¿Cómo estarán los caños?

 ¿Cómo estarán los caños?
Estarán bajando del tejado de la iglesia
sus impetuosos torrentes,
en esta tarde de tormenta
y rayos sobre el horizonte.
La primavera trae agua
y una claridad de tul transparente
que envuelve el regalo de su paisaje.
¿Quién cruzará mi calle estrecha
entre sus muros de ocre?
Aquellos de rostros familiares
irán al compás de sus voces y relojes,
tirando de sus rutinas las obstinadas agujas
y, a las doce del mediodía, al ángelus 
cimbreará las campanas 
y habrá espanto de palomas y vuelos,
que tras el susto regresarán al cobijo 
del campanario y los huecos de las tejas.
Luna, el gato negro y blanco de María,
se habrá recogido en su casa
por la ventana siempre abierta
y llena de flores.

En mi calle en esta tarde lluviosa
habrá un silencio triste de ausencia.
Habrá desconocidos bajo paraguas
y los mismos ecos de turistas
que siguen su itinerario sin temor
a esta lluvia caprichosa y pasajera.
El telón de nubes oscuras
lo rasgará el sol a ratos 
y vendrán otras a zurcir el roto en el cielo.
Quien recorre estos añorados recintos,
pisa las huellas que llevan su nombre,
va ligero por sus estancias 
y en su fuente se recrea.
Pasea sin peso y libre,
sin el ancla de la carne 
que obliga a poner pies sobre tierra.
Va el alma con alas de libélula,
la piel erizada y el corazón alegre,
con tan solo recordarte.

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