Ha salido a caminar
el hombre de oscuro
por la calle solitaria
cuando empieza a caer la bulliciosa mañana
al silencio de la tarde.
Se ha cruzado con un hombre joven
que marcha ligero a paso acompasado.
Él va torcido, su cuerpo cede
hacia el lado derecho con un ligero cojeo.
Antes de llegar a la esquina
se vuelve a mirarle,
tal vez, con envidia,
con nostalgia,
con pesadumbre.
Continuó lento un trecho más
y retornó por el mismo camino
escorado como un barco,
inclinado por el viento,
por el agitado mar,
por el peso de la vida.
Ha salido a caminar
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