Poco a poco desmonto el puzle de una casa.
A trozos la vestí con sueños y alegría.
Esparcía el agradable aroma del hogar
y, a pinceladas únicas para el corazón
que la habitaba, daba color y armonía
que fuese reflejo de esperanzas.
No puedo evitar los espacios
que fueron escenarios de dolor y lágrimas,
a los que la fe y la confianza devolvieron
la calma después de la intensa lucha.
A ratos se descompone la materia densa,
esta firme roca que nos sostuvo,
se hace arenisca,
para ser trasladada en cajas, en bolsas,
en el alma. Y en otro lugar extraño
levantar de nuevo nuestro castillo
sin murallas, ni fosos
abiertos los ojos al mundo
para llenar la alforja de vida
mientras sigamos vivos.
Poco a poco desmonto el puzle de una casa
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