Ha salido el sol donde la tierra
bebe del mar
y los ojos se contraen como
el vientre en el parto,
deslumbrados por su brillo.
Frente a sus aguas turquesas,
la tierra despierta de su abrigo cálido.
Sus entrañas beben del relente de la madrugada
mientras el cuerpo se cobija
bajo las sábanas del sueño.
Va extraviada el alma
por sus laberintos recónditos.
Hacemos y deshacemos una madeja
de propósitos.
Al alba, revoloteo de aves,
trajín de pasos,
rodar de troncos por un río
de vida, quimera,
endiablado capricho de un sabio azar,
antes de morir de nuevo
en los brazos de la noche.
De su silencio, vuelve la risa
y la palabra
y las voces infantiles
y el zureo de palomas.
Volvemos a jugar con el día
con la promesa de ser eterno.
Ha salido el sol donde la tierra
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario