Es el existir simple humo,
el lazo que envuelve vacío
y nada.
En nuestras manos ese presente
anuda, ciñe y abriga,
oculta, vela, viste
su cruel metáfora.
La vida,
así se regala.
Simple humo
Lenta, como avanza el alba
Lenta, como avanza el alba
o la oscuridad cae sobre la tierra
dormida,
así ha entrado mi tristeza.
Siempre respetuosa, sin que nadie
la advierta,
se esconde y deambula
tras las transparentes horas.
Su pesada carga hace que arrastre
mis pasos sin voluntad ni ahínco.
El ritmo y el empuje del reloj
los van llevando
a cumplir con sus asuntos
que la rutina les impone.
Voy siguiendo los pasos del tiempo
Voy siguiendo los pasos del tiempo,
llevados mis pies en volandas
apenas sin rozar la tierra.
Poco puedo retener de este paisaje,
el que me limita la maleta de mi memoria.
La velocidad de este vehículo
distorsiona los espacios y colores
no veo más allá de unos pocos metros
y sin embargo, la soberbia de mi esperanza
insiste en decirme que está por venir
las mejores cosechas.
Tal vez sea la voz de un loco,
que habita, sin pagar alquiler,
mi cerebro.
Vejez
No envejece el hombre,
sino la carne
y le arrastra su pasado
a la tierra.
No duele la rueda del tiempo,
sino sus cicatrices,
y en la piel marcan sus días,
calendario fiel
de nuestra existencia.
No es este mi lugar
No es este mi lugar.
Aquí caí y aquí resisto.
Mas siempre estuve buscando
aquel de donde soy
y no puedo llegar a ser
si a él no regreso.
Un impulso me empuja
que la gravedad se empeña en frenar
y así en un avance
que continuamente retrocede,
me desespero, perdiendo la fe
de reencontrarme algún día,
con aquella tierra de la que partí
cuyo nombre no recuerdo.
Desconozco de dónde vine
y hacia dónde tengo que ir.
Continuidad
Y una vez más la luz cegadora
del nuevo día
viene como bendita agua
a bautizar un renacer.
Abre los brazos frente a ella
con la sumisa esperanza
que caiga su gracia sobre ti.
Quizás
Quizás sólo estemos ciegos y sordos
y ante nosotros la verdad se muestre
tras un transparente cristal.
Sin embargo,
vemos sólo nuestro reflejo.
Ahora eres una simple hoja seca
Ahora eres una simple hoja seca
llevada por el viento,
sin más voluntad que la de aferrarse
a una esquina,
arremolinarse en un rincón,
y al final, arrastrada
como un desperdicio.
Fuiste verde en una rama,
cubrieron tu piel las gotas de lluvia,
resplandeciste al salir el sol
y en la madrugada cuajó el rocío
como perlas de plata.
No temías a los vientos,
pues era firme tu tallo
y con ellos te mecías.
Tuviste la irremediable esperanza
pegada a tu envés,
hasta ver a tu alrededor
sucumbir a las otras.
Poco a poco el polvo penetraba
en tus poros que perdieron su verdor,
palideció tu rostro
teñido de un tono pardo,
ya sin el brillo
de una estación más generosa.
Llegó el frío a calar tus frágiles huesos.
Secó la carne, antes lozana.
Como otras, languidecidas y extenuadas,
cayeron indefensas al foso terrenal
convertidas en húmedo detritus.
Viste en el destino de las otras
el tuyo propio.
Con las primeras señales,
te inundó la tristeza, la desilusión.
Cayó tu fe antes que tus propios brazos
se soltaran de la asida rama.
Ni el rocío ni el canto mañanero
de los pájaros, alegraban tu día,
pues una certeza se instalaba
en los nervios,
el helado convencimiento
de tu destino final.
Perderías primero tus venas,
la verde clorofila
y ya con fundida luz,
vagarías errante sin rumbo cierto
entre las tinieblas de los despojos.
Diálogo de sordos
Solo a mis oídos les importan
estas palabras que mi boca rumia.
Los diablillos invisibles del aire
las esparcen sobre la tierra yerma,
mientras caen como gotas estériles
entonando la melodía del olvido.
Ser aire
Quiero ser aire sobre tierra,
huir de las escarpadas colinas,
cruzar sin puentes ríos y mares,
llevar ligero peso
y no quemar las plantas de mis pies
con la caliente arena de un fuego íntimo.
Quiero ser aire sobre tierra,
para sentirla cerca, mirarla desde lejos,
reconocer todos sus contornos,
entender sus intenciones,
apreciar su piel sin apenas rozarla.
Quiero ser aire sobre tierra,
aunque así el tierno cuerpo se aplaste
llevado por la inevitable atracción
hacia su oscuro centro.
La soledad
El instante parado
en una habitación
silenciosa.
Un sujeto asiste
al paso de las horas.
Un reloj marca
en el vacío eterno
su cansino tictac.
Llueve
Han parido las nubes, son gotas de agua,
caídas del cielo llegan al lecho
del transparente cristal de las ventanas.
Su bullicioso compás
parece niños que juegan
inundando de estridente vocerío
el patio en el recreo.
Vida para futura vida,
serán alimento de nuevas plantas,
hoy brillan cual estrellas en este firmamento
con un verde de eterna primavera.
Hay una claridad gris
que circunda su explosiva energía
de rítmico y bello palpitar
y un silencio detrás de una mirada acuosa,
son los ojos de un mundo
ya viejo y desengañado.
La luz de un fuego que arde en el hogar
en la calmada espera,
frente a las impacientes perlas plateadas
sacadas de un mar salado
que aún desconocen el fango de la tierra.
Danzan las alegres gotas de lluvia,
frescas y joviales adolescentes
entonando canciones de amor.
Es la vida que renace inocente
de su interior siempre puro.
Flaquearán sus ánimos,
ajenas al fuego de un sol
que insensible secará
la frágil piel de sus deseos,
el sueño roto de ser ancho océano.
En tristes charcos,
perderán la fe.