DÍA DE REYES

Es un día de recuerdos y de ilusiones ingenuas,
de juguetes, de magia,
de repetir un ritual sagrado.
Creímos perpetuar esos momentos,
ignorábamos que, con cada regalo
y cada sonrisa sincera de inocencia,
encerrábamos el tiempo de cristal,
protegido por nuestras débiles manos.

Abrigábamos en el corazón
la idea de la felicidad eterna,
guardar intacto el brillo de aquellos ojos,
esos que aún hoy pretenden escarbar
dentro de la espesura
cada vez más dura y densa.
Y extraer aunque solo sea un reflejo,
una mala copia, unas indefinidas líneas,
de aquel cuadro con sus miradas llenas de luz,
al pie de un árbol iluminado
que no les hacía sombras,
con aquella urgencia de ver
si la vida sería buena con ellos.
Y de los deseos encendidos
en las llamas del fuego
que su corazón avivaba,
brotaría la felicidad en sus dedos golosos,
aún creyendo en la esperanza
que, con paciencia, cumple
todos nuestros sueños.

Ha amanecido el día nublado

 Ha amanecido el día nublado,
las nubes rozan el suelo
y dejan su beso húmedo.
Ha llovido con ganas toda la noche
y ahora son tan delgadas sus gotas
que, más que caer,
están suspendidas en el aire
como hojas agarradas por un dedo al tallo,
pendiendo de un suspiro para soltarse
y reposar sobre la tierra mojada.

Cuando vuelvo a la casa donde

 Cuando vuelvo a la casa donde
crecieron mis hijos y envejecimos,
veo el jardín descuidado
y las viejas fotografías.
Cuando regreso a ese lugar donde
mis huesos se hicieron roble y después
espiga frágil de trigo,
donde se esconden los rancios recuerdos
y la tristeza tras la sonrisa forzada
de una niña–¿habrá algo más triste?–,
entre grietas de aquellos edificios
de la infancia y la juventud,
vuelvo al lugar donde se hacen
polvo los huesos de nuestros muertos.

A medida que pasan los años

 A medida que pasan los años,
más nos gusta contarnos el ayer.
Sacar del desván de la memoria
aquellos juegos infantiles,
amigos, vivencias, costumbres
de una edad perdida y añorada.
Cuanto más viejos nos hacemos,
qué brillo adquieren las cosas el pasado,
se cubren de un aura mágica,
angelical.
Solo los sueños y los recuerdos
engrandecen las cosas,
idealizan la realidad,
embellecen la vida.
Unos y otros tienen el color
apagado por las sombras de aquel día,
de aquella hora, de aquel lugar,
que nunca existió,
que solo es fantasía de la conciencia.
Porque lo pasado deja un sabor
indefinible y deseado.
El mañana se engaña con la memoria,
inventa y el presente
siempre nos parece insípido,
imperfecto en su medida,
podría ser más salado, más dulce,
más tierno y sabroso.

Viste el rostro de vida

 Viste el rostro de vida,
la mirada llena de luz,
de mejilla a mejilla la sonrisa.
Es ese velo traslúcido,
esa capa de color encendido,
el brillo en el semblante
y el negro cielo cubierto de estrellas
de su iris.
Un corazón palpita
al unísono
con otro corazón.

Somos mar

 Somos mar,
un fondo donde enmudecen los días,
oxidados metales que pierden
el brillo de remotos calendarios.
Devueltos a la orilla vienen los recuerdos
entre nácares, conchas y algas
traídas desde lo más profundo.
Renacen mañanas con tesoros de siglos,
allí donde los peces no tienen sombras.

Las mareas alcanzan siempre la playa,
por el color de sus aguas se sabe
de inviernos y veranos.
Es su ánimo voluble,
manso y calmado espíritu,
iracundo y cruel su carácter.
Sobre la piel se refleja un esplendoroso sol,
lanzas de fuego que atraviesan su carne húmeda.
Lame la piel su brisa
y esculpe de sal las rocas.

Atizado por vientos amables y suaves,
venidos del sur, verdes y turquesas,
fríos y azulados del norte y de poniente.
Del este viene el genuino levante,
impar en sus medidas,
contrario en sus modos.
Sofoca y confunde la razón,
siembra fuego en la arena
y la aventa con rabia hacia el cielo.
Da tregua al bajar la marea
y vuelve al ataque en pleamar.

La luna traza una estela plateada
sobre su manto oscuro
y los rayos del sol se enredan en sus olas
entre hervores de espuma.
Mar infinito de tantos amaneceres y ocasos,
de nostálgica infancia
y melancólicos adioses.
Ya eras verso en esta tierra,
punto señalado en un viejo cuaderno de bitácora
antes de pisar la playa.
Ya se siente su carnal aroma.
Quedaron borradas las huellas
en nuestros olvidos
y guardadas por siempre
en el cofre de su memoria.

La cabeza inclinada sobre la almohada

 La cabeza inclinada sobre la almohada,
una lágrima sale de un ojo,
recorre el corto camino de una colina,
sube la ladera, baja la pendiente
y entra en el otro ojo.
La tristeza regresó a casa.

