Se confunden los gorriones

Se confunden los gorriones
entre las ramas del almendro.
Llegó el otoño y aún
son verdes sus hojas
y se aferran al tallo.
Hace mucho que dejó de echar
fruto.
Languidece su esperanza
con el tiempo.
Apenas algunas flores
brotaron en primavera
que nunca germinaron.
Tan sólo una endeble semilla
cedió a su frágil peso
antes de madurar.
Cuerpo débil
en tan escuálido jardín,
olvidó su identidad caduca
y se empeña su savia agria
en alimentar a una plaga de insectos.

Recuerda la tierra
cuando se plantó su tierno tallo,
casi retoño
que necesitaba de la guía
de una caña.
Las lluvias y soles engrosaron
su tronco,
vistieron de altas ramas su esqueleto,
superó en altura a otras plantas.
En la ferviente adolescencia
se vertieron en abundancia
sus blancas flores.
Fue generosa su cosecha
antes de comenzar su declive.

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