Un desconocido entró a la casa
de la mano del anfitrión,
y la doncella consciencia
lo pone frente a un espejo
de luna turbia.
La memoria avara por acumular,
se lo apropia y devuelve
sus préstamos precarios.
Tal vez estemos eternamente
en el mismo punto,
y habiten infinitos puntos
en un mismo centro.
Estrenamos una página de un libro
y, con cada hoja,
aparecen las mismas letras
formando nuevas frases
que transitan por sus líneas
y construyen un argumento
cuyo final nunca llegaremos a conocer.
Un desconocido entró a la casa
Las primeras veces
Las primeras veces,
la primera mañana de una vida
con su primera tarde y noche.
Las primeras lágrimas,
el primer grito
la primera emoción sin nombre
y su sentimiento, aún ambiguo,
entre miedo y gozo,
entre riesgo y peligro.
Guardar en el vacío cajón
el primer bien, el primer mal,
señalado primer punto en el mapa,
la semilla infértil,
la flor ofreciendo su fruto.
La primera caricia, el primer beso,
el primer dolor.
La primera palabra y antes,
el primer sonido forjado en la garganta
y vertido al mundo.
La primera pérdida, el primer consuelo
nada son si no tuve.
Adivinar si la tristeza
fue un manantial de gotas de lágrimas
que descendía por la mejilla
para ser océano.
Primera vez es el hueso olvidado
del fruto mordido,
lo vimos crecer y ofrecer su jugo.
Desde la semilla a la flor,
desde el resplandeciente brote
hasta sus mustios pétalos,
¡cuántas primaveras en ese árbol!
Inevitable, como la luna ausente,
llegó la primera mañana,
la primera tarde,
la primera noche de estrenar la muerte.
Todo sea apariencia,
un nacer y un morir a cada instante.
El ayer fue arena dorada
El ayer fue arena dorada
de ardiente día,
fresca caricia de atardecer,
fría en la noche y cubierta
de sombras.
El mar testigo y memoria
no duerme,
es carcoma en la madera,
óxido en el hierro,
sal que muerde los ojos y escuece.
Dormir, perderse en ese tiempo
Dormir, perderse en ese tiempo
sin tiempo.
Nuestro soñar es un viaje
por alterados pasados, presentes y futuros.
Sin la línea recta,
sin la obstinada perseverancia
del tic tac del reloj,
sin calendarios,
sin ahoras ni antes ni después.
Es habitar una casa extraña
sin formas aprendidas,
decir palabras inexistentes
cargadas de significado.
Un rostro adquiere otro nombre
otros gestos impropios,
pero tener su identidad
aunque su aspecto sea distinto.
Así sentimos, eso nos dice la razón
Así sentimos, eso nos dice la razón.
Mientras una cronología hace espacio,
el tiempo de la eternidad grita:
¡Os doy un diamante puro
y soñáis con sombras y nubes
piedras con qué pulirlo!
De vuelta al vacío
De vuelta al vacío
donde nada se recuerda
ni nada duele.
De la consciencia liberada
del trajín y sus agobios,
de sus regalos bebió el alma,
esa es nuestra esperanza y fe
para no ir hambriento y sediento
por otro territorio recóndito.
Sospecho que la consciencia,
alimentada de realidad,
no pueda vivir sin la tierra que la nutre
y ahí se quede con sus estratagemas y engaños.
De aquel cuerpo sin sangre, sin aire, sin vida,
de aquella vida, saldrá,
y transformada cambiará su identidad y reflejo.
La inconsciencia, esa pícara que escapaba
siempre de los hechos y la razón,
esa que nos llevaba por un universo caótico,
oscuro, indescifrable,
no tenía más función que mostrarnos
el abismo.
Me pregunto, ¿vendrá esta compañera atada al alma?
Ojalá se quede entre el laberinto de la inocua mente,
dispuesta a volar sin mácula y sin rumbo.
Y sus ojos que de nada se espantan viajen,
como marioneta sin atadura de hilos,
cometa sin peso de sufrimiento,
suelta de la mano de aquella niña.
La cáscara convertida en desperdicio
se deshaga de aquella consciencia,
prestada, adquirida, robada, censurada, oprimida,
envanecida, ignorada y ya hueca
de sus límites perversos,
benévolos, inútiles a veces
y necesarios casi siempre,
sea solo ceniza y polvo.
Fue recibida con los brazos abiertos
en la carne inocente
y ahora se va con la cabeza gacha,
resignada y rendida en la lucha contra el mundo.