Al menos, solo decir una cosa

 Al menos, solo decir una cosa
y cerrar la boca al año.
Quizá mejor decir una sola cosa,
gracias, y abrir el corazón al siguiente.
Sobre todo, decir una sola cosa,
ay, me tiembla el cuerpo
con solo pensar cuántas cosas guardarán
las hojas de este árbol
a punto de ser plantado.

Haced de mi muerto

Haced de mi muerto
la perfección de su espíritu,
el perdón de sus pecados.
Recordadlo en sus virtudes,
engrandecedlo.
Dignificadlo, mejorándome.
Alejadlo de aquel humano
y todas sus miserias.



De todas las posibilidades horribles

 De todas las posibilidades horribles,
este cuerpo se levanta entero de su lecho
cada mañana y encuentra
las cosas en su mismo lugar.
Nada que temer pero sabes
que el peligro siempre acecha.
Eres afortunada espectadora
de la crueldad de la vida.
Hoy es un día más,
parecido a cualquier otro.
Qué bien vestirse cómodamente
cada mañana y quitarse
esas prendas cada noche,
descalzarse y meterse en el cálido refugio
sin que el mundo se haya roto
bajo tus pies en un instante.
No debes olvidar nunca la importancia
de este regalo que tan amable
ofrece el universo,
Mientras, le doy educadamente
y de corazón las gracias,
le ruego que sea así por siempre.


Clandestina llegó la noche

 Clandestina llegó la noche,
vestida de terciopelo azul índigo.
Con la magia de una luz artificial
se alumbran las calles
y las siluetas de los muros
se intensifican,
marcan sus líneas sobre el oscuro fondo
cuerpos que llevan sus sombran deambulantes.
Mientras, estáticos, imponentes, altivos
estos edificios vetustos
dan solemnidad a los espacios.
Van quedando vacíos,
solo queda el rumor de una fuente
el rodar de las hojas secas,
el murmullo de ramas,
las voces eternas reverberan inaudibles .
Es su momento, la oscuridad su reino
y sueñan los mortales,
la luz del día les espera.

Acaba un año como se acaba un libro

 Acaba un año como se acaba un libro
y la historia continua
en el tomo siguiente
de la colección que se sabe cómo empieza
y nunca cómo termina.

Acaba un año del mismo modo
que acaba un día y comienza otro,
con sus capítulos y sus personajes.
Pasas las páginas y descubres
qué le sucede al protagonista,
el desarrollo de un relato
frase a frase construido,
sus miedos y angustias,
los sueños y esperanzas,
los logros y fracasos,
las futuras alegrías y sorpresas.
El incierto recorrido
a través de las palabras
sobre el papel se crea el destino,
sus actos y reacciones,
los lugares que transita,
los otros que le rodean,
ausentes en su existir,
imprescindibles en su trayecto.
Se escribe el texto, la situación,
el contexto, los imprevistos
y aquello esperado ocurre o no.

Acaba un año igual que acabó este instante,
avanzó la mañana y ya es la hora vespertina.
Ha cambiado la luz y las sombras reptan
por los tejados antes fulminados por un sol radiante,
ahora se oscurecen y pierden el brillo.
El rostro de ayer, aunque lo parezca,
no será ya el mismo,
a pesar de los muchos detalles acostumbrados.
Un lunar, un edificio, una plaza
con sus mismos árboles y bancos
y nombres similares
cayó una rama, nació una flor,
barrieron las hojas secas,
revolotean palomas bajo una mesa
del bar, comiendo migas recién tiradas.
Hallaremos futuros acontecimientos
perfiles distintos, anónima gente.
La porcelana se ha resquebrajado
y aparecen líneas sobre su superficie.
Se ha modificado un paisaje,
guarda similar aspecto aunque envejecido.
Esta hora ya pasó
el presente ya es recuerdo.

Acaba un año y nada permanece,
vivimos continua víspera y renacer,
finales y nuevos comienzos,
siempre capítulo uno y último.

Aunque parezca el mismo mar

 Aunque parezca el mismo mar
y sean sus aguas a veces,
esmeraldas, a veces, turquesas,
se hundan los pies
en su blanda arena mojada
para ser fugaz huella
borrada por la siguiente ola.

Aunque a los oídos llegue
su mismo eco,
la melodía sagrada y misteriosa
de siglos
y la suave cadencia de murmullos
de conchas y guijarros
arrastrados a la orilla.

Aunque sienta la piel las caricias
de sus manos sedosas,
nos rodee de bautismo y mortaja,
ofrezca la sal de vida,
olvidada en nuestros labios
y recorra todo el cuerpo
su carnal aroma
con la locura y pasión
de un viento de solano.

Aunque descubra sobre su horizonte
la belleza efímera
de sus amaneceres y ocasos,
dibuje un infinito alcanzable
y el arcano de un impenetrable abismo.

Aunque hoy esta dama solitaria y brava
de mirada fría invernal
entrega todos sus dones siempre renovados
en el fuego de sus entrañas,
se funden todos los ayeres y mañanas.

Ante los ojos que buscan con impaciencia
la memoria de un tiempo eterno,
recibe estas  perlas de brillante nácar,
recuerdos de juegos y risas infantiles.