Dejaré por sus espacios tu reclamo,
el ladrido de miedo,
tus sueños y tus miradas de infinita nobleza.
Dejaré el olor a guisos, el aroma del café caliente,
mis pasos rutinarios de ida y regreso
dibujando una coreografía imperfecta.
Dejaré barridos los rincones
y debajo de la cama quizá se esconda
una pelusa traviesa siempre al escape de la escoba.
Dejaré mis horas muertas
y aquellas donde olvidaba
el avance de las agujas, concentrada en una tarea.
Dejaré ecos disueltos en el aire,
inaudibles para los torpes oídos,
que solo atienden la urgencia de la vida
y desechan el hilo que teje en el silencio
una conversación con lo perdurable.
Dejaré la marca de mi cuerpo sobre el colchón,
hundido el sofá de muchos atardeceres.
Dejaré las puertas abiertas
de las estancias vacías de lo inútil,
pero danzarán multitudes irrepetibles
de mis huellas donde otras nunca coincidan
y, por mucho pisar, nunca las borren.
Dejaré rondar la música de mis canciones preferidas
y la alarma del horno avisando a otros comensales.
Dejaré mis lágrimas secas por el ardiente sol,
formando parte el cristal de su sal
la losa del suelo que fue mi apoyo
y no me dejó caer nunca en el abismo.
Dejaré las luces apagadas, las camas vestidas,
frías de nuestros cuerpos.
¿A quiénes cobijarán mañana?
Dejaré mi poema perdido,
los versos que escogí de esta pradera,
esas voces cercanas que a trozos
mostraban perfiles de un rostro incompleto.
Dejaré o me dejan todo lo posible
que no llegó a ser,
lo prestado por un cielo,
la luna visitante cada mes,
la crueldad de aquellas lanzas afiladas
que me hirieron.
Dejaré, ya casi las dejo las mañanas,
su cotidiana costumbre para empezar
otras en un lugar distinto.
Dejaré suelto con mezcla de tristeza y promesa
un hoy con ingenua seguridad por otro incierto,
con la estúpida razón de creernos autores de nuestros relatos .
Dejaré, dejo... ya dejé.
Y ahora con las manos vacías
atrapar a ratos sus recuerdos.
Dejaré sin ser nombrados tantos detalles
que me ahogo en la negrura de su garabato
y busco entre los huecos
la claridad del aire y sumergirme
en sus profundas aguas a recolectar
sus pececillos de plata,
para ser estrellas en el abismo
de este oscuro firmamento
que aún no divisan los ojos.
Dejaré por sus espacios tu reclamo
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