cimas,
la primavera la fundiera en ríos
que a la mar prestaran su dulzura,
diría al gélido aliento
que me susurra,
sueña, aún hay vida.
En los verdes prados brotan
amarillas flores con sabor acre
que lamen insectos como si fuese
dulce almíbar.
Mientras aquella nube oscura,
sombra en el horizonte,
anhela robar el brillo de tu pupila.
Entonces, cuando tus ojos
cubra de noche,
diré, llegó la muerte.
Cuántas vidas he vivido
Cuántas vidas he vivido,
cuántas muertes y resurrecciones.
Dejé por el camino sus pieles
y la carne lacerada de fina membrana
engrosada con el tiempo con cicatrices.
Rellenas de polvo y arena sus flaquezas
fueron resistentes pilares.
Blando el corazón latía de recuerdos
por las mañanas
y fue vencido sol en el horizonte.
Mirar atrás y ver el bello paisaje
que se oscurecía a cada paso,
llevados en la memoria trozos rotos
de un cristal transparente.
Como las olas del mar suavizaron sus aristas
y con su bravura domó la violencia de sus cortes.
Y ahora adornan y dibujan el cuadro
a pinceladas de días partes de un cielo
que refleja un mar que sueña
con no sufrir tempestades
y mecerse dulce en calma.
Con la sabiduría que arrastra y lleva su fondo
soportar con paciente y apacible ánimo
la última vida, la última muerte
y la eterna resurrección.
Ay, sosiego que huyes
¡Ay, sosiego que huyes
presto a cualquier combate!
Bebe aire,
come cielo,
toca palma con palma,
saborea vacío,
huele la dulzura de la pereza,
abandónate al lento latir,
no sueñes, no hables
solo calla y escucha
más allá de tu voz,
tararea el silencio una nana,
¡bríndate en cuerpo y alma a su deleite!
Qué dulce arrullo de palomas
Qué dulce arrullo de palomas
en esta tarde cuando
mi ánimo anda inquieto.
Frena mi corazón su palpitar
agitado y me enredo en esta calma
de zureo y piar de pájaros,
de vuelos y voces cercanas
en la calle. Hoy es viernes
y la gente celebra
el descanso. Cruzan
alas oscuras esta pantalla
de tejados que me miran de frente.
Sobre sus tejas,
¡qué hermoso paisaje se ilumina
en este atardecer de claridad diáfana!
Miro estas palomas revolotear
y acicalar sus plumas.
Ellas están tranquilas y gozan
de un tiempo que no cuentan,
llevadas por la luz que dibujan
las cosas de este mundo.
Viven el ahora.
Estas aves me recuerdan
que fluir en el aire
es lo que la sostienen.
Más que agitar las alas,
es dejarse llevar y disfrutar
de un infinito horizonte.
Veo en tu rostro el tiempo transcurrido
Veo en tu rostro el tiempo transcurrido,
tu sonrisa es la misma
y tu mirada sonríe
del mismo modo.
Pero tu rostro lleva las marcas
de muchos años
desde aquel adolescente tímido.
¡Cuánto tiempo hemos vivido!
Cómo pasa por cada uno,
abandonando primaveras
por este sembrado de hojas secas
en este otoño.
Caminamos siempre al borde del precipicio,
miramos el abismo
y retiramos los ojos con espanto.
Sin embargo, parece que los vientos
han rebajado la altura de esta montaña
y aquel valle tan lejano
es cada vez más próximo.
Ya se distingue bien su fondo
entre las turbias aguas.
Uno aprende a perderle el miedo,
al menos, ya sabes que nadar no es útil,
sino dejarse hundir
cuando llegue el momento.