Al salir de la fuente
este río impetuoso
vierte su caudal al cauce,
recorre su trecho,
acumula y abandona
limo sin saber
cuándo llegará su fin.
Su agua refleja el cielo y las nubes,
las ramas de los árboles,
el vuelo de los pájaros que dan vida
y sin embargo,
se dirige a la muerte.
Aun siendo espejo del mundo,
no puede mirar su propio reflejo,
se deforma entre ondulaciones.
La roca con la que tropieza
le hace tomar desvío
o saltar
en cascadas
entre confusa espuma.
No logra ver con los ojos gotas.
Hasta que vuelve la calma
y una engañosa transparencia
le da un fugaz consuelo.
Ni siquiera ella le ofrece todo su fondo.
Hay lodo, recovecos, corrientes
que remueven la tierra
y la vuelven opaca.
Al salir de la fuente
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