Ah, por fin alma liberada
de tragedia y dolor,
de risas y placeres fatuos.
La alegría del alivio del mal,
la tristeza del perdido bien.
El gozo y recompensa de los primeros hallazgos,
el milagro del descubrimiento
en la torpeza el triunfo de la verdad.
Todo se diluye en el aire
y, a cambio, lo incógnito.
La inconsciencia hermana mayor
de la consciencia sabe de ti,
callará su boca más
de lo que contaron tus labios.
Si pusiste a resguardo en su pecho los tesoros
tal vez, por qué no,
vayan contigo a navegar el infinito
hasta alcanzar el paraíso del tiempo eterno,
atravesar estas pétreas sombras
y ser sombras blancas,
sin rostros ni nombres,
siluetas informes felices y etéreas
danzando en el ignoto cosmos.
Ojos que verán sin juzgar,
un diccionario de silencio,
un único palpitar, flotar en el magma de amor
sin espinas en su tallo,
desplegados pétalos,
de una rosa fresca y suave.
La mirada sin juicio,
la palabra sin frontera,
de luz nuestra sustancia
será melodía en el universo.
Este devenir absurdo
Este devenir absurdo
que pretende llenar de agua
un cuenco con agujeros.
Mejor sería echarle piedras
y dejar que pase el aire.
Unos, pocos
Unos, pocos,
muchos, algunos,
cero, nunca,
demasiados negativos.
Es el reparto de sus riquezas
y el desengaño de sus ganancias.
Si sabes elegir, te quedarás
con el brillo de sus joyas.
Sumaron años y restaron
días para llegar al último.
Un sol que subía y un sol que bajaba
Un sol que subía y un sol que bajaba
con la promesa de volver.
Hoy, con tormenta,
mañana, con dulce sosiego
ayer, trajo dolor,
pasado dejó bienestar.
Ay, qué cansancio de semanas.
Guau, qué ratos maravillosos
vigor y debilidad,
fortaleza y derrumbe de muros.
Otra nueva primavera,
más otoño,
parecidos veranos
y un improvisado invierno.
Renuncio al despertar del alba
Renuncio al despertar del alba
por abandonarme a sueños tardíos.
Un lecho de lana y plumas
recoge mis vuelos sin rumbo
donde se pierden sin guía
las aves que erraron el camino.
Las cosas con nombre propio
Las cosas con nombre propio,
aunque ausentes, permanecen.
Crecieron sus apellidos,
cuadras las cuentas y fijas el orden
con un número exacto
de beneficios y haberes.
Quedan siempre letras olvidadas,
perdidos soldados en el castillo
levantado en la loma de la memoria.
Pasan eso que llaman días,
que venían cargados de segundos,
minutos, horas estiradas.
Agujas que giran y arrastran
sus pasos con acumulados retrasos,
sin embargo, ganan en pausas
y el callado ruido de su tic tac inoportuno.
Es lecho firme de tu río
Es lecho firme de tu río,
aguas que van corriendo.
Tu barca sigue el curso,
desvía torbellinos, cae por pendientes
se mece y pasea por el paisaje
sin pensar en el mar que le espera.
No llevas la carga a la espalda,
la vas guardando por cajones y estanterías
y la barca se desborda, pierde el equilibrio,
sueltas lastres y algunos pasajeros
se marchan.
Y pide a Dios queden sus remeros.
Vivir para un día morir
Vivir para un día morir,
nacer y entrar a una casa extraña.
De tanto pisar sus baldosas,
reconocer sus caminos a ciegas.
Sales de ese entorno seguro,
llevas a la espalda un hatillo
con unas pocas pertenencias,
un cacho de pan tierno para morder
agua fresca y clara para sembrar
y vinagre para las heridas.
Peregrinas por la tierra,
pernoctas noches luminosas
en otros cielos
y regresas al hogar hasta construir el tuyo
con tus materiales propios.
Encuentras refugio
en el claro del bosque que estaba oculto
entre la maraña de troncos y ramas.
Buscaste y no hallaste
y por sorpresa aparece el abrigo esperado.
Haces cobijo con una manta
y te echas a andar por un sendero de piedras.
Alcanzas un remanso,
está vacío para que lo colmes
con las ofrendas crecidas en su fértil suelo.
Lo amueblas con algo de dentro,
con algo de fuera.
Hay un sillón cómodo para ti
con la compañía de otro,
un jardín con flores
y frutos de un árbol.