Qué triste está la fuente,
qué débil su rumor.
Caen lánguidas sus lágrimas,
se enjugan en el pañuelo del cuenco de agua.
Qué triste mi fuente,
qué melancólico su canto.
No saltan ya sus gotas alegres,
ni brota alto su chorro.
Qué callada su melodía,
qué desolado su semblante
en este agónico adiós.
Ya siento en mis ojos su ausencia,
y en su mirada está mi reflejo.
Llora ocultada por la noche la fuente,
y mis ojos se contagian su tristeza.
Llora la fuente, reflejo de mis lágrimas.
Lloramos la fuente y yo.
Quizá el tiempo que retiene las eternidades
nos devuelva a otro presente en el futuro.
Qué triste está la fuente
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