Te sueño ahora con los ojos abiertos,
ciegos de ti.
Y en mi frente,
como un puñal,
se clava tu imagen clara.
Te veo no como en sueños,
te palpo y huelo el aire que te rodea,
con tu fluida estampa
y tu vestido verde con hilos de plata.
Qué hermoso y calmo tu mar
de suaves olas, onduladas dunas de ocre,
jardín de pálidas flores.
Hasta mí llega
la figura altiva y sobria de tu campanario.
Una paloma se ha posado
sobre la campana de acero
confiada que el eco no la sorprenderá
porque ya pasaron las doce.
Hoy a las doce qué lejos de ti me hallo.
Me envuelve esta canción
que me fuerza a llorar
pues en tu lecho cuántas mañanas
la escuché y bailé entregada a tu cuerpo.
Te cuento con la ausencia
clavada en el pecho y la razón
me grita, se fue, nunca volverá
con su vestido de fría plata la lluvia
a rodar por su sábana enrollada.
Mis sentidos se niegan
y se resisten mis ojos
y te habla mi boca
y me niego al adiós
que ya es cadáver
que empieza a descomponerse.
Y ahora, después del abandono,
de pasar tu duelo con otros encuentros,
y ahora en qué dura competencia
entrarán los afectos y las ganas.
Te sueño ahora con los ojos abiertos
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