Se han colocado las baldosas
cuadrando el suelo,
alisando los picos,
limando las aristas,
buscando la belleza
para cumplir la función
de sostenernos en pie.
Se han colocado las baldosas
Aquello que fue tormento
Aquello que fue tormento,
aquello que hizo resistencia,
aquel rechazo y dolor,
aquel desierto sin oasis,
es calmado océano
donde el cuerpo nada libre.
Protégeme, Dios mío
Protégeme, Dios mío, de vengar
mi dolor contra otro,
protégeme de la ira, de la tristeza,
de la rabia de injusticia por sentirme reo
sin cárcel.
En este camino solitario
ofreces belleza a un ciego.
Protégeme, Dios, de sentir impotencia
o resignación,
pues temor no hay
frente a tu implacable palabra.
Protégeme, Dios, de esta falsa consciencia
que dicta un confuso texto,
deja la mente abrumada y al alma perdida
por vericuetos oscuros.
Protégeme, Dios, de envidias,
de recelos que son breñas
en un corazón seco
y prende rápido fuego en sus ascuas.
Protégeme, Dios, de esta condena,
de esta estancia vacía
que llenas con tus sencillos dones.
Pero mi boca ha perdido el gusto,
niega su dulzura y la escupe
como amargo hueso de un fruto jugoso.
Protégeme, Dios, de mis miedos
y dudas,
abrázame en este desamparo,
en el destierro de la alegría,
esta clausura de silencio.
Protégeme, Dios, soy frágil tallo
que se doblega a tierra
con la más leve brisa.
Dame tu mano cálida,
déjame reposar en tu sosegado pecho,
dirige mis pasos con señales claras,
échame el lazo para asirme
de este profundo abismo.
Protégeme, Dios, entre tus brazos,
que sienta en mi rostro tu aliento,
no siembres negrura en mi carne,
pon luz a mis ojos,
risas en mis labios,
arrastra y llévate al olvido
los malos pensamientos.
Dime qué hago, dime qué busco,
solo sosiego proclamo
y llevarme a la boca
un buen trozo de vida.
Estaban los relojes parados
Estaban los relojes parados,
por el suelo con las patas hacia arriba,
cadáveres de cucarachas,
el polvo había hecho nudos.
Bajo los asientos y las camas
buscaron lugares oscuros
para hacer piña contra sus miedos.
Recobraba la memoria,
los detalles de las cosas.
Las piezas queridas esperaban
el tacto de unas manos.
Descubrían los ojos lo ya hallado,
encontraban lo no perdido.
El tiempo abrió las alas de una ventana
para volver a cerrarlas de nuevo,
cuando empiecen a brotar
de la hierba verde
las margaritas amarillas
de polen negro,
con sus pétalos de esperanza.
Qué fuerte es esta ilusión profunda
Qué fuerte es esta ilusión profunda
y amplía su niebla que confunden
los contornos.
Puesta la fe en que serán gotas de rocío
al llegar la aurora
y entregará al paisaje
la luz de sus destellos.
A veces en la negrura, se abren
estrechos pasillos que solo
dejan ver
una oscuridad aún más grande.
Por suerte, pronto la cubre otra nube
que aunque gris soportaremos su lluvia,
mas qué terrible serán los aguaceros
que arrastran nuestras certezas.
Caminamos entre brumas,
cortina traslúcida de engaños,
arañamos los perfiles
de unos rayos entre sombras
y ciegos de un sol
caminamos aun sabiendo
que nuestra piel
acabará quemada.
Vamos entre herida y herida
lamiéndonos las cicatrices.
Qué bártulos dejaré
Qué bártulos dejaré en esta
maleta abandonada,
restos en un profundo océano
que la marea del tiempo
arrastre a la playa cubiertos de olvidos,
repetidos ecos anónimos,
rumor de olas.
A medida que los días dan
A medida que los días dan
sus cortos pasos
y el tiempo recorre millas
entre el ramaje de un denso bosque,
la memoria cavila y se perdona.
Reconcilias enfrentados enemigos,
abandonas afectos y apegos no recomendables
y, lejos de fuertes apasionamientos,
te encariñas con la imagen opaca
que camina a tu lado.
A la simple luz de la vela
distinguir lo elemental y verdadero,
tener la fuente cercana a tu boca
y brote su eco claro y transparente.
Añadiremos olvidos y otros detalles
de un paisaje que se transforma
con elementos añadidos o restados.
Arrastrará su caudal más o menos profuso
guijarros y hasta pesadas piedras,
ajenos al rencor o remordimiento
dejémoslas depositadas a los márgenes,
mas llevemos, en nuestro interior
el limo de la experiencia,
sin poner en el horizonte mayor esperanza,
que el yugo del dolor, por compasión,
no nos apriete demasiado.
Fluya este río con sosiego,
se reflejen en sus aguas
los tornasoles de un sol
y sus rayos no jueguen con las sombras
a crear fantasmas entre los árboles
si acaso, hadas de sueños.
En busca del mar voy
y de su abrazo.
Me encuentro en el confuso
Me encuentro en el confuso
flujo de la incertidumbre.
Me acompañan los miedos,
abrazada por los días oscuros
y la noche agazapada
entre las prendas
colgadas sobre los cordeles
de los sueños,
ligeros diablillos suspendidos
en un aire ámbar y amargo.
La muerte es sombra
La muerte es sombra
que va atada a nuestros pies,
hasta que el sol desaparece
y somos todo sombra.
Dejas el alma en reposo
Dejas el alma en reposo
sobre la mullida tristeza,
es blanda ahora.
Pinchaba y se clavaba en el costado
cuando se rellenó en el lecho.
La fuerza de la costumbre,
el peso del cuerpo,
la impotencia.
Asume todo lo que te deja, arañazos,
urticaria, el lomo dolorido.
Nada importa, sigues las horas,
has aprendido de esas agujas
que no preguntan,
que avanzan dando vueltas.
Oyes risas en otras bocas,
ves brillo en otros ojos,
tu lengua seca camina ese círculo
vicioso sin horizonte.
Ni los números necesitas,
ya conoces el espacio,
podrías ir a oscuras sin tropezar.
Darías la hora en punto y los cuartos,
su lugar, el perpendicular eje
trazado, la línea recta,
los ángulos llanos y agudos.
Bebe agua, el desierto da sed,
guarda en tu garganta este trago dulce
que baje la amarga pastilla,
suavice el mar salado.
¡Para! Deja ya descansar las palabras,
¿no ves que es la hora de la siesta
y la mayoría duermen en los diccionarios?
Tranquilo, corazón, tranquilo,
desnúdate de tu pena.
Cúbrete de arena cálida, dorada, fina,
en esta playa que vendrá a arrasar
de nuevo la tormenta y a caer la noche.
Con sus bravuras y rugidos
no será el mar de tu calma,
ni arrullos de suaves olas,
sino el feroz enemigo amenazante.
La indómita marea desbordará
por las comisuras de sus fauces
su densa espuma, rodará como piedras
a borbotones de una fuente
que rompe rocas.
Su abismo te somete, te castiga,
llena de horror tu mirada
y no sabrás dónde protegerte.
Pides ayuda de rodillas,
insignificante grano de arena,
clama al cielo un tierno abrazo,
el abrigo frente a ese gélido aliento.
¡No puedo más!, gritas entre lágrimas
que te ahogan.
¡Sálvame de tu ira o perezco en tu foso!
La fe es bálsamo para la herida
y da consuelo.
La tarde deambula, estos días nómadas
no toman asiento. Recorre
esta mínima distancia
que rueda sobre un punto.
Se llena de pájaros, de luz, de flores,
de palabras, de angustia encarcelada
para que no muerda la carne.
Y los ojos se detienen
en este mirlo que agita
sus alas negras.
Esta es la consecuencia de estar
Esta es la consecuencia de estar
despierta en este sueño.
Dormir y dejarse llevar
por la belleza sutil
de un engaño.
De qué sirve vislumbrar
una oscuridad aún más grande
que las sombras que nos habitan.
Al menos, esas
se deshacen de vez en cuando.
Y a pesar de ser incierto nuestro horizonte,
mañana que anhelamos y tememos
preferible nadar por este oleaje
y dispersas las brumas
dejarse acariciar por los rayos
de un sol benévolo,
con promesas de placeres,
mecidos por un océano calmo